Chile: una historia antártica
- La historia del Territorio Chileno Antártico se encuentra con diversos vacíos, los cuales son parte o, deberían serlos, de futuras investigaciones para comprender un proceso histórico clave para nuestro país.
Francisco Sánchez Urra
Historiador
Para muchos la historia es solamente una serie de sucesos a través del tiempo, en donde se registra el quehacer del ser humano en el ámbito geográfico, sin embargo la disciplina histórica es mucho más que eso, pues, al ser parte del estudio del ser humano no podemos dejar fuera las pasiones, sentimientos y motivaciones que van generando procesos complejos que tienen su impacto en el presente y se proyectan en el futuro.
Es por eso que, considerando la concepción de la dinámica del proceso histórica de Ludwing von Mises, el que señala que “…la historia es como una tormenta encerrada en un vaso, en donde se manifiesta la pasión, libertad y la diversidad de motivaciones de la acción humana en el tiempo y el medio geográfico”, es que debemos comprender los procesos de una forma distinta, multidimensional y también en forma dinámica, evidentemente este fundamento es lo que aplica a nuestra historia en el continente Blanco.
Lejanas menciones
y antecedentes
Para muchos los antecedentes de Chile en Antártica se radican hasta la época del Reyno de Chile, esa búsqueda del imperio español de ultramar de controlar los pasos bioceánicos y llegar a aquella “incognita australis”, referida en “La Araucana” y que posteriormente registraría con sus navegaciones el Almirante Hoces.
Es por eso que, la mirada al sur y austral estuvo presente en aquellos siglos buscando la instalación de asentamientos permanentes en el estrecho de Magallanes, pero los que no dieron los resultados esperados, quizás simplemente el esfuerzo hizo radicar la protección del circuito de los galeones en lo que actualmente es Centroamérica y el Caribe, sumado a las complejas condiciones de habitar una tierra de sacrificio que aún hoy nos maravilla y nos encanta.
Es de esta manera que, pasado los siglos, no es casualidad que la mirada de Bernardo O’Higgins también haya tenido una visión austral, en donde el estrecho de Magallanes y su proyección “más al sur” estén explícitamente manifestadas, dándonos a entender no tan sólo la proyección sobre el cabo de Hornos, sino “algo más”.
Es de esta manera que “El dragón de Valparaíso” parte de la flota de la marina mercantes nacional, y la autorización para efectuar operaciones en las islas australes en caza de ballenas y loberías, marca un importante hito de una acción nacional al llegar a isla Decepción, asentamiento en donde se generó una acción nacional la cual podemos ver materializada en la acción posterior del capitán Adolfo Andresen a quién se le realiza reconocimiento de haber sido el primero en izar el pabellón nacional en el continente blanco, tumba que se encuentra en un lugar central del Cementerio Municipal de Punta Arenas.
Un nuevo impulso
Ya en el último cuarto del siglo XIX la noción era clara, sin embargo las dinámicas externas e internas nacional habían derivado en una mirada del centro-norte, más que al sur-austral, los desafíos no eran menores pero la visión de hombres como Oscar Viel y Manuel Señoret fueron claves para comprender la importancia de la zona austral y consolidar lo que hoy podríamos denominar “puerta de entrada al continente Blanco”.
A fines del siglo XIX el interés por aquellos territorios inexplorados iba en aumento, dándose una interesante discusión de intelectuales en Chile, comprender una proyección y no quedarse atrás parecía un imperativo, sin embargo las ideas que tienen consecuencias también deben ser compartidas y convencer, siendo la actividad antártica a principios de siglo XX fundamental para ser catalizador.
La expedición del Antartic liderada por Nordenskjöld en 1902 es motivo de una hábil pluma y también conocedor de la importancia de la zona austral y el imperativo geográfico de Chile en relación a Antártica, nos referimos al teniente primero Ismael Gajardo Reyes, quién con desempeño en el área austral como comandante del escampavía Huemul, no tan sólo publica un notable artículo en Revista de Marina para instar un rescate organizado por Chile para ir en auxilio del explorador, sino que además fue el primero en sugerir en 1905 que Antártica es un imperativo geográfico que debería ser más cercana y relacionada con la vida política de Chile, ¿Cuánto hemos avanzado en ese sentido en los últimos 121 años?
En el marco del rescate del Antartic que estaba aprisionado por los hielos en 1903, viajó por primera vez un oficial naval chileno a Antártica, nos referimos al teniente segundo Alberto Chandler Bannen, quién cumplió labores como oficial en comisión de la corbeta Uruguay de la República Argentina siendo parte de la dotación liderada por el teniente de navío Julián Irízar.
Es por lo cual, que la propuesta de una Expedición Antártica Chilena y la construcción de una base en tan inhóspito territorio tuvo oídos en los tomadores de decisión, siendo el coronel Jorge Boonen Rivera uno de sus precursores ya hacía 1905, sin embargo el desastre del terremoto de 1906 y la necesidad de recursos hizo posterga (cancelar) tan importante esfuerzo nacional.
Sin embargo, el debate académico y político no terminaría, generando una serie de visiones y proyecciones geopolíticas de Chile en el continente blanco, dando un sustento para una discusión que es clave para el presente.
Una misión imposible
Sin lugar a duda, pensar en la historia de Chile en Antártica está unida a la figura de Luis Pardo Villalón. Los antecedentes son conocidos, la fracasada Expedición Imperial Transantártica después de una marcha sobre hielos llega a isla Elefante, su líder junto a miembros de la expedición realizan una navegación increíble hasta una estación ballenera para pedir ayuda, sin embargo, tras varios intentos particulares y de otras naciones esto no se lograría.
Las motivaciones de Luis Pardo están en diversas acciones, ya sabía de rescates, operar en las aguas australes y la meteorología extrema, pero sin lugar a duda Antártica eran palabras mayores. Es de esta manera que este hombre silencioso pero decidido, junto a una comisión que organizó el viaje en las dependencias de lo que actualmente es el Museo Naval y Marítimo de Punta Arenas, asumió un desafío inmenso manifestado en una carta a su padre que dejó al Gobernador Marítimo del Territorio de Magallanes antes de zarpar, la cual señala “La tarea es grande, pero nada me da miedo; soy chileno. Dos consideraciones me hacen frente a estos peligros: salvar a los exploradores y dar gloria a Chile. Estaré feliz de lograr lo que otros no. Si fallo y muero, usted tendrá que cuidar a mi Laura y mis hijos, quienes quedarán sin sostén ninguno a no ser por el suyo. Si tengo éxito, habré cumplido con mi deber humanitario como marino y chileno. Cuando usted lea esta carta, o su hijo estará muerto o habrá llegado a Punta Arenas con los náufragos. No retornaré solo.”
El éxito rescate liderado por Luis Pardo Villalón en 1916 es un hito fundamental, no tan sólo por la hazaña en sí misma, sino también por el legado que dejó en el imaginario y en las mentes de quienes años más tarde generarían las bases para un pensamiento de Chile mirando a Antártica.
¿Las ideas tienen consecuencias y la pasión de un puñado fue fundamental? Es algo que analizaremos en la próxima entrega de una historia que para muchos aún no se encuentra escrita.




