La amistad
María Alejandra Vidal Bracho
Hace unos días subí a un bus, aquí en Punta Arenas; me senté en el segundo asiento, cerca de la puerta. Iba cómoda y miraba por la ventana las calles que pasaban ante mis ojos, como en un rotativo de cine mudo. El bus paraba, gente subía, otra bajaba. En uno de esos intercambios, subieron dos jóvenes que llamaron mi atención. Eran aún adolescentes, de figuras alargadas, vestidos con desenfado, mucho cabello irrestricto y sonrisas abundantes. Uno de ellos bajó un pequeño asiento, detrás del chofer, y se sentó. El que se quedó de pie le entregó un par de latas de gaseosa y una bolsa abierta con alguna golosina, mientras se reían y conversaban. Eran felices, un cosmos solo para dos. Yo, sin que ellos lo notaran, los observaba hipnotizada y, de pronto, una gran ternura se apoderó de mí. Comencé a pensar en la amistad, en la elección de los seres que se convierten en nuestros amigos. He oído decir que los amigos son la familia que uno elige, y yo creo que es así.
Cuando uno se reúne con sus amigos, inmediatamente surge una chispa de alegría; un universo reservado nos protege y la comprensión está garantizada, a pesar de que, muchas veces, se requieran fuertes reprimendas. Porque los verdaderos amigos están en los momentos felices y también corren para ayudarnos cuando nos vemos involucrados en problemas o estamos acechados por ellos, situaciones inevitables en esta vida.
El consejo de un amigo, su compañía, la complicidad, esa broma que solo ambos entienden; los secretos, algunos pequeños, otros graciosos y otros graves que se llevarán a la tumba, al resguardo del pacto de la amistad sincera: todo esto compone un mundo feliz, elegido, creado y que, ojalá, siempre durara mucho tiempo.
Retomando la historia del bus, llegó el momento en que tuve que bajar, pero, antes de hacerlo, acaricié con la mirada la bella escena que me regalaron estos jóvenes amigos y me despedí de ambos, en absoluto silencio, siendo yo invisible para ellos, pero sabiendo que estarán siempre guardados en mi memoria como un dulce recuerdo.




