El mejor de los Justos
Por Vladimiro Mimica C.
Mi colega y amigo Poly Rain, en buena hora me anticipó. Leí, como lo hago siempre, nuestra Prensa Austral, esto sólo hace algunos días, para encontrarme con una crónica, que dedicaba a un amigo de la infancia y correrías de mi barrio y del colegio, Justo Vargas Barrientos.
En el barrio y el colegio, era “rabanito”. Eran tiempos en que vivía en calle Boliviana, muy cerca de la parroquia, que se constituía en nuestro punto de encuentro.
Un día como tantos otros, dejó el barrio para dedicarse a la autoconstrucción, de “la casa nueva” en la población 18 de Septiembre, no pensando nunca lo que significaría para su barrio y en la fundación del club de su vida, el 18 de Septiembre y para el deporte magallánico en general.
Justo, fue distinto a nosotros los ruidosos pandilleros de el barrio San Miguel. Fue más quieto, pensante, reflexivo quizá, más asertivo e inteligente, sin embargo, Justo, al igual que nosotros tenía sueños, en el campo escolar, social, deportivo y cultural.
Fue dirigente deportivo desde muy jóven, casi, desde su época de estudiante salesiano. No calzó guantes ni botines, pero, dónde estuvo puso el alma. En el boxeo, en época de esplendor, don José Perich, Carlos González (regidor, alcalde y diputado) y Pedro Garrido, conformaron, junto a su joven secretario Justo, un equipo directivo irrepetible y que llevó al viril deporte de los puños a sus años más gloriosos en Magallanes.
El 18 de Septiembre, su club, la Asociación de Boxeo, la Confederación Deportiva, supieron de su claridad y eficiencia como dirigentes de alta consideración y, como hombre de trabajo, fue un un lujo de funcionario en cuánta notaría sirvió a nuestros ciudadanos.
Justo, fue hermano mayor de Sergio, el inigualable “Varguitas”, quien rápidamente en el ring, con plasticidad, técnica e inteligencia, aunque sin gran pegada, iba demoliendo adversarios para convertirse en campeón y alzarse como una promesa nacional del pugilismo.
Sin embargo, y cuando nada lo hacía preveer, recibió de la muerte un golpe artero, que segó tempranamente la vida de nuestro novel campeón. La familia Vargas Barrientos fue remecida, pero, no doblegada. Para el mundo del boxeo su partida significó tristeza y profundo pesar.
A Sergio no lo olvidamos, por el contrario está muy vivo en nuestros recuerdos.
Cómo a Poly lo estímulo a escribir sobre Justo, un apóstol de las mejores causas, amigos míos también me lo habían insinuado un par de veces, hoy más recuperado de salud cumplo con ellos y, fundamentalmente, con Justo, a quien también la vida lo ha golpeado con severidad.
Desde luego, Justo Vargas y su familia, que me han acompañado en todas, merecía estas líneas de gratitud de aprecio y amistad eterna.
Un abrazo Justo….”el más Justo de los Justos”.




