Canquén colorado y la perseverancia de la conservación
En la desembocadura del río San Juan, un ganso diminuto y emblemático enfrenta diariamente los impactos de la presencia humana: basura, perros sueltos y pastoreo. Se trata del canquén colorado, el más pequeño de Magallanes, cuya supervivencia ha estado históricamente ligada a la intervención activa de quienes conocen y aman el territorio. La reciente etapa de protección del Monumento Natural Canquén Colorado no solo refleja un esfuerzo institucional, sino también el compromiso de personas que trabajan a pie de terreno, día tras día, para garantizar que el pasado natural de la región siga vivo.
Los testimonios de los guardafaunas revelan la intensidad y diversidad de este trabajo: censos, monitoreo con cámaras trampa, recorridos que superan los 15 kilómetros y educación ambiental directa con vecinos, campistas y pescadores.
De ello damos cuenta en la edición de hoy de La Prensa Austral, donde se presentan diversas experiencias y relatos. Felipe Contreras, con años de experiencia en áreas protegidas como Pali Aike y Laguna Parrillar, reconoce que la educación es quizá el impacto más profundo de su labor: “Cuando la gente va conociendo, se va haciendo parte de la conservación y después ellos mismos van educando a otros. Se va armando una cadena de educación ambiental”, explica.
Junto a él, Felipe Vera destaca que el trabajo no se limita al polígono del monumento: la vigilancia abarca toda la región sur del sector, detectando fenómenos curiosos como un canquén albino y un híbrido entre canquén colorado y canquén común, mientras se mantiene la constante alerta frente a las amenazas humanas.
Según Vera, la presencia permanente en terreno ha permitido generar conciencia sobre prácticas responsables, desde no soltar perros hasta reducir residuos, lo que evidencia que la conservación no solo depende de cercos o reglamentos, sino de la interacción con la comunidad.
Desde 2017, cuando se inauguró el Monumento Natural con el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente y Bienes Nacionales, la protección del canquén colorado ha pasado por distintas etapas. Hoy, el trabajo conjunto de Fundación Rewilding Chile, Conaf y el Centro de Rehabilitación de Aves de Leñadura, impulsado por especialistas en ecología y monitoreo, demuestra que la conservación efectiva requiere constancia, observación y diálogo con la ciudadanía, más allá de las estructuras formales.
Esta experiencia, más que un dato institucional, es un recordatorio de que la protección de la biodiversidad es un esfuerzo colectivo, donde la dedicación cotidiana de quienes aman y estudian el territorio se refleja en cambios visibles: aves que regresan a su hábitat, visitantes más conscientes y un ecosistema que recupera lentamente su equilibrio.
La historia del canquén colorado muestra que la presencia y la educación son tan importantes como cualquier cercado o normativa, y que la verdadera conservación depende de quienes caminan y enseñan, paso a paso, en los territorios que buscan proteger.




