“Todas las habitaciones vacías”: 35 minutos de silencio
Por Guillermo Muñoz Mieres,
periodista
EE.UU., 2025
Director: Joshua Seftel
En Netflix
“Cuando matas a alguien, no solo eliminas lo que fue, sino todo lo que pudo haber sido”, dice en un momento el protagonista de Los imperdonables (1992), aquel memorable filme dirigido e interpretado por el legendario Clint Eastwood y que reflexiona, en clave de western, sobre las consecuencias trágicas e irreversibles de la violencia.
Y la frase logra resumir, en parte, lo que expresa “Todas las habitaciones vacías”, cortometraje documental nominado al Oscar de este año y que se encuentra disponible en la plataforma de Netflix, donde, en apenas 35 minutos, sigue el trayecto de Steve Hartman, un periodista de la cadena CBS News que desde hace varios años se ha embarcado en un proyecto, más personal que profesional, como es registrar las habitaciones vacías de estudiantes asesinados en tiroteos acontecidos en las escuelas de Estados Unidos.
Lo que aborda el documental son las últimas tres habitaciones que restan de su proyecto y que parte, a modo de prólogo, con la de Dominic Blackwell, un estudiante asesinado a los 14 años y cuyo dormitorio, con el que Hartman inicia su odisea contra el olvido, pareciera estar en el fondo del mar porque la figura de Bob Esponja rellena el espacio de su ausencia.
Y de allí en adelante, la cámara sigue a Hartman y a Lou Bopp, el fotógrafo que lo acompaña, en el registro de las tres faltantes, todas mujeres, desde la videollamada con los padres, el traslado hacia los distintos lugares, el momento del primer contacto con las habitaciones, el proceso del registro fotográfico y lo que narran los familiares sobre ellas antes y después de que ya no regresaran al hogar.
Y el documental comparte estos testimonios con imágenes de archivo de las tres niñas y adolescentes asesinadas, mientras la cámara recorre, con paciencia comprensible, los detalles de estas habitaciones-dormitorios que, como aseguran sus padres, fueron quizás el lugar más seguro donde pudieron estar.
Y, entre medio, la intimidad familiar y profesional de Hartman, que se despide de sus hijos antes de partir, habla de lo que significa para él este proyecto y del cual cree que sus jefes apenas saben. También la del fotógrafo Lou Bopp, que asegura nunca haber estado en un proyecto así, donde “la ausencia luce entera”. Y por eso, cada día fotografía a su hija, porque, si algo ha aprendido, es que la vida puede cambiar en un instante.
“Todas las habitaciones vacías” conmueve por los testimonios de los familiares, que reflejan la resignada tortura de la ausencia, pero, sobre todo, por la detención del tiempo en estos dormitorios transformados en “museos” que perpetúan un día que, para ellos, nunca terminó.
Y, aun cuando la existencia y resistencia al olvido de estas habitaciones no permiten saber todo lo que pudo haber sido, el documental es testimonio y evidencia de todo lo que realmente fue.




