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Raúl Rodríguez y su camino desde Magallanes hasta la élite de Hollywood

Domingo 1 de Febrero del 2026

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De trabajar en Hollywood a tener su propia empresa de simuladores hiperrealistas para hospitales, Raúl Rodríguez, Ceo de Emulant, es un ingeniero electrónico magallánico que por esfuerzo y coincidencia ha trabajado con algunos de los artistas e ingenieros más destacados del mundo. Hoy vive en Alicante, España, aunque la semana recién pasada retornó a su tierra natal, tras 20 años de ausencia. Durante su breve estadía en Punta Arenas, Rodríguez presentó en la Umag sus últimos trabajos, los cuales consisten en cubiertas de silicona para simuladores de cuerpos humanos.

Si algo nos quedó claro en la entrevista es que la frase popular “el trabajo duro siempre da recompensa” es sólo un mito, una frase cliché. Con esto, no queremos decir que nuestro entrevistado sea una persona que no se haya esforzado, de hecho, todo lo contrario, es un ser humano que goza de aprender de diferentes materias.

Pero, sobre todo, lo que tenemos en esta oportunidad, es un ejemplo vivo de que en la vida a veces lo más importante no es el esfuerzo, sino que hay un factor más importante: la suerte “el estar en el lugar correcto en el momento adecuado”. Así lo relató: “Cuando tienes un objetivo créetelo, si te interesa algo pon todo tu esfuerzo en eso; no te digo que vayas a llegar, porque al final del día todo tiene que ver con suerte, el estar en el lugar y momento adecuado, con las personas adecuadas”.

¿Existe algo más importante que tener suerte? De hecho, sí: saber aprovecharla. “Lo más importante es que, cuando las oportunidades llegan, uno debe saber aprovecharlas”, concluyó.

Estudió en el Liceo San José de Punta Arenas, reconoce que la experiencia fue buena, pero disperso como él mismo siempre estuvo metido en sus asuntos: “Tenía mis amigos, no era el más popular tampoco, siempre estaba metido en mis cosas”.

– ¿Cómo llego a trabajar en Hollywood?

– “La verdad, no lo sé, yo realmente llegué porque me enamoré de una californiana que conocí en Valparaíso, simplemente la seguí”.

Desglosaremos esta historia más adelante.

“La edad es sólo un número”

Siempre que vuelve a su tierra natal, Magallanes, hay una persona que visitar, un escritor y poeta de la región quien incluso es conocido como una inspiración para quien actualmente es el Presidente de la República. Estamos hablando de Oscar Barrientos: “Cuando me junto con él no solemos hablar mucho de trabajo, sino más bien de asuntos cotidianos”, mencionó en alusión a quien fuera su compañero de curso.

“Pero Oscar no es solamente su amigo; así como inspiró a Boric en su desarrollo intelectual, también lo hizo con Raúl. De él aprendió una lección muy importante: ‘la edad es solo un número’.”

“El me enseñó que la edad no es excusa”, desarrolló: “Estábamos con Oscar en cuarto medio. Un día el nos invitó a mí y a otro compañero a una actividad, simplemente lo acompañamos”.

Esa actividad que relata fue el lanzamiento del primer libro de Barrientos en la Sociedad de Escritores de Magallanes. Sobre esto, recuerda: “Eramos tres pendejos y un montón de escritores hablando acerca de la obra de Oscar”.

El libro por el cual estaban en esa actividad era un poemario sobre el “El Quijote de la Mancha”. Sigue: “El era un experto en la obra y había escrito un poema de esto, yo con suerte había llegado al segundo capítulo” de la obra cumbre de Cervantes, comentó.

“Normalmente, uno a esa edad tiene más o menos una idea de lo que quiere hacer, pero no mucho más. Yo me puse a estudiar ingeniería electrónica porque quería ser inventor; realmente no entendía eso, luego comprendí: lo que me apasiona es solucionar problemas”.

El inventor

De pequeño Raúl demostró habilidades para crear, inventar y sobre todo solucionar.

A los 15 años creó una “pasta de maquillaje” que en un futuro mostró cuando estudió maquillaje en Hollywood: “Me dijeron ¡wow!, una cosa así no existe. Tú coges una barra de pegamento y la amasas hasta que no se pegue; para eso necesitas un montón de trabajo y con plastilina le daba color. Con eso logras una masa que te puedes poner en diferentes partes del cuerpo; puedes cambiarle la cara a alguien con un material que es elástico, eso en el 2000, en Hollywood no existía, algo que fuera rápido de aplicar”, explicó.

