Glosa deportiva de Ramón Cañas Montalva en el 90 aniversario del estadio que hoy lleva su nombre
Estamos acostumbrados a leer, escribir o escuchar de cómo hablan acerca del oficial de Ejército Ramón Cañas Montalva y de su permanente preocupación sobre temas militares, geopolíticos o antárticos, pero, pocas veces destacamos otra de sus facetas menos conocidas: su vocación y destreza en varias disciplinas deportivas que lo llevaron a practicar con éxito, algunas especialidades. Una revisión somera de los principales aspectos de su hoja de vida militar, nos señala que, una vez rendido su examen para capitán, fue nombrado el 28 de mayo de 1919 alumno del Instituto Superior de Educación Física, donde obtuvo en un curso de primaria, 87 puntos de un total de 90, ocupando el primer lugar entre veinte alumnos.
Su quehacer profesional lo conjugaba con su actividad deportiva. Dos acontecimientos demuestran con claridad esta aseveración. Nombrado adicto militar de Chile en Suecia, fue designado en julio de 1920 para representar a nuestro país en el campeonato mundial de atletismo efectuado en Amberes, Bélgica. Unos años después, en 1925, mientras servía como edecán del Presidente Arturo Alessandri Palma, fue inspector y profesor del curso militar de gimnasia, donde propuso las modificaciones a la malla curricular de esta rama deportiva; más tarde, siendo agregado al departamento de tiro nacional y deportes del Ejército de Chile, organizaba la Confederación Deportiva Militar.
Regreso a Magallanes
Cuando Ramón Cañas Montalva fue destinado el 13 de abril de 1926 al entonces regimiento de infantería Magallanes, hacía casi una década que había abandonado Punta Arenas.
Como sabemos, durante su primera estadía en el austro que alcanzó un año, el subteniente Cañas participó en su calidad de secretario, en la organización de la comisión de salvataje de la expedición antártica del explorador británico Ernest Shackleton. Impresionado por el rescate perpetrado por el piloto Luis Pardo Villalón y los tripulantes de la escampavía Yelcho después de tres intentos fallidos, comenzaron a germinar en el joven oficial las ideas que lo acompañarían el resto de su vida: la posible relación entre el Chile continental americano y la Antártida.
Por otra parte, el Punta Arenas de 1926 distaba mucho de la ciudad bullente que había saludado a los náufragos del Endurance en 1916. Ya no existía el puerto libre; la apertura del canal de Panamá comenzaba a mermar el tránsito marítimo y el flujo de mercaderías en el estrecho de Magallanes; la Federación Obrera había recibido un duro golpe en la madrugada del 27 de julio de 1920, del que tardaría un buen tiempo en recuperarse.
Cañas Montalva tampoco era el mismo. Los estudios de geopolítica en Europa con los profesores Rudolf Kjellen de la Universidad de Uppsala, el alemán Karl Haushofer; el francés Paul Vidal de la Blanche y el danés Gudmund Hatt, lo influenciaron en gran medida para acometer sus nuevos proyectos. Una idea estaba muy clara. La experiencia europea le había enseñado que las altas latitudes no detenían el desarrollo de los pueblos. En los países nórdicos existía un alto nivel en educación y cultura fomentado en gran medida, por la protección estatal. La práctica de actividades deportivas comenzaba en colegios y liceos o en los barrios, donde la gente disponía de infraestructura adecuada para practicar o disfrutar sus deportes favoritos.
Cañas vuelve a Magallanes en el momento en que diversos clubes y asociaciones deportivas elaboraban un calendario anual de competencias que duraba seis meses a lo más, de octubre a marzo, en la temporada estival de primavera y verano, las que finalizaban en abril, cuando comenzaba a llegar el frío otoñal, preludio de los crudos inviernos de antaño. Con excepción de los boxeadores, que solían realizar sus combates en los salones de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos en Waldo Seguel y Talca, hoy Armando Sanhueza, los atletas, los ciclistas y futbolistas carecían de recintos adecuados o de espacios techados para la práctica deportiva.
