Delincuentes de alto rango
El jueves Andrés Mountbatten-Windsor, el segundo hijo de la reina Isabel II, conocido previamente como el príncipe Andrés antes de ser despojado de sus títulos, cumplió 66 años. Ese día fue detenido por la policía británica por “conducta impropia” en relación con el “caso Epstein”. Posteriormente fue liberado, aunque su hermano mayor, el rey Carlos III, dijo que había que dejar que actuara la justicia. La fotografía de su salida del cuartel policial fue portada en todos los diarios del Reino Unido.
Es un escándalo sin precedentes en la historia de la monarquía británica.
Frente a la avalancha de documentos del caso protagonizado por Jeffrey Epstein, la conclusión de la BBC había sido devastadora: “El multimillonario tejió sus redes con precisión. Algunas para codearse con personas influyentes, otras para captar víctimas”.
En otras palabras, la madeja que se está tratando de desenredar creció sobre la base de la ambición y la falta de principios morales.
Compuestos por millones de documentos, los “Archivos de Epstein”, contienen una increíblemente amplia lista de figuras públicas: políticos, académicos, celebridades y asociados del financista acusado de pedofilia y abusos sexuales. Se trata de personajes tanto de Estados Unidos como Europa y otros lugares del planeta.
Los primeros nombres en conocerse fueron los de Donald Trump, su (ex) amigo Elon Musk, y Bill Clinton. En las listas también aparecen otros políticos de alto rango y miembros de las casas reales de Suecia y Noruega, aparte del Reino Unido.
La inclusión de Trump en la nómina explica el lento ritmo de la entrega y por qué, siempre se reitera: “Es importante destacar que aparecer en estos registros no implica necesariamente la participación en actividades ilícitas”.
Es un resguardo ético importante, pero desde la condena de Epstein, las menciones tienden inevitablemente a convertirse en realidad.
Es la obvia razón por la cual, el jueves, coincidiendo con la detención del exduque de York, los albaceas de Epstein ofrecieron compensar económicamente a las víctimas “agredidas sexualmente, abusadas o traficadas” por Jeffrey Epstein entre el 1 de enero de 1995 y el 10 de agosto de 2019”, fecha en la que murió en prisión.
El caso no es el primero en la historia de la humanidad. Lo que lo ha mantenido por años en los titulares responde a una situación propia de nuestro tiempo: todo, lo bueno y lo malo, queda grabado, fotografiado o anotado. Y tarde o temprano termina por hacerse público.
Personajes extremadamente ambiciosos como Epstein han existido siempre. El mismo, según contó una compañera de estudios a The New York Times, le había predicho que algún día sería “muy rico”.
Lo consiguió gracias a golpes de suerte y la inimaginable red que armó, precisamente mediante su fortuna creciente en la cual no faltaron los procedimientos dolosos. Lo más llamativo en esta historia es su exitoso afán por tener amigos de alto nivel y compartir con ellos toda clase de excesos.
Su método era muy efectivo.
En una declaración de 2016, Joseph Recarey, un detective de Palm Beach, Florida, dijo que aproximadamente 30 mujeres habían hablado con él sobre “realizar masajes y trabajos en la casa de Epstein”.
La persona clave, según el detective, era Ghislaine Maxwell, la exnovia de Epstein ahora en prisión. Ella era la encargada de reclutar a las jóvenes. La mayoría eran menores de 18 años.
El detective Recarey precisó entonces que “cuando iban a realizar un masaje, era para la satisfacción sexual [de Epstein]”.
Le faltó agregar que, generosamente, el magnate compartía siempre con sus amigos. Formaban la larga lista que (por ahora) encabeza Andrés Mountbatten-Windsor.




