Fragilidad laboral
La publicación del último boletín estadístico del Instituto Nacional de Estadísticas (Ine) ha dejado de ser un mero trámite administrativo para convertirse en una cruda señal de alerta para Magallanes. Las cifras correspondientes al trimestre móvil noviembre 2025 – enero 2026 no solo rompen con la histórica estabilidad de la zona, sino que exponen una vulnerabilidad estructural que demanda una reflexión profunda y urgente de todos los sectores productivos y políticos.
La cifra más impactante, y que debe situarse en el centro del debate, es la tasa de desocupación regional del 7%. Lo preocupante no es solo el número en sí, sino la velocidad de su ascenso: un incremento de 3,1 puntos porcentuales en apenas doce meses. Este salto estadístico se traduce en una realidad social dolorosa, pues el número de personas desocupadas en nuestra región se disparó un 80,6%, alcanzando a 7.334 hombres y mujeres que hoy buscan, sin éxito, una oportunidad para sustentar a sus familias.
¿Qué está fallando en el motor económico magallánico? Al analizar los datos, observamos que la fuerza de trabajo creció un 2%, pero el mercado fue incapaz de absorber esta demanda; por el contrario, la cantidad de personas ocupadas disminuyó un 1,2%. No estamos ante un fenómeno estacional, sino ante una contracción real que ha golpeado con fuerza a sectores que tradicionalmente sostienen el empleo local. El comercio (-8,7%), la administración pública (-8,1%) y la industria manufacturera (-8,3%) lideran las caídas en la ocupación, dejando un vacío que el crecimiento en transporte o salud no alcanza a compensar.
La brecha de género añade otra capa de inquietud a este escenario. Mientras el desempleo masculino subió a un 6,6%, la desocupación femenina escaló al 7,4%, con un incremento alarmante del 93% en la cantidad de mujeres desocupadas en comparación con el año anterior. Es particularmente dramático el caso de las mujeres jóvenes (15 a 34 años), cuya ocupación retrocedió un 9,8%. Si a esto sumamos que la tasa de presión laboral femenina llega al 16,3%, queda claro que las magallánicas están enfrentando las barreras más altas para acceder y permanecer en el mundo del trabajo.
Otro dato que no debe pasar desapercibido es el deterioro de la calidad del empleo. Si bien la informalidad se mantiene en un 20,2%, la tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial se sitúa en un 14,7%. Esto significa que casi un 15% de nuestra fuerza laboral está en una situación de subutilización, ya sea porque no encuentran trabajo o porque han dejado de buscarlo activamente pese a estar disponibles. Además, la caída del 25% en los empleos de jornada completa sugiere que los puestos de trabajo que se están perdiendo son precisamente aquellos que ofrecen mayor estabilidad y mejores ingresos.
No podemos permitir que el desempleo se normalice en niveles que hace años nos parecían impensables. La caída del empleo por cuenta propia en un 8,1% indica que incluso el emprendimiento de subsistencia está fallando. Es imperativo que las autoridades regionales y el sector privado dejen de mirar estas cifras como simples porcentajes y comiencen a diseñar estrategias de reactivación que reconozcan que la economía austral enfrenta un momento de fragilidad que requiere medidas excepcionales. La cohesión social de Magallanes depende de nuestra capacidad para recuperar la dignidad del trabajo.