Rodríguez menciona que su exceso de tiempo libre, sumado a su mentalidad creativa, le permitió ensayar distintos inventos: “Recuerdo que una vez iba caminando por la calle y vi un cuadrado de plumavit; con un cuchillo caliente lo esculpí y con eso creé un cráneo. Le puse dos bolas de ping pong como ojos y se veía chulo”, continúa: “Más adelante le puse luces con ampolletas; después dije: ‘Bueno, ¿qué más puedo seguir haciendo?’, porque yo iba probando”.

Continuó con el cuerpo: le puso bolsas de compras blancas en la cara para simular arrugas; la idea final es que pareciera un zombi, entonces las pintó. Después, con trozos de cartón hizo el cuerpo y lo envolvió con los mismos envases de nylon, creando una súper marioneta gigante en la que uno podría meter la mano.

Menciona que hay una ventaja importante cuando uno hace sus propios juguetes: “Te los haces tú, puedes hacer lo que quieras con ellos. Recuerdo que esa maqueta la tiré de un piso alto y lo grabé; no sé, cosas locas”, terminó explicando.

Hollywood y coincidencias

Una vez terminado cuarto medio, se fue a estudiar a Valparaíso, a la Universidad Técnica Federico Santa María en la sede municipal. Allí estudió ingeniería electrónica y, al ser consultado por su experiencia en ella, dijo: “Bueno, la universidad me ayudó a centrarme; era alguien muy disperso”.

Al terminar la educación superior, Raúl conoció a una chica estadounidense: “Empezamos de novios y, la verdad, es que no sabíamos cómo resultaría, y al final la seguí a Estados Unidos. De todas formas, yo ya tenía pensado irme de Chile para hacer la tesis. El de ella finalmente me ayudó a entrar a Stan Winston”.

Stan Winston fue durante muchos años la compañía de efectos especiales más importante reconocida por películas como Terminator, Jurassic Park, Aliens, Predator, Iron Man y Eduardo Manostijeras.

Su tesis se basó en un sistema animatrónico que controlaba 30 motores al mismo tiempo y después grababa los movimientos en el computador.

Lo que quería hacer inicialmente era una cabeza robótica, por lo que se le ocurrió una idea: “Yo quería hacer eso, así que decidí pasar a la mejor academia de Hollywood en maquillaje en ese momento”.

¿Por qué era la mejor escuela en ese momento?, la razón es que todos los profesores de esa academia realmente trabajaban en películas. “La escuela costaba un pastizal, yo no tenía ni pensado estudiar ahí, realmente sólo iba a ver”.

A partir de ahora ocurren una serie de acontecimientos, que cambiaron la vida de Raúl.

“Me estaban haciendo un tour por la escuela y, de repente, veo al señor Joe Blasco, uno de los máximos exponentes en Winston”. Se sorprendió al verlo, pero no perdió el tiempo y decidió acercarse: “Hola, mi nombre es Raúl, hago animatrónicos”, a lo que Blasco le responde: “¿Tienes algo para mostrar?”. Raúl responde: “Sí, la tesis”.

El había desarrollado toda su tesis en un Starbucks en Los Angeles. “Tú vas por las calles y todos eran guapos y sonrientes. Me demoré como seis meses en terminarla; iba todos los días al café y me quedaba toda la tarde ahí”.

Después de un tiempo lo llamaron de nuevo, pero no lo atendió el señor Joe, sino Justin Raleigh (quien ganó el premio a mejor maquillaje en 2022 por la película Los ojos de Tammy Faye).

“El fue quien vio en lo que estaba trabajando y me dijo que se parecía mucho a lo que realizaban ellos (en Stan Winston)”. Pero Raúl fue advertido; Raleigh le dijo: “Ellos trabajan con los mejores del mundo, no necesitan gente que vaya a ayudar”.

Así Raúl le mostró su trabajo a los Stan Winston. Recibió respuestas positivas, comenta Raúl medio anecdótico y riéndose un poco: “Esto tú lo has hecho en Chile, me decían, primero que nada, ¿dónde queda?”.

Así fue como le dijeron que querían trabajar con él en su próxima película. Hollywood estaba parado por esos tiempos ya que había un paro de guionistas, por lo que tuvo que esperar un tiempo.

“Bueno, ahí aproveché y volví a la academia de maquillaje; les dije que iba a trabajar con Stan Winston y me dijeron: ‘Mira, te vamos a dar las clases y materiales gratis, nosotros podemos decir que uno de nuestros alumnos trabaja con ellos’”, recuerda.

