Necrológicas
Surca el Mar Austral a bordo del rompehielos Noosfera

Pavlo Panasyuk, el capitán ucraniano que navega por la ciencia mientras su país sigue en guerra

Domingo 1 de Febrero del 2026

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– La invasión a Ucrania marcó su primera travesía a la Antártica. Hoy, a más de cuatro años del inicio del conflicto, él y su tripulación siguen temiendo por sus familiares, pero apostando por el conocimiento, la hermandad de los pueblos y la colaboración internacional.

A casi 15 mil kilómetros de su país, en el extremo sur de Chile, el capitán ucraniano Pavlo Panasyuk conduce el rompehielos Noosfera por algunos de los mares más bravos del planeta. 

Corpulento, experimentado y curtido por décadas de navegación -incluido el temido paso Drake-, Panasyuk no vacila al hablar de hielo, viento o tormentas antárticas. Pero cuando la conversación gira hacia la invasión rusa a Ucrania, su voz se quiebra.

“Es muy difícil”, reconoce, baja el rostro y con una de sus manos se frota sus ojos, casi como buscando ocultar cuánto le afecta este conflicto que lo encontró a bordo del rompehielos cuando Vladimir Putin decidió invadir su país el 24 de febrero de 2022.

Mientras él y su tripulación continúan apostando por la ciencia y la cooperación internacional en la Antártica, sus familiares y compatriotas siguen viviendo los horrores de una guerra que ya supera los cuatro años. “Siempre pensamos en la familia. Nadie sabe cuándo va a terminar”, dice, con la mirada fija en el horizonte.

Panasyuk es capitán del Noosfera desde hace cinco años, precisamente desde los albores del inicio del conflicto bélico. 

Nacido en Ucrania e hijo de un marinero, desde los 4 años soñaba con ser un hombre de mar. Pero, nunca pensó en que en esta carrera llegaría a ser capitán.

Desde que está al frente del Noosfera, ha realizado cerca de 30 navegaciones antárticas, liderando expediciones científicas con equipos de España, Polonia, Reino Unido, República Checa y, ahora, por primera vez, con investigadores de México y Colombia, lo que calificó como un hito histórico y una oportunidad de cooperación en tiempos de incertidumbre global.

“La navegación en Antártica siempre es diferente. Cada cruce es distinto, muchas nubes. Es muy peligroso. En el puente, tenemos que estar constantemente monitoreando las señales y mirando el cielo, las nubes día y noche. Aquí cambia mucho el clima, hasta dos o tres veces por día. Hay mucha nieve, también. Pero, entre noviembre y abril es un buen momento para navegar”, explica.

Este año, de hecho, las operaciones del Noosfera comenzaron en octubre, yendo hacia la base polaca Henryk Arctowski.

– ¿Te has convertido, entonces, en un ciudadano de la Antártica?

– “Sí -responde y se ríe-. Voy y vuelvo de ella desde 2022”.

– Debes conocer Punta Arenas al derecho y al revés. ¿Cuál es tu pub o restaurante favorito?

– “Me gusta el Shackleton. Es un lugar bonito, es como un museo”.

Noosfera, más que un buque

El Noosfera -operado por el Centro Científico Antártico Nacional de Ucrania- es mucho más que un buque. Su nombre rinde homenaje al concepto de la noosfera, desarrollado por el científico ucraniano Vladimir Vernadsky, primer presidente de la Academia Ucraniana de Ciencias. La palabra, derivada del griego nous (mente) y sphaira (esfera), simboliza la responsabilidad del pensamiento humano en la protección del planeta, una misión que el barco encarna en cada campaña científica.

Hasta 2021, la nave operó como RRS James Clark Ross bajo bandera británica. Tras más de 30 años de servicio, fue adquirida por Ucrania en agosto de ese año. 

La primera campaña y la invasión

Pavlo Panasyuk tiene 50 años. Le indicamos que se ve muy joven y sonríe con cierta coquetería. A bordo, él es un excelente anfitrión y no duda en responder a nuestra solicitud por un café. El brevaje preparado por el propio capitán del rompehielos parece saber mejor.

En su primera misión hacia nuestras tierras, el rompehielos zarpó desde Odesa el 28 de enero de 2022, en una travesía marcada por la tensión: días después, las fuerzas rusas iniciarían la invasión. El capitán Panasyuk recuerda que cuando dejaron su país las fuerzas rusas ya estaban acercándose a la frontera con Ucrania. A bordo viajaba una treintena de tripulantes que, sin saberlo, dejaba atrás un país que cambiaría para siempre.

Hoy, desde Punta Arenas -una ciudad situada a más de 15.000 kilómetros en línea recta de Ucrania-, el Noosfera sigue cumpliendo su misión: apoyar la estación antártica ucraniana Akademik Vernadsky, realizar investigación oceanográfica y mantener viva la presencia científica de un país en guerra.

Las estaciones de su país y la de Rusia (base Bellingshausen) están relativamente cerca, anbas situadas en la zona de la península Antártica e islas Shetland del Sur. Pese a la tensión bélica, mantienen una convivencia basada en el Tratado Antártico. 

La base Vernadsky se ubica en la isla Galíndez, cerca de la península Antártica; la base Bellinghausen está en la bahía Fildes, en la parte oeste de la isla Rey Jorge. 

– ¿Cómo se siente en este momento?

– “No me siento bien, por supuesto. La tripulación siempre piensa en su familia, en la situación en Ucrania porque han pasado más de cuatro años y la guerra sigue. Nadie puede decir cuándo terminará. Todas las personas están serias. Es muy difícil en este momento”.

Al dar la bienvenida a la primera misión mexicana que irá la Antártica gracias al Noosfera, habló de la paz, de los sueños.

“Sí, tenemos sueños. No sólo que esta guerra termine pronto y queremos, por supesto, la paz para todos en esta guerra, la paz para todo el mundo. Creo que es el mejor momento para fomentar la hermandad”.

Con sencillez, Panasyuk agrega: “La paz debería ser”. Así, mientras el conflicto sigue asolando su tierra y a su gente, en medio del hielo, del viento y de la distancia, la apuesta de este capitán y la de su tripulación no es por las armas, sino por la ciencia, el conocimiento y la cooperación entre los pueblos.

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