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Las tensiones que preceden el cambio de mando de Boric a Kast

Martes 24 de Febrero del 2026

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Libio Pérez Zúñiga/Diario Red

De pronto, casi sin aviso, la política exterior chilena se ha visto involucrada en la vorágine de la disputa geopolítica, a solo días del 11 de marzo cuando cambia el gobernante que ocupará el sillón presidencial de La Moneda. 

Las turbulencias más fuertes que preceden al cambio de mando entre el presidente Gabriel Boric y el derechista José Antonio Kast se están produciendo, principalmente, en el campo de las relaciones exteriores, con tensiones que involucran sanciones de Estados Unidos a altos funcionarios chilenos por la participación de estos en negociaciones con China para instalar un cable de fibra óptica submarino; la postulación de la expresidenta Michelle Bachelet a la secretaría general de la Onu, con apoyo de México y Brasil; y el grave deterioro de las condiciones de vida del pueblo cubano tras el endurecimiento del bloqueo de EE.UU. y las acciones solidarias de América Latina.

La mañana del viernes pasado, el Departamento de Estado de EE.UU. sorprendió al gobierno chileno al difundir una declaración en la que anunció que serían revocadas las visas de tres altos funcionarios de la administración de Boric porque «socavaron la seguridad regional» al mantener contactos con empresas chinas para el desarrollo de un proyecto para un cable submarino de fibra óptica que uniría a Hong Kong y el puerto de Valparaíso en Chile.

Según el comunicado suscrito por el jefe de la diplomacia de EE.UU., Marco Rubio, los tres funcionarios chilenos han sido responsables de “dirigir, autorizar, financiar, brindar apoyo significativo y/o llevar a cabo actividades que comprometieron infraestructura crítica de telecomunicaciones y socavaron la seguridad regional en nuestro hemisferio”.  

La intromisión de Rubio no se quedó ahí y argumentó que “el legado del gobierno de Boric quedará aún más empañado por acciones que socavan la seguridad regional en detrimento último del pueblo chileno”. Tanto Boric -desde Isla Rapa Nui, donde estaba de gira-, como el canciller Alberto van Klaveren fueron enfáticos en negar la intencionalidad de vulnerar la seguridad regional y rechazaron “en los términos más enérgicos” las acusaciones de Rubio.

La Cancillería chilena citó al embajador estadounidense, Brandon Judd, para solicitar más información y entregarle una nota de protesta al gobierno de Donald Trump. Los funcionarios chilenos afectados por la revocación de sus visas son el ministro de Transporte y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, el subsecretario de la repartición y su jefe de gabinete. El cable submarino de comunicaciones que el gobierno de Trump estima que “podría representar una amenaza a su seguridad”, está en evaluación, dijo el canciller van Klaveren, quien además tildó de falsas las apreciaciones vertidas por Rubio en su comunicado. 

Rubio, que ha confirmado su asistencia al cambio de mando presidencial el próximo 11 de marzo en representación de Trump adelantó que espera “con interés avanzar en las prioridades comunes, incluidas las que refuerzan la seguridad en nuestro hemisferio, con la próxima administración Kast”. El mismo viernes añadió a través de su cuenta “X”: “La administración Trump continúa protegiendo la prosperidad económica de EE.UU. garantizando la paz y la seguridad en nuestro hemisferio. Hoy, el Departamento de Estado tomó medidas para imponer restricciones de visas a los EE.UU. a funcionarios del gobierno chileno que actúan en contra de nuestros intereses y perjudican la seguridad regional”. 

Kast guardó silencio sobre las medidas de Trump, los comentarios de Rubio y optó por delegar la vocería a su futuro ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna. “Lo primero es reiterar lo obvio: quien lidera y es responsable de la política exterior de Chile es el Presidente de la República, don Gabriel Boric, y su intermediario, el canciller Alberto van Klaveren, por lo que no nos corresponde comentar las declaraciones o decisiones que se tomen en esta materia antes del 11 de marzo”, dijo el futuro canciller, para agregar que el gobierno entrante “efectuará sus esfuerzos para mantener las mejores relaciones con todos los países y renovar un espíritu constructivo y colaborador con todas las naciones”. 

El flácido comentario del futuro jefe de la diplomacia chilena no tuvo símil en los parlamentarios derechistas, quienes acusaron a Boric -como hizo el senador Rojo Edwards- de “cobarde” y “dejar plantada una bomba” para el futuro gobierno de Kast, quien deberá tomar una decisión sobre el reclamo de la administración Trump y definir la continuidad o no del proyecto para la instalación del cable submarino. 

No será la única decisión de política exterior que deberá afrontar Kast cuando se instale en La Moneda. Durante la última asamblea de la Onu, Boric anunció la intención de postular a la expresidenta Michelle Bachelet a la secretaría general de la Onu, candidatura que fue inscrita hace dos semanas con el apoyo de la presidenta de México Claudia Sheinbaum y el gobernante brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. La postulación ha sido cuestionada por las derechas chilenas que son refractarias a la ex mandataria socialista y que además cuestionan a la Onu como organismo multilateral. Kast ha soslayado un pronunciamiento sobre la iniciativa y ha dicho que espera hablar con Sheinbaum y Lula antes de tomar una decisión. La posición en que se encuentra es claramente incómoda. 

Más claro fue su rechazo a la decisión del gobierno de Boric de donar 1 millón de dólares a través de Unesco a Cuba, para ayudar a mitigar los efectos del endurecimiento del bloqueo estadounidense a la isla socialista. El presidente ultraderechista calificó el envío como “un apoyo directo a un régimen dictatorial” y que “el mayor bloqueo que vive el país caribeño es no permitir el desarrollo de la ciudadanía en el emprendimiento, que llegue tecnología”. Insistió en que “cualquier ayuda humanitaria tiene que pasar, necesariamente, porque se exija democracia y eso no lo he visto”. 

De estos asuntos podrá hablar con Marco Rubio el 11 de marzo próximo, cuando junto a unos doce gobernantes, entre ellos Javier Milei (Argentina), Viktor Orban (Hungría), Giorgia Meloni (Italia), Rodrigo Paz (Bolivia), Nayib Bukele (El Salvador) y Daniel Noboa (Ecuador), entre otros, asista a la asunción del presidente ultraderechista. 

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