Cuba: ¿La crisis final?
La semana pasada el Kremlin confirmó, según Granma, el diario oficial del régimen cubano, “que mantiene conversaciones con Cuba para concretar envíos de petróleo y derivados hacia la isla, en un contexto marcado por el endurecimiento del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos desde hace más de medio siglo”.
La distancia hace difícil el cumplimiento de esta oferta, obviamente complicada por las oscilantes relaciones entre Rusia y EE.UU. Además, la magnitud de las necesidades requiere un esfuerzo monumental que prácticamente ningún país del mundo puede enfrentar por su cuenta mientras no haya un cambio profundo en el régimen.
La historia de la Revolución Cubana se resume en los 67 años transcurridos entre la huida de Fulgencio Batista de La Habana el Año Nuevo de 1959 y el secuestro de Nicolás Maduro desde Caracas.
El triunfo de Fidel Castro fue un delirio de emociones y de esperanzas. Millones de latinoamericanos creyeron que la guerrilla cambiaría su destino. La lucha armada les permitía creer en la eficacia de la violencia. Tras décadas de frustración, parecía posible avizorar cambios sociales y políticos reales.
La retórica, sin embargo, no fue suficiente.
Fidel Castro era un líder que entusiasmaba multitudes. En Chile, en 1971 conquistó admiradores con su palabra magnética. Pero ese carisma no resolvió los problemas de Cuba.
Se requirió de una enorme ayuda foránea para sobrevivir. Ello sólo fue posible con el apoyo de la Unión Soviética, primero, y luego de Venezuela.
Y ahora, cuando Donald Trump le cerró la llegada de petróleo, en pocos días el precario tinglado se vino abajo.
En la encrucijada, los habitantes de La Habana han debido multiplicar su búsqueda de recursos. Según The New York Times, unos juntan reservas de carbón, otros recurren a motos eléctricas o, quienes pueden permitírselo, a paneles solares.
“Todo el mundo sabe lo que viene ahora. No tenemos combustible en el país, hay que tomar alternativas”, declaró a la AFP Niurbis Lamothe.
En 67 años, el régimen cubano ha enfrentado toda clase de desafíos, pero nunca parecidos a los de ahora. El régimen de Donald Trump, luego de aprisionar a Nicolás Maduro, impuso un bloqueo sin precedentes. Y amenaza con una intervención mayor.
Sin la capacidad retórica de Fidel Castro, el actual presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, se esfuerza por recuperar las viejas consignas.
“Vamos a tomar medidas que no serán permanentes, pero que, según la disponibilidad de combustible, demandarán esfuerzos”, aseguró. Volvió a pedir “sacrificio” y reiteró que “la rendición (frente a Estados Unidos) no es una opción”.
En una larga conferencia de prensa (dos horas) Díaz-Canel trató de hacer frente a la crisis. El diario Granma, en su editorial del martes 9 de febrero, reiteró el tono heroico de otros tiempos:
“Sólo el ingenio y la férrea voluntad política de mantener la dignidad, ha hecho posible que Cuba resista, siendo un ejemplo de resistencia y también de solidaridad con el mundo, en campos como la ingeniería, la educación y la medicina. Y en más de seis décadas, el Imperio no ha podido lograr lo que busca, lo mismo que buscaban los griegos en Troya o los nazis en Leningrado: hacer caer a su adversario, la Revolución Cubana”.
Pocos en Cuba, probablemente, estarán de acuerdo. Menos, fuera de la isla.




