Slow is beautiful…
¿Por qué será que en Chile andamos todos acelerados?
Cesantes, ejecutivos y hasta jóvenes ociosos se aceleran para conseguir quien sabe qué cosa.
Y lo curioso es que si usted se da el gusto de andar en cámara lenta y con rostro despreocupado, va a pasar por un tipo inconsciente, irresponsable y que no está en consonancia con los tiempos.
En plena Plaza de Armas me encontré hace poco con un amigo que caminaba raudo, urgido, como telegrama.
Lo saludé y le dije:
– Hola Lucho, ¿para dónde vas?
Me respondió casi en forma automática:
– No tengo idea, pero voy apurado.
Y conste que mi amigo es cesante consuetudinario. En parte porque el sistema no lo ha tratado bien, porque fue durante años dependiente de las tarjetas de La Polar y en parte por culpa de él mismo. Luchito es de los que sabe hacerle un dribbling al trabajo. Digamoslo derechamente: es flojo rematado. Cuando ve un colchón se le hace agua la espalda.
Lo que me inquieta es ver a todo un país como queriendo batir el record mundial de aceleramiento.
Esta adicción a la prisa ya parece pandemia. Es contagiosa y deja el sistema nervioso tan alterado como un taxímetro.
Parece que transitar sereno, calmo y dueño de sí mismo es estar fuera de onda.
He llegado a la conclusión que esta verdadera “enfermedad del tiempo” es sintomático de un malestar existencial más profundo. Pareciera que la gente arrancara de sí mismo, como teniendo enfrentar sus desdichas y reveses personales.
Kundera estima que la velocidad nos ayuda a bloquear el horror y la aridez del mundo moderno. Puede ser.
Hoy la gente no quiere leer libros, quiere leer resúmenes, no quiere disfrutar de una buena comida casera: prefiere el fast food. No quiere ver películas, pues se conforma con la sinopsis y las guaguas ya dejaron de nacer a los nueve meses de casados. Es la época del apuro, del presente instantáneo y el tiempo de la emergencia.
Debemos aprender a detenernos.
De seguir así, me imagino que hasta la vida de las guaguas será distinta en un tiempo más. Más que hijas de la calma, serán esclavas de un mundo dependiente, ultramoderno y escasamente humano.
Para muestra un botón:
LA VIDA DE UNA GUAGUA
EN EL AÑO 2040
3 meses: Pide la teta…por Internet.
4 meses: Le rechazan el número de tarjeta y la teta no le llega
7 meses: Pierde el control remoto del andador.
9 meses: Balbucea su primera palabra: ¡web!
7 años: A través de un amigo hacker modifican resultados y termina la enseñanza básica en una tarde.
14 años: Su primera experiencia sexual por computadora. Conoce a Apple, una joven de compucompras.com
25 años: Mueren sus padres, escanea las cenizas y las guarda en el disco duro.
47 años: Lo agarra el Efecto 2045 y fallece. No es enterrado ni cremado. Sólo “Delete”.
¿Ven ustedes a lo que podemos llegar si no bajamos el ritmo trepidante que llevamos?
En un mundo de gente apurada que no va a ninguna parte, me quedo con el ocio creativo.
Hasta la próxima…




