Fin del New START: ¿inicio del reseteo mundial?
El jueves 5 de febrero fue la fecha en que caducó formalmente el New START (acrónimo en inglés para denominar al Tratado de Reducción de Armas Estratégicas), entre EE.UU. y Rusia. Hace más de 50 años que ambas potencias vienen negociando estratégicamente acuerdos que posibiliten el control, dentro de lo esperado, de armas nucleares respecto a su creación, almacenamiento y mantención. Se supone que cada potencia debería tener no más de 1.550 cabezas y 800 lugares de lanzamiento, de los cuales sólo 700 deberían estar operativos. Para cerciorarse del cumplimento de estas condiciones, cada nación tendría acceso a información sensible respecto a los lugares y condiciones del armamento de su potencial contrincante, lo que en los últimos años cayó en una nebulosa pues desde la pandemia se suspendieron las visitas presenciales, además del retiro posterior de Rusia debido a la invasión de Putin a Ucrania, criticando a USA por apoyar a la nación que pretendía avasallar fácilmente.
Y aunque en los últimos meses el jerarca del Este ha solicitado prorrogar un año más el New START, la recepción de Trump ha sido escasa debido a que no desea amarrarse a limitaciones en su poderío debido a la amenaza percibida desde China. Si bien entre los territorios del águila y el oso acaparan cerca del 86% de las ojivas nucleares actualmente, los chinos han aumentado aceleradamente su poderío nuclear en los últimos años y no presentan intenciones de someterse a regulaciones o acuerdos al respecto. Donde hace años mandatarios de las potencias mundiales daban muestras de consenso al acordar límites a una carrera tan fascinante, demencial y aterradora como es la armamentista nuclear, hoy pareciera que la confianza y ánimo de diálogo escasea más que nunca, por lo que una alternativa altamente probable es que cada potencia siga desarrollando cada vez más este poderío aniquilador.
Hoy son oficialmente 7 las naciones que poseen esta capacidad destructiva, o disuasiva si desea analizarlo desde una perspectiva más optimista, pero lo cierto es que a este selecto club varias naciones desean unirse a fin de ostentar un status superior al momento de negociar. Este sería uno de los temores más importantes, además de fundado, de Melissa Parke, Directora Ejecutiva de la Campaña Internacional para abolir las Armas Nucleares (ICAN): “Sin el New START hay un peligro real de que la carrera armamentística entre Estados Unidos y Rusia se acelere (…) y otras potencias nucleares se sientan presionadas a seguir esa tendencia. Esto hace que cada crisis sea más peligrosa y aumenta el riesgo de cometer errores y cálculos erróneos”
Se supone que nadie en su sano juicio, utilizando la razón y empleando valores que defiendan la vida humana, sus derechos y dignidad, va a utilizar armamento nuclear a gran escala pues sería una sentencia de muerte a la civilización como la conocemos hoy. Pero lo que dice Parke no puede dejarnos indiferentes, pues más allá de los criterios técnicos y medidas de seguridad adoptadas, los errores humanos existen, tanto en la toma de decisiones, intereses creados o ante el manejo de las emociones. Si a esto le agregamos que algunos de los líderes que poseen poderes de decisión cuyas consecuencias serían irremediables, han dado muestras de escasa preocupación humanitaria por su propio pueblo, es que las proyecciones difícilmente podrían calificarse de optimistas.
Esperemos que el New START vuelva a cobrar sentido por el bien de la humanidad.




