Antártica: la ciencia se prepara en Magallanes
Que los laboratorios del Instituto Antártico Chileno (Inach) se hayan convertido en la antesala del primer crucero Cimar 1 Antártico no es un hecho menor ni protocolar. Es la expresión concreta de una política científica que, cuando se articula desde el territorio, puede transformar a una región extrema en un nodo estratégico de conocimiento para el país y el mundo.
La próxima travesía del rompehielos Almirante Óscar Viel en aguas antárticas, bajo el programa Cimar coordinado por el Comité Oceanográfico Nacional (Cona) y el Shoa, representa un hito institucional. No solo porque marca la primera campaña formal de este tradicional programa en el Continente Blanco, sino porque pone a prueba la capacidad de Chile de integrar plataformas navales, universidades y centros de investigación en una lógica colaborativa y descentralizada.
En ese engranaje, Magallanes no puede ser solo el puerto de zarpe. Debe ser -y está llamada a consolidarse como- el cerebro científico de las operaciones antárticas nacionales. La visita de investigadores de distintas universidades a los laboratorios del Inach demuestra que existe infraestructura, equipamiento y capital humano avanzado instalado en la región. Microtomografía, biología molecular, microscopía, gliders oceanográficos y acuarios especializados no son adornos institucionales: son herramientas que permiten generar evidencia robusta en un escenario global donde la Antártica es clave para comprender el cambio climático y la dinámica del océano Austral.
Sin embargo, el desafío no es únicamente tecnológico. Es estratégico. Chile posee una condición geográfica privilegiada respecto del Continente Blanco, pero esa ventaja solo se transforma en liderazgo real cuando existe continuidad presupuestaria, planificación de largo plazo y una política de Estado coherente. La ciencia antártica no puede depender de ciclos administrativos ni de voluntades circunstanciales. Requiere estabilidad, coordinación interinstitucional y una mirada que trascienda gobiernos.
El Cimar 1 Antártico también es una señal en otro sentido: la necesidad de evaluar y fortalecer nuestras plataformas operativas. Probar las capacidades del Viel como buque científico no es un ejercicio simbólico, es una obligación en un contexto donde la competencia internacional por presencia y conocimiento en la Antártica es cada vez más intensa. La diplomacia científica forma parte del Sistema del Tratado Antártico, y el peso de un país en ese foro se mide, en gran parte, por la calidad y continuidad de su investigación.
Desde esa perspectiva, el rol del Inach como articulador del Programa Nacional de Ciencia Antártica (Procien) cobra aún mayor relevancia. No se trata solo de coordinar proyectos, sino de consolidar un ecosistema donde universidades, Armada, centros de investigación y comunidad regional dialoguen de manera permanente. Magallanes tiene la oportunidad de posicionarse no solo como puerta de entrada logística, sino como capital científica polar de América del Sur.
Pero para que esa aspiración se concrete, el país debe entender que invertir en ciencia antártica no es un lujo ni un gesto académico. Es una decisión estratégica vinculada a soberanía, proyección internacional y comprensión de fenómenos ambientales que impactan directamente en nuestras costas, pesquerías y clima.