El fútbol concentraba sus actividades en una cancha ubicada en calle Rómulo Correa entonces en la periferia de Punta Arenas donde hoy se emplazan los departamentos de la población Empart. El ciclismo, practicado desde la primera década del siglo XX, después de compartir el espacio de Rómulo Correa disfrutó de una especie de
pequeño velódromop ubicado en calle Progreso, hoy Croacia, entre Bories y Magallanes. Los atletas solían realizar sus competencias en distintos sectores de la ciudad; a veces, futbolistas, atletas y ciclistas, confluían en torneos conmemorativos, los que se efectuaban al interior del Club Hípico como los que se organizaban con motivo de las Fiestas Patrias. El 18 de septiembre de 1913, se realizaron por ejemplo, las primeras competencias ciclísticas oficiales, con Italo Lépori resultando vencedor en la carrera de 300 metros; Dante Lépori en las de 600 y 800 metros y Juan Lopecic en 1600 metros.
Un antiguo dirigente y estudioso del deporte magallánico como José Perich Slater, solía recordar que la práctica de ejercicios físicos era un hábito tan antiguo, como la fundación de la colonia penal de Punta Arenas. A menudo citaba la carta escrita por el gobernador Benjamín Muñoz Gamero a su amigo César Vicuña donde recordaba los festejos patrios por el 18 de septiembre de 1851: “La calle María Isabel (Magallanes) fue la pista de las carreras y pruebas realizadas; levantamiento de pesas, competencias pedestres, tirar la cuerda, rayuela y pruebas gimnásticas. Como juegos típicos, carreras de ensacados y la persecución de un cerdo con la cola ensebada”.
El 18 de septiembre de 1870, el gobernador Oscar Viel Toro celebró los sesenta años de la Primera Junta de Gobierno con festejos populares que incluyeron, carreras a caballo, pruebas atléticas y un campeonato de chueca, con pelotas obtenidas de boleadoras de los aonikenk y bastones confeccionados por los confinados del cuartel.
Distintas actividades deportivas se conocieron en Punta Arenas en la última década del siglo XIX. En 1892 se efectuó un festival sobre hielo, en la laguna que se formaba en el lugar donde hoy está situado el estadio Ramón Cañas Montalva hasta quinientos metros al norte, que incluyó carreras de velocidad y de trineos hechos con tarros aceiteros marca Bety. En esos años, surgió también, el gusto por el juego de palitroque o bolos, que en nuestra ciudad llegó a contar con una decena de salones para su práctica.
En sus primeros tiempos, los bomberos además de sofocar incendios, practicaban la música y el deporte. En 1899 organizaron el primer torneo de tiro al blanco en Magallanes. Los hombres del fuego tuvieron la tuición de los certámenes balísticos hasta 1906 cuando se fundó el Club Almirante Señoret. Esta institución fue una de las primeras en incorporar mujeres en sus actividades; algunas de ellas practicaban con frecuencia el básquetbol en el sitio que hoy ocupa la Plaza Sampaio. La llegada del capitán Cañas al austro fue el aliciente que necesitaban para conformar su propio club deportivo, el Nirvana, que pronto comenzó a competir con el Iris y con el Natales de Ultima Esperanza.
Según los apuntes de Perich Slater, la gimnasia se practicaba en Punta Arenas desde 1890. Destacaban algunos lugares por su esmerada atención: el Recreo Miramar, de Marcos Pivcevic; el Recreo Miraflores de Juan Bailac ubicado en Avenida La Playa, hoy 21 de Mayo, donde se exhibían folletos instructivos; publicidad en que se ofrecían trapecios, cuerdas, perchas, argollas, paralelas y otros aparatos; además de un técnico especializado para atender a los obesos. El local contaba con baños a vapor y disponía de horarios por turnos para niños y adultos; damas y varones, hasta de diez horas diarias.
