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Crisis en el corazón de Errázuriz: locatarios denuncian inseguridad sostenida y devastador impacto económico

Domingo 22 de Febrero del 2026

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  • – Errázuriz, la histórica arteria comercial atraviesa un complejo momento. Los vecinos del tramo comprendido entre Chiloé y Armando Sanhueza denuncian una crisis de inseguridad e insalubridad que -según sostienen- se arrastra desde hace más de dos años.

El foco del conflicto se concentra hace 2 años en las inmediaciones de los números 573 y 587, donde funciona el local Casa Blanca. Allí, aseguran, un grupo promedio de entre 15 y 20 personas de nacionalidad chilena se instala diariamente en la vía pública. Las reuniones, marcadas por el consumo de alcohol y otras sustancias, derivan en riñas, gritos a cualquier hora del día y la utilización de los frontis como baños improvisados.

Un comercio que se apaga
entre pérdidas y amenazas

Para Kishore Ramchandani, propietario del local Casa Blanca, la incómoda situación ha significado un golpe económico devastador. “He perdido más del 90% de mis ventas. Hay días que, simplemente, no vendo absolutamente nada”, afirma.

No es la primera vez que enfrenta un escenario similar. “Hace 12 años tenía otra tienda y la tuve que cerrar por una problemática parecida”, lamenta, describiendo un ciclo que hoy vuelve a repetirse. Según relata, el temor ha sido un factor determinante: “Trabajo solo. Tengo miedo. Me han amenazado, me han mostrado cuchillos”.

El comerciante manifestó su preocupación por la situación que enfrenta a diario en el frontis de su local. Recalcó que cumple con todas sus obligaciones tributarias y que mantiene sus pagos al día, pero que, pese a ello, debe hacerse cargo constantemente de la limpieza del sector. “Pago mi patente, pago mi Iva, todo al día, y aun así tengo que limpiar todos los días la suciedad que dejan en el frente de mi local y nadie nos ayuda”, señaló, refiriéndose a los desechos y restos de botellas que encuentra cada mañana en la entrada de su negocio. Agregó que, pese a haber presentado quejas ante la policía y autoridades municipales, nadie coopera para calmar la situación.

Vecinos afectados
y una respuesta
institucional insuficiente

La problemática no se limita al ámbito comercial. Fuad Kael, vecino de Errázuriz 587, describe una convivencia diaria marcada por la tensión. “A veces son las 11 de la mañana y ya hay siete personas instaladas afuera”, comenta. Cuando intenta pedir que se retiren, asegura que la respuesta suele ser desafiante: “Me dicen que esto no es mi casa, que es un negocio, que está abandonado”. Para Kael, la conclusión es clara: “No es vida”.

Si bien Carabineros y equipos de seguridad pública municipal han realizado controles de identidad en el sector, los locatarios sostienen que las intervenciones no han logrado frenar el problema. Según explican, se les ha indicado que no pueden efectuarse detenciones permanentes si no existe delito flagrante. Tras los patrullajes, el grupo regresa y el ciclo se repite.

El kiosco del conflicto y
la carta sin respuesta

El malestar se formalizó el 13 de noviembre de 2025, cuando un grupo de locatarios ingresó una carta dirigida al alcalde Claudio Radonich, solicitando fiscalización y la erradicación del kiosco que, a su juicio, actúa como foco de insalubridad y punto de concentración de los desórdenes.

En la misiva detallan que la estructura es utilizada como baño público y que el consumo de alcohol, el quebrado de botellas y la mendicidad agresiva impiden el libre tránsito de clientes, quienes han optado por evitar la cuadra.

El documento fue firmado por Gabriel Ampuero Calisto, de la Panadería Estrellita; Sami Kahel, del Local Comercial Kahel; Julio Moris Torres, de Farmacia Errázuriz; y Kishore Ramchandani, del local Casa Blanca.

Los locatarios insisten en que no se trata de estigmatizar a personas en situación de calle, sino de exigir condiciones mínimas de seguridad para poder trabajar y vivir con tranquilidad. “No estamos en contra de nadie, pero esto no puede seguir así”, concluye Ramchandani.

Mientras esperan una respuesta oficial y medidas concretas, advierten que el deterioro del sector podría desencadenar nuevos cierres comerciales, debilitando aún más uno de los ejes tradicionales del centro de Punta Arenas.

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