Arte y arqueología: hacia una interpretación colectiva
Explorar el pasado de Magallanes a través del arte y la arqueología no es solo un ejercicio académico: es una experiencia que transforma la manera en que quienes participan interpretan la región y sus historias. Así lo relatan estudiantes, artistas y investigadores que formaron parte de la residencia “Huellas Atávicas: Arte y Arqueología Austral”, una iniciativa que une la investigación científica con la creación artística en torno a las primeras manifestaciones culturales del territorio.
Para los participantes, la residencia significó un viaje formativo y sensorial. Marcela Alcaíno Mancilla, maestra artesana dedicada a la joyería con identidad austral, recordó cómo volver a recorrer lugares que hasta entonces había conocido solo por libros resultó “una experiencia fantástica”. “La divulgación tiene que ver con el traspaso de información y de narrativas a otras personas, que a su vez hacen lo mismo hacia otras. Es una experiencia súper interesante y valiosa”, explicó.
La arqueóloga Flavia Morello destacó el valor de la residencia como un ejercicio de interpretación colectiva. “En arqueología trabajamos con metodologías que simplifican la realidad. Estos procesos permiten que el conocimiento sea compartido y no individual. Las residencias son un ejemplo de educación informal que se enlaza con los currículos de los estudiantes, creando un trabajo verdaderamente transdisciplinario”, señaló.
Felipe Rodríguez, estudiante del Magíster en Ciencias Sociales, subrayó el carácter fragmentario y experimental de la experiencia. “Magallanes es un territorio compuesto por múltiples paisajes e historias que no siempre encajan de manera lineal. Aquí aprendimos a ensamblar fragmentos de realidad para generar sentido, integrando localidades, personas y reflexiones como piezas de un relato abierto”.
Entre las actividades más memorables se destacan las salidas a terreno, que incluyeron visitas a sitios icónicos como la Cueva La Leona, el Parque Nacional Pali Aike y la Cueva Fell, donde los participantes pudieron observar vestigios de los primeros habitantes de la región, y también actividades de reflexión en lugares como el Faro San Isidro y Bahía El Águila, acompañadas de charlas y observación de la fauna local.




