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El “Nivel Central”

Por Marino Muñoz Aguero Domingo 22 de Febrero del 2026

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Los giros idiomáticos de estos tiempos —neologismos, les dicen los entendidos— siguen asombrándonos (a algunos, aclaramos). Como para empezar a conversar, es decir, como para el momento del “pichuncho”, les preguntamos, estimada lectora, estimado lector: ¿ha oído o leído respecto de “desdramatizar” una situación? O sea: ¿qué es esto de “desdramatizar”? ¿Llegó a reemplazar al ya manoseado “bajarle el perfil”?

Otra acrobacia lingüística de estos tiempos es el “control de daños”, concepto proveniente de la ciencia militar y de la medicina, del cual hemos conocido su aplicación comunicacional hace aproximadamente un lustro. Los “daños”, así entendidos, equivalen a los costos que tiene para una institución o figura pública, por ejemplo, haber tomado un curso de acción o decisión, o haber sido objeto de una denuncia pública. Son los costos en términos de credibilidad, popularidad, votos, pero principalmente imagen. Asunto netamente comunicacional; hemos sabido hasta de “Comités de Control de Daños”, y nos genera un cierto resquemor a quienes aprendimos hace mucho tiempo que “prevenir es mejor que curar”, y sin necesidad de “panel de expertos”.

El lenguaje avanza y no se trata de abogar por la lectura de “El Quijote” en castellano antiguo. Al fin y al cabo, nos resultan divertidas estas nuevas expresiones que aparecen de pronto, razón por la cual las abordamos cada cierto tiempo.

Ahora bien, no son tan divertidas cuando van asociadas a faltas de respuesta o dilaciones, y aquí entramos con una “de antología”: versátil y socorrida cuando planteamos alguna “inquietud” y nos responden que aquella es “resorte”, fue derivada, está, o depende del “Nivel Central”. A esas alturas del partido, ya sabemos que estamos prácticamente perdidos, que nos responderán: “nosotros no podemos hacer nada, cumplimos con enviarlo al ‘Nivel Central’; hay que esperar y cualquier cosa, lo llamamos”.

Aclaremos que el concepto de “Nivel Central” es transversal: lo encontramos en el sector público y en el área privada. En esta última, cualquier “inquietud” amerita un “caso”, al que se le asigna un número de seguimiento y que se deriva a ventas, gerencia, atención al cliente, etc. Sucede entonces que nos transformamos en “un caso” (¿caso clínico?) al que hay que hacer seguimiento hasta obtener una respuesta. Debemos tener muy presente que podremos tener respuesta —lo que amerita “cerrar el caso”—, pero no garantiza la solución a nuestra “inquietud”.

Y ahí brotan nuestras preguntas. A la “inquietud” original de fondo sumamos otras “inquietudes” de forma: ¿qué es el “Nivel Central”? ¿Dónde funciona? (En la capital, Santiago, suponemos). ¿Tiene existencia física, forma, identidad, RUT o domicilio? ¿Su estado es sólido, líquido o gaseoso? ¿Estará en “la nube”?

Una de las opciones es imaginarnos al “Nivel Central” como un escritorio gigantesco, con cajones gigantescos en cuyo interior se guardan carpetas gigantescas, pues todo llega al “Nivel Central”; no solo los magallánicos enviamos cosas. Si le aplicamos modernidad a nuestro razonamiento, todo lo citado se asimila a un computador gigantesco.

En ocasiones, hemos llegado al extremo de pensar que el “Nivel Central” es un humano (¡ojalá!). Y quizás es una persona cuyo nombre es “Nivel” y su primer apellido es “Central”, que tiene familia y cuya esposa sería la señora de “Nivel Central” y sus hijos, los “Centralitos”, que algún día podrían estudiar en la Universidad Central. Agreguemos que, tal vez, vivan en la Estación Central y compren el pan en la Panadería Central.

Con aquello de la Panadería Central nos desviaremos un tanto del tema (tema “central”) para discurrir respecto de algo que siempre nos ha llamado la atención. Hay nombres o denominaciones de negocios presentes en casi todas las ciudades de Chile y quizá en el mundo. Pero vamos a lo criollo con algunos ejemplos: Panadería Central, Hotel Central, Hotel Ritz, Gran Hotel, Hotel Plaza, Pastelería Selecta, Peluquería Central, Zapatería Ducal, Cine Cervantes, Bar Quitapenas. Para terminar con este “apartado”, recordamos a un profesor del liceo que decía que en todas las ciudades de Chile había una “Tía Yola”.

Volvamos a lo nuestro: “Dios castiga, pero no a palos”. ¿Cómo hace el “Nivel Central” con sus propias “inquietudes”? ¿Es autárquico? Es decir, ¿soluciona todos sus problemas por cuenta propia o debe recurrir a otro nivel para ello? Si así fuera, debiera existir una suerte de “Nivel Central-Central”, de tal manera que, cuando el “Nivel Central” pregunte por algo que no le han solucionado, le respondan: “está en el Nivel Central-Central”.

Nota: a aquellas lectoras y lectores que deseen formular alguna observación o crítica a lo vertido en esta crónica pueden hacerlas llegar al autor, quien las derivará al “Nivel Central”, sin perjuicio del “Control de Daños” correspondiente y teniendo presente que “cualquier cosa, lo llamamos”.

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