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Nuevas políticas para un país que envejece

Por Ramón Lobos Vásquez Miércoles 11 de Febrero del 2026

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Hace unos días el Instituto Nacional de Estadísticas (Ine) presentó los resultados de las estimaciones y “Proyecciones de la población” en base a la estadística censal 2024; esto es una proyección demográfica a partir de la dinámica histórica con una hipótesis de evolución futura. Se basa en tres aspectos: fecundidad, mortalidad y migración.

Las cifras no son alentadoras. Con una población de poco más de 20 millones para junio de este año, esa cifra se mantendrá y será la misma en junio de 2035. Es decir, prácticamente no habrá crecimiento demográfico, y a partir de 2036 la población dejaría de crecer e iniciaría una reducción gradual y sostenida. Esto por la caída de la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida, llevando a que a partir del 2028 las defunciones superen a los nacimientos.

Son cifras, pero van poniendo en relieve e importancia el envejecimiento poblacional acelerado que lleva nuestro país. Así, se espera que para el 2070 los mayores de 65 años superen el 40% de la población. Los menores de 15 años que en 1992 eran casi el 30% de la población total, para estos años será cerca del 16,3 % y sólo serán un 7,2 % para 2070. Para 2028 habrá más mayores de 65 años que menores de 15 años, con un índice de envejecimiento superior a 100. Se espera que para 2045 la población de 65 años triplicará a la de menos de 15 años. Para 2035 el mayor envejecimiento de la población se evidenciará con un descenso de la población potencialmente activa (adultos entre 15 a 64 años).

Lo que las cifras van revelando a través de estas proyecciones da para analizarlas sobre varias perspectivas y por sobre todo como país, en las políticas públicas que están implementadas y las que urgentemente hay que empezar a desarrollar en base a estas proyecciones. Hoy con este escenario, ya no son solamente cifras y números. Revelan una realidad que como sociedad habrá que enfrentar y tener como escenario para lo que hay que hacer. Por lo pronto, el diagnóstico es claro: no se puede seguir haciendo lo mismo que hasta ahora. Ya los cambios son en los próximos lustros y requieren de adaptaciones y modificaciones que deben estar realizándose desde ya. El tiempo de los estudios y descripciones de la problemática del envejecimiento poblacional en Chile y Magallanes ya pasó. Es el momento de hacer y desarrollar los cambios necesarios. Y eso no se ve ni se anuncia como acción del estado hoy. Lo que lo hace más urgente aún; es decir, frente a las respuestas a desarrollar estamos casi a fojas cero.

El cambio demográfico no es malo ni bueno, lo malo es no hacer nada por el desarrollo en este escenario. Con una mayor población envejecida, tendremos una caída en la población laboralmente activa. Esto presionará al sistema productivo. Tensionará a los sistemas de salud que deberán enfrentar otro tipo de población y requerimientos distintos en salud. Obviamente al sistema de pensiones, donde habrá menos personas cotizando y más viviendo de ellas. También implica un reto para el sistema educacional que verá mermado el número de sus potenciales usuarios. No somos un país rico ni del primer mundo, por lo que una mayor población de mayores en corto tiempo necesariamente tensionara los sistemas de cuidados y requerimientos de los mayores, como hemos señalado en varias columnas previas.

De que se vienen cambios, se vienen; y otra vez nos pilla haciendo siempre lo mismo, también en Magallanes. No ha habido una preparación para un escenario que está a la vuelta de los años. De no existir medidas activas, públicas y privadas en el corto plazo, en vez de ser una oportunidad será un momento complejo de sobrellevar.

Lo esencial es que como país y sobre todo en nuestra región se tomen en serio estas cifras y se actúe coherentemente, en el sentido de empezar a trabajar con todos los actores para desarrollar acciones públicas y privadas, para estar en mejor pie y sobrellevar estos cambios.

Por lo pronto favorecer a aquellos que sí desean incrementar sus familias y tener hijos. Políticas públicas pro fomento de la natalidad. Favorecer y acrecentar el trabajo femenino, como una forma de buscar talentos calificados para cubrir puestos de trabajo específicos y esenciales en nuestra sociedad. Desarrollar la profesionalización de los servicios y cuidados de los mayores. Buscar y desarrollar una adecuada preparación de la sociedad para el envejecimiento. Se trata de un proceso en nuestra sociedad que no tiene vuelta atrás y por lo tanto todos tenemos que conocer y estar preparados para vivir mejor esta etapa de la vida.

Indudablemente una manera de disminuir el impacto del envejecimiento poblacional es que lleguen otros chilenos a nuestra sociedad, un programa que los acoja y los inserte adecuadamente, más centrados en las necesidades que debemos cubrir. Se trata de disminuir la velocidad de este envejecimiento, que ya está en marcha y es inexorable.

Las cifras que ha develado el Ine nos señalan que este proceso que debemos vivir como sociedad chilena y también en Magallanes, es de una urgencia que no se había dimensionado y será tarea para quienes deban tomar decisiones políticas y técnicas en los próximos meses. El plan ya debiera estar estructurado. Y pareciera que aún estamos con los estudios guardados en un cajón para que alguien los use para hacer algo.

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