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Therians, la última moda posmodernista identitaria

Por La Prensa Austral Viernes 20 de Febrero del 2026

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Eduardo Pino A.
Psicólogo
[email protected]

 

Aunque pretendamos mantenernos al margen de nuevas modas que van surgiendo, es altamente probable que por las redes se viralicen videos e información que nos sugiera la irrupción de tendencias que llaman la atención. Algunas pasarán sin pena ni gloria, otras tenderán a tomar vuelo para focalizarse en nichos sociales específicos (siendo los adolescentes y jóvenes los que mayormente consumen estas novedades), e incluso otras tenderán a la masividad. Las modas cumplen varias funciones en las dinámicas sociales: contrarrestan las rutinas evitando el aburrimiento, producen efectos placenteros y otorgan a sus adherentes una pertenencia e identificación con grupos que comparten esta afición. Generalmente no se conservan por mucho tiempo, pues justamente su estabilidad les quita uno de sus atractivos principales: la irrupción ante la convencionalidad. Las modas dan para hablar, siendo los medios de comunicación claves para su masificación, con mensajes que invitan a la atracción para llamar la atención en primera instancia, deviniendo en la persuación o convencimiento que posibilite adherirse y profesar su dinámica.

A pesar que desde los 90s el movimiento Therianthrope asomó como la autopercepción de identificarse con animales, en el sentido psicológico o espiritual; no fue hasta hace una década que se ha ido masificando por medio de las redes sociales, con un verdadero boom en los últimos meses.

Deben tenerse en cuenta algunos criterios para referirse al Therianismo: las personas si bien se identifican con determinados animales que eligen, siguen pensando que son seres humanos, o sea, hay un juicio de realidad que se mantiene intacto. Es importante aclararlo pues muchas personas cuando observan a algunos individuos utilizar máscaras y colas, aullar o correr en cuatro patas, tienden a calificarlos de “locos”, no siendo este el caso. Por otra parte, se debe estar muy atento a la funcionalidad de las personas que practican esto, ya que si bien pueden reunirse en “manadas” y compartir conductas propias de la especie con que se identifican, no debiesen extraviar sus conductas relacionadas con lo humano, como comunicarse, socializar, estudiar, trabajar o asumir conductas instrumentales que les permitan desempeñarse adecuadamente en sociedad. Si alguna de estas dos condiciones no se cumple, estaríamos ante conductas relacionadas más bien con trastornos que con identificaciones socialmente estimuladas.

A diferencia de algunos pocos años atrás, hoy son más las personas que miran de manera incrédula y hasta crítica esta nueva tendencia de autopercepción. Y ojo que no estamos hablando sólo de generación Z o anteriores que traen un ADN social forjado antes de los 90s, si no de milennials y jóvenes cuya relación con lo digital se da como nativos y no como migrantes. Es como si lo alternativo que ha postergado y “ninguneado” al esencialismo humano ya debería tener límites que colinden con el otrora y cada vez más desaparecido “sentido común”.

Lejos de superficializar esta tendencia Therian, habría que observar como evoluciona, si es que al fenómeno le alcanza para lograr un desarrollo propiamente tal. Probablemente estamos ante una moda social, como lo fueron las tribus urbanas, que inevitablemente traerá una importante comercialización de productos tales como máscaras, disfraces y un sin fin de accesorios que ávidos consumidores agotarán para ostentar su nueva identidad, todo con el gentil auspicio de sus padres cuya racionalidad no alcanzará para prohibir lo que a sus hijos les haría felices. Con el tiempo la masividad debería dar paso a que sólo los fanáticos continuen en esta senda, como lo fue cazar Pokemones o vestir la camiseta de la selección cuando ganaba. 

Para finalizar una reflexión: a los adultos debe llamarnos la atención qué habría detrás de este fenómeno que cautivaría a adolescentes y otros no tanto. ¿Por qué piensan que las cualidades o virtudes deberían encontrarlas en los animales y no en las tipologías humanas? ¿Tan desilusionados están de la naturaleza humana o de los modelos de los adultos o sus padres? En distintas generaciones los jóvenes han fijado su atención en distintos arquetipos humanos según momentos históricos y sociales: la fuerza del guerrero, la espiritualidad del místico, la asertividad del sabio, la validación del conocimiento del científico, la búsqueda de la verdad del intelectual, la creación de la belleza por el artista, por citar sólo a algunos. En los últimos años las mayores identificaciones se observan en la opresión sufrida por las víctimas. Si bien los animales domésticos se han convertido en los “hijos” de las nuevas generaciones, creer encontrar simbólicamente en ellos aspectos centrales de la formación de la identidad humana es algo que debe llevarnos a reflexionar, no para estigmatizar ni menos ridiculizar, si no para pensar y compartir acerca de las motivaciones y estructuras de pensamiento de las nuevas generaciones, su equilibrio emocional y adaptación efectiva a entornos reales, que no siempre se podrán acomodar a una autopercepción que debe convivir con el mundo tal cual es, aprendiendo a manejar las frustraciones cuando no se obtiene lo que se quiere. 

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