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Comercio en retirada y edificios deteriorados reflejan el declive del centro puntarenense

Jueves 29 de Enero del 2026

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Marcos Sepúlveda y Matiás Ponce

 

Sin lugar a dudas, Punta Arenas tiene la plaza de armas más bonita del país. Sin embargo, dicha belleza se encuentra en medio de un deteriorado casco histórico, donde abundan locales en arriendo, casonas añosas abandonadas y un cielo interrumpido por la presencia del cableado aéreo. De a poco, las grandes tiendas han sido desplazadas por malls chinos u oficinas gubernamentales, y los locales comerciales han ido perdiendo terreno en desmedro de la Zona Franca o el Mall Espacio Urbano. A esto se suma la progresiva aparición de grafitis.

La situación se vuelve aún más lamentable los domingos, cuando la gran mayoría de los establecimientos deja de operar. Ni siquiera la llegada de la temporada turística logra revertir la “muerte” de la calle Bories. Esta realidad se extrapola a las galerías comerciales, en las cuales cada vez es más frecuente la aparición del letrero “se arrienda”.

Hace más de cinco meses se encuentra en arriendo el edificio perteneciente a la exmultitienda Corona, con un costo superior a los 20 millones de pesos mensuales. A nivel de edificios abandonados, el listado es extenso. Uno de los casos más emblemáticos corresponde a las exdependencias del Servicio de Salud de Magallanes, ubicadas en la intersección de José Menéndez con Chiloé. A este se suma el ex Centro de Educación Integral de Adultos (CEIA), emplazado en José Menéndez, entre Magallanes y Bories; la antigua Casa Azul del Arte, en calle Colón; la misma intersección donde se encuentra la instalación de la Segunda Compañía de Bomberos; y, en la esquina de Colón con Bories, aún persiste el terreno baldío de lo que fue una tienda, quemada durante el estallido social.

“No se ha visto una política clara para abordar este problema, especialmente considerando que muchos de esos inmuebles son públicos y forman parte del patrimonio urbano”, enfatizó la concejala Alicia Stipicic.

“El centro actualmente ya no tiene vuelta”, reconoce Adrián Vázquez, quien desde hace 26 años trabaja en el centro de Punta Arenas. Cree que la única esperanza para la calle Bories es que el alcalde o el gobernador regional, Jorge Flies, impulsen un proyecto para “cambiar a fondo el sistema comercial y social del centro”.

A su juicio, una buena idea sería transformar la calle Bories -entre Waldo Seguel y Colón- en un paseo peatonal. “Hay puras buenas intenciones”, lamenta.

Ve con preocupación cómo los puntarenenses, poco a poco, han dejado de considerar el centro como una alternativa comercial y lo han reducido “solo a cosas puntuales”, como trámites bancarios o gestiones en alguna institución estatal. “El día que los bancos empiecen a emigrar hacia sectores periféricos, olvídate del centro de Punta Arenas. Esa sería la lápida definitiva”, sentencia.

“Hoy la gente compra en la Zona Franca”, indica al ser consultado sobre cómo esta nueva cultura de consumo ha repercutido en las ventas. Cuenta que incluso al interior de la Galería Palace, donde se encuentra su local de libros, hace un par de meses una tienda popular abandonó el lugar para instalarse en el recinto franco, dejando tres locales desocupados.

“Al final, hoy día se trata más de sobrevivir”, reconoce Marcos Vilches, quien trabaja en ventas y atención de público en Punto Austral, en la Galería Caracol. Relata que, para atraer compradores, recurre a redes sociales y promociones, pero aun así resulta difícil competir con el Mall Espacio Urbano Pionero y la Zona Franca. “En la Zona Franca se pueden encontrar cosas más baratas, o al menos al mismo precio, y la gente prefiere ir allá porque tiene todo junto en un solo lugar”, asegura.

“Hay harta gente circulando, pero principalmente es la misma que trabaja en el sector. No es un público que venga específicamente a comprar”, indica. A su juicio, cada vez es más evidente el abandono del comercio en el centro y la proliferación de oficinas públicas.

 

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