La Confederación
Deportiva de Magallanes
Este es el cuadro que enfrentaba Cañas Montalva cuando decidió convocar a las directivas de las principales asociaciones la tarde del 19 de agosto de 1927 en el salón Armonía de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos.
A la reunión, asistieron en representación del boxeo, su presidente Luis Tapia; vicepresidente, K.C. Rosa; secretario, Esteban Scarpa; tesorero, Luis Muñoz y el director Emilio Hernández; la Asociación Atlética se hizo presente con su presidente Félix Morandé; Ernesto Detaille, vicepresidente; Amelio Santana, secretario; Aníbal Pérez, tesorero y el director, Salustio Sandoval. La liga de fútbol apareció con el presidente Ricardo Valderrama; vicepresidente, Osvaldo Lira; secretario, Luis Alvarez; tesorero, Pedro Bórquez y el director, Pedro Cvitanic; mientras que, la Unión Ciclista llegó representada por su presidente, Emilio Fernández; vicepresidente, Adalberto Hunter; secretario, Alberto Albornoz; tesorero, Carlos Santander y el director José Salfante.
El capitán Cañas hizo ver a los presentes que el motivo de la reunión era intercambiar ideas para analizar la posibilidad de crear una organización que agrupara al deporte regional para reducir la orfandad en que se debatían las distintas asociaciones deportivas.
En la ocasión, Cañas, que palpitaba el fuerte sentido regionalista de los magallánicos, se explayó para enfatizar que con el trabajo en conjunto dentro de un plazo razonable, se podrían lograr algunas adquisiciones de importancia, como el terreno para construir un estadio, salas de entrenamiento y parques deportivos. Los asistentes acordaron entonces, acudir con un delegado para nombrar el directorio constitutivo de la nueva organización y sellar en una reunión definitiva, los acuerdos iniciales, lo que se materializó el 26 de agosto.
En el citado encuentro, con asistencia de Esteban Scarpa en representación del Box; Luis Arias en nombre del Fútbol; Enrique Alvarado de la Unión Ciclista y Félix Morandé de la Asociación Atlética, junto con denominar a la institución como “Confederación Deportiva de Magallanes”, procedieron a nombrar el primer directorio, constituido por Ramón Cañas como presidente; Adalberto Hunter, vicepresidente; Ricardo Valderrama, secretario; Santiago Pérez, prosecretario; Esteban Scarpa, tesorero; y Ernesto Detaille, Félix Morandé, Ricardo Lumbreras y Emilio Fernández, como directores.
Desde un principio, los dirigentes se abocaron a la elaboración de un estatuto con sus reglamentos respectivos, y a la consecución de la personería jurídica, la que se obtuvo por decreto supremo N°680 de 22 de marzo de 1929.
Construcción del estadio
Uno de los puntos que resaltaba del programa era reunir fondos para adquirir terrenos que permitieran levantar un estadio y un gimnasio próximo a la ciudad, con velódromo, piscina y oficinas.
El capitán Cañas había insistido en que la confederación debía promover algunos principios éticos y estratégicos como, trabajar por la creación de parques, en plazas de juegos infantiles supervisados por profesores especialistas; la instalación de baños públicos y de bibliotecas con obras escogidas sobre educación física. Se debía fomentar los deportes desconocidos y más apropiados al clima magallánico, contratando entrenadores para que dictaran cursos teóricos y prácticos; al mismo tiempo, se imponía la erradicación del alcoholismo en los campos deportivos.
Estas ideas se emplearon cuando la Confederación buscó recursos entre autoridades de gobierno, municipios y empresas locales. Se había iniciado la campaña para erigir un estadio en un plazo no superior a seis años.
