La alerta de la gripe aviar: Chile refuerza medidas ante brotes en la región
La confirmación de nuevos brotes de influenza aviar en Argentina y Uruguay ha activado las alertas sanitarias en Chile, donde el Servicio Agrícola y Ganadero (Sag) intensifica la vigilancia y las medidas de bioseguridad. Expertos destacan la necesidad de cooperación regional y comunicación clara para proteger la salud animal y humana.
La influenza aviar es causada por virus tipo A y afecta principalmente a aves domésticas y silvestres. Subtipos como H5 y H7 pueden generar mortalidad masiva y graves pérdidas económicas. Su transmisión ocurre por secreciones, saliva, heces y contacto con superficies contaminadas, facilitando la dispersión en rutas migratorias de aves silvestres.
El Sag ha intensificado la inspección de planteles avícolas, criaderos de traspatio y muestreo en aves silvestres, además de reforzar medidas de bioseguridad y campañas de educación ciudadana. La colaboración entre sector público, productivo y la ciudadanía se considera clave para mantener el estatus sanitario del país y evitar restricciones comerciales.
El enfoque One Health enfatiza la interconexión entre salud animal, humana y ambiental, reconociendo que factores como migración de aves, comercio internacional y cambio climático influyen en la dinámica del virus. Así, la influenza aviar no solo es un desafío productivo, sino un asunto sanitario global.
Al respecto, el Dr. Claudio Cabello, director del Centro de Investigación de Resiliencia a Pandemias de la Universidad Andrés Bello, hizo ver que, aunque el país mantiene su condición sanitaria favorable, la experiencia reciente demuestra que la gripe aviar es una amenaza dinámica que exige vigilancia permanente, cooperación internacional y comunicación clara con la ciudadanía.
Desde el punto de vista epidemiológico, la enfermedad puede presentarse en dos formas: baja patogenicidad y alta patogenicidad. La primera suele generar síntomas leves o incluso ausencia de signos clínicos, mientras que la segunda provoca cuadros graves con elevada mortalidad. Los brotes recientes en Sudamérica corresponden principalmente a virus altamente patógenos, lo que explica la preocupación de autoridades sanitarias y productivas.
En aves domésticas, la gripe aviar se manifiesta mediante disminución del apetito, reducción en la postura de huevos, problemas respiratorios, hinchazón en cabeza y cresta, diarrea y muerte súbita. En aves silvestres, la enfermedad puede pasar desapercibida, lo que favorece su dispersión geográfica. Esta característica convierte a la fauna migratoria en un factor clave en la dinámica epidemiológica del virus.
El Dr. Cabello advierte que, aunque la transmisión a humanos es poco frecuente, la influenza aviar tiene potencial zoonótico. “Los casos registrados en personas se asocian principalmente a contacto estrecho con aves infectadas o ambientes contaminados. Los síntomas en humanos incluyen fiebre, tos, dolor muscular y, en casos graves, neumonía. A pesar de ello, el riesgo poblacional se mantiene bajo debido a la limitada transmisión entre personas”, plantea.
Uno de los aspectos más relevantes de la gripe aviar es su impacto económico. “La enfermedad obliga al sacrificio sanitario de aves infectadas y expuestas, generando pérdidas directas en la producción. Además, los brotes pueden provocar restricciones comerciales, suspensión de exportaciones y aumento de precios de productos avícolas”, hace ver el profesional.
Chile ha experimentado previamente los efectos de la influenza aviar, incluyendo cierre temporal de mercados internacionales y costos asociados a vigilancia y control sanitario.
Para Cabello, esta experiencia ha permitido fortalecer la capacidad de respuesta del país, posicionándolo como referente regional en prevención y manejo de la enfermedad.
Ante el escenario actual, destacó que el Sag ha intensificado la vigilancia zoosanitaria en todo el territorio nacional. Entre las medidas adoptadas se incluyen muestreo en aves silvestres, monitoreo en planteles avícolas, inspecciones en criaderos de traspatio y coordinación interinstitucional. Estas acciones buscan detectar precozmente la presencia del virus y evitar su propagación.
Asimismo, el Sag ha reforzado el llamado a implementar medidas de bioseguridad en sistemas productivos, tales como control de ingreso a instalaciones, uso de barreras sanitarias, desinfección de equipos y separación de aves domésticas y silvestres. La bioseguridad constituye la principal herramienta para reducir el riesgo de introducción del virus en planteles comerciales.
Otra medida relevante es el fortalecimiento de campañas de educación y denuncia temprana. La notificación oportuna de aves enfermas o muertas permite activar protocolos sanitarios y evitar la diseminación del virus. En este sentido, la participación de la ciudadanía resulta fundamental para el éxito de la estrategia preventiva.
Interconexión entre
salud animal, humana
y ambiental
Uno de los puntos que expone Cabello es que la influenza aviar también pone de relieve la importancia del enfoque One Health, que reconoce la interconexión entre salud animal, humana y ambiental. La migración de aves, el comercio internacional y el cambio climático influyen en la dinámica del virus, lo que exige respuestas integradas y cooperación regional. Este enfoque permite comprender la enfermedad no solo como un problema productivo, sino como un desafío sanitario global.
“Desde la perspectiva de salud pública, la principal preocupación radica en la posibilidad de mutaciones virales que faciliten la transmisión entre humanos. Aunque este escenario es poco probable en el corto plazo, la vigilancia epidemiológica y la investigación científica son esenciales para anticipar riesgos y fortalecer la preparación ante eventuales emergencias”, señala.
Cabello apunta que es importante destacar que el consumo de carne de ave y huevos bien cocidos es seguro, ya que el virus se inactiva con la cocción. Las autoridades sanitarias enfatizan que no existe riesgo para la población a través de la cadena alimentaria formal, lo que contribuye a evitar alarmas innecesarias.
“El brote regional actual debe entenderse como una oportunidad para reforzar la prevención y consolidar aprendizajes adquiridos en episodios previos. La experiencia demuestra que la detección temprana, la bioseguridad y la comunicación efectiva son pilares fundamentales para controlar la enfermedad”, insta.
Finalmente, el experto plantea que, en un contexto global caracterizado por la emergencia de enfermedades zoonóticas, la influenza aviar representa un recordatorio de la necesidad de fortalecer sistemas de vigilancia y cooperación internacional. “La pandemia de Covid‑19 evidenció la importancia de la preparación ante amenazas sanitarias emergentes, y la gripe aviar se inscribe en esta lógica de riesgos compartidos”, hace ver y agrega:
“Chile enfrenta este escenario con una institucionalidad robusta y experiencia acumulada, pero el contexto regional obliga a mantener la alerta. La vigilancia activa del Sag, el compromiso del sector productivo y la participación ciudadana constituyen elementos clave para proteger el estatus sanitario del país.
Más allá del impacto inmediato, la influenza aviar plantea desafíos estructurales vinculados a la sostenibilidad de sistemas productivos, la conservación de ecosistemas y la seguridad alimentaria. La integración de estos factores permitirá avanzar hacia estrategias más resilientes frente a enfermedades emergentes.
En definitiva, el reciente brote de gripe aviar en países vecinos no debe interpretarse como una crisis inminente, sino como una señal de alerta que invita a fortalecer la prevención y la cooperación regional. La vigilancia permanente, la bioseguridad y la educación sanitaria son herramientas esenciales para enfrentar este desafío y proteger tanto la salud animal como la humana”.