Así hizo el curso de cuatro meses y, justo cuando terminó, lo volvieron a llamar ya que iban a empezar a grabar una película nueva: Terminator 3.

“Al principio no fue la gran cosa, jugar un poco con los robots”, mencionó.

Cuando lo eligieron para trabajar inicialmente iba a trabajar en el área de electrónica; sin embargo, en la película no había mucho que realizar en ese ámbito, por lo que lo pusieron en el área mecánica.

“Justo ese año (en el que realizaba la tesis), salió en Chile la primera versión de un programa en el cual podías diseñar en 3D máquinas en digital. Aprendí a usarlo en una semana para mi tesis y diseñé algo. Claro, ahora lo veo y era horroroso, pero funcionaba”, explicó mientras se reía.

Como coincidencia en Stan Winston justo le estaban enseñando al departamento de mecánica un curso muy parecido al que había utilizado para su tesis: “Yo les dije que sabía utilizarlo, sé hacer eso. Me dijeron entonces: ‘Bueno, trabaja con nosotros en esto también’, y me metieron al curso con los de mecánica”

“En dos semanas aprendí muchísimo. Realice estos cursos para el departamento de mecánica, pero como había estudiado maquillaje antes también estuve en el apartado de moldes”.

Así fue como Raúl trabajó en tres de los cuatro departamentos que tenía la empresa: Mecánica, Electrónica y Moldes. “En el departamento de Arte estaban los escultores; yo, en ese momento, no esculpía nada”.

Curiosamente, las máscaras que realiza en la actualidad en su propia empresa están todas esculpidas por él. “En aquel entonces no sabía cómo hacerlo. Lo que me sirve y me ayuda ahora es el haber visto a los mejores escultores del planeta realizar a todos los monstruos de los 90, como los de Terminator 2 y los dinosaurios de Jurassic Park”.

“Las personas más profesionales del planeta son tipos como tú o como yo; solamente que un día dijeron: ‘voy a realizar esto y voy a ser el mejor en ello’”.

– ¿Es un consejo que le daría a los jóvenes?

– “Absolutamente, remarca eso en la nota. Lo primero que hay que hacer es creerse el cuento y trabajar fuerte. Yo sé que, esculpiendo, no soy tan bueno. Hay muchos que son mejores que yo, pero me esforcé para hacerlo lo mejor posible”.

La cámara que
inventó en Gravity

Para la película Gravity (2013) él fue el encargado de realizar el soporte de camará para el filme. “El soporte de cámara para la película lo diseñe y construí en tres semanas. Como hice este asuntó bien, más adelante me pidieron que fuera el que la controlará para la película, pues vale”, terminó diciendo.

Raúl comentó que lo vinieron a ver tanto actores como directores por su inventó. Uno de los actores que conoció fue Keanu Reeves, sobre él cuenta lo siguiente: “Es una persona muy simpática, de hecho fue el único que nos dijo si nos queríamos sacar una foto con él”, aclara: “uno normalmente allá no pregunta si te puedes sacar fotos, ya que no es bien visto”.

También conoció al destacado director Alejandro González Iñárritu, quien es conocido por realizar Amores Perros, Babel o Revenant (película con la que gano un Oscar a mejor director) y Emmanuel Lubezki el director de fotografía que participo en Gravity y que ganó el Oscar en su categoría en tres años seguidos, el primero por Gravity, el segundo por Birdman y finalmente por Revenant.

-¿Cómo hizo para irse a Estados Unidos?

– “Ahora lo puedo contar. Antes de salir de la universidad, vi un cartel que decía: Se necesitan ingenieros electrónicos . Yo tenía tiempo libre y me presenté ahí. Buenos días, soy ingeniero electrónico”.

Los entrevistadores le dijeron: “Te vamos a ser sinceros: tenemos un proyecto que funciona con otros protocolos que normalmente no enseñan en la universidad, pero queremos ver si lo puedes hacer”.

“Mira, déjame verlo”. Dijo Raúl. “A los 15 minutos me di cuenta de que era superfácil; era cuestión de verlo desde otro punto de vista. Les dije entonces que podía realizarlo”, explicó

“¿Cuándo puedes empezar a trabajar entonces? ¿Cuánto quieres cobrar?”, le preguntaron los entrevistadores.

“Les dije que iba a consultar cuánto cobra un ingeniero recién egresado, así que fui a la facultad a preguntar. Me dieron un precio, volví al día siguiente y pedí el doble”.

Los de la empresa: “Bueno, perfecto, ¿cuándo empiezas?”.

“El lunes, respondí. Con eso junté plata para irme”.

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