La tarea fue en extremo difícil. Después de varias reuniones se logró encontrar un terreno que podía aprovecharse por su extensión, ubicado tras el Cementerio Municipal. Eran inicialmente, 10.807,60 metros cuadrados. A continuación, la Municipalidad jugó un rol primordial facilitando los permisos para la ocupación de la calle Lautaro Navarro y cediendo el sitio de la necrópolis que continuaba después de la planicie que daba a la Avenida Bulnes, lo que totalizaba 73.971, 69 metros cuadrados.
El problema mayor que debieron enfrentar, luego de la adquisición, el 14 de marzo de 1930 en cuarenta y cinco mil pesos de la época de la manzana N°219 circunscrita a las calles Rómulo Correa, O’Higgins, Carrera y la mencionada Lautaro Navarro, fueron las arduas labores de relleno de la laguna y de los pantanos adyacentes, tapiados con un metro y medio de desperdicios por soldados del Regimiento Pudeto.
Tanto Cañas como otros miembros de la Confederación siempre tuvieron presente que la creación del estadio era una solución parcial a los ingentes problemas y necesidades que demandaba la comunidad deportiva. Por una parte, su cercanía con el cementerio donde se divisaban claramente las modestas tumbas del sector oriente; por otra parte, estaban los sitios baldíos y los inmensos pantanos del lado norte que en aquel momento se vaciaban en el mar y el defectuoso sistema de acceso al recinto por una calle que debía conectar con otra para alcanzar la Avenida Bulnes, lo que hacía muy difícil la realización de espectáculos masivos.
Pese a todas las adversidades, el grupo de soldados del Pudeto a cargo de los suboficiales Pedro Bitterlich y Fabriciano Garrido, bajo la égida rectora de Cañas, no disminuyeron un ápice los trabajos, incluso en los meses de invierno. El primer objetivo de la obra fue la construcción de la cancha de fútbol y la pista atlética, esta última proyectada por el maestro de aquella rama deportiva, Carlos Strutz. Para conseguir la habilitación de la cancha, los soldados debieron abrir zanjas para su drenaje, las que fueron rellenadas con piedras para facilitar el escurrimiento del agua, saneando de esta forma el campo deportivo en su conjunto.
La Confederación, tuvo en Ricardo Cárcamo al capataz encargado de la supervisión total de la obra, mientras que, el ingeniero municipal Fortunato Ciscutti y luego, el inspector de caminos de la corporación edilicia, Alberto Asenjo, se hicieron cargo del diseño de la cancha de fútbol y la pista atlética.
Las tribunas fueron proyectadas con los planos del también ingeniero del municipio, Abel Munizaga. Por espacio de varios meses, obreros de la construcción, soldados del Pudeto y trabajadores municipales, fueron dando forma a la estructura del recinto capaz de albergar a dos mil personas. Finalmente, la pista atlética fue utilizada por primera vez a fines de 1935 y el estadio con sus tribunas, inaugurado con gran solemnidad, el 12 de enero de 1936.
Algunas mejoras
El estadio fue el punto de encuentro escogido para que la comunidad puntarenense expresara su reconocimiento al Presidente de la República Pedro Aguirre Cerda y comitiva en noviembre de 1939, lo que no fue óbice para que en los años siguientes y de acuerdo con lo planeado originalmente, se introdujeran distintas mejoras en su estructura como la habilitación de camarines, protección lateral con vidrieras y un revoque general, estrenados en 1942.
El velódromo inaugurado en 1945, fue diseñado por el arquitecto Carlos Descourvieres por un monto total de ciento cincuenta mil pesos de entonces; a su vez, se remplazaron los cercos con planchas de zinc de calle O’Higgins y del lado del cementerio por ladrillos de cemento, trabajos ejecutados por los contratistas Nativo Guisante y Guillermo Aguila; en tanto, la empresa de los hermanos Carlos y Gustavo Zanzi se encargó de materializar las instalaciones del alumbrado eléctrico en todas las dependencias del recinto.
El 12 de octubre de 1987, se bautizó y colocó una placa al estadio con el nombre de Ramón Cañas Montalva.




