Reescribiendo los límites del océano: por primera vez filman un tiburón en las heladas profundidades de la Antártica
-
Un registro extraordinario capturado por investigadores del Minderoo-UWA Deep-Sea Research Centre muestra a un tiburón durmiente nadando a casi 500 metros bajo el agua en el océano Antártico, desafiando la creencia científica de que los tiburones no habitan esas aguas casi congeladas. Los detalles de esta sorprendente observación fueron publicados el martes pasado en National Geographic
El pasado enero de 2025, en medio de una misión para documentar la biodiversidad en aguas profundas de la Antártica, un conjunto de cámaras submarinas instaladas por el Minderoo-UWA Deep-Sea Research Centre captó lo que hasta entonces era considerado altamente improbable: un tiburón nadando en las frías y oscuras profundidades del océano austral. Las imágenes, que fueron publicadas en National Geographic en su edición del martes recién pasado 24 por Annie Roth, revelan a un tiburón sleeper -conocido también como tiburón durmiente- desplazándose en aguas donde la temperatura ronda apenas poco más de un grado sobre el punto de congelación.
Este hallazgo desafía décadas de suposiciones científicas según las cuales los tiburones no podían habitar aguas antárticas tan próximas a la congelación permanente. Tradicionalmente, la presencia de tiburones se había observado en océanos fríos como el Ártico o en zonas más templadas, pero nunca tan al sur ni en condiciones tan extremas. La nueva evidencia sugiere que el océano Austral, pese a su aislamiento y temperaturas extremas, puede ofrecer nichos ecológicos que estos escualos pueden explotar.
El tiburón observado medía aproximadamente entre 2 y 3 metros de longitud y fue visto en una zona frente a las islas Shetland del Sur, cerca de la Península Antártica. La filmación se produjo gracias a cámaras sumergidas en capas profundas del océano, donde las condiciones de luz son mínimas y la presión es intensa. Para los científicos, esto no solo confirma que los tiburones pueden soportar entornos extremadamente fríos, sino también que pueden estar presentes en ecosistemas marinos mucho más remotos de lo que se pensaba.
Biológicamente, los tiburones durmientes -incluyendo parientes cercanos como el tiburón de Groenlandia, famoso por su extraordinaria longevidad- están adaptados a aguas frías y a un metabolismo sumamente lento, lo que les permite conservar energía y sobrevivir en ambientes que resultarían letales para otras especies. Algunos estudios sugieren que especies afines pueden vivir más de 400 años, gracias a genes asociados con la reparación del ADN y funciones inmunológicas reforzadas. Estos mecanismos contribuyen a su increíble resistencia física y longevidad en ambientes duros.
A pesar de lo espectacular del registro visual, los investigadores advierten que aún no está claro si este tiburón es un visitante ocasional o si existe una población más amplia que habita regularmente las profundidades del océano antártico. La observación fue posible porque la cámara se situó en una capa relativamente más cálida dentro de las aguas estratificadas, lo que sugiere que estas especies podrían moverse a través de «corredores térmicos» bajo el agua que facilitan su presencia más al sur de lo esperado.
El descubrimiento plantea nuevas preguntas sobre la distribución de la vida marina en regiones polares y sobre cómo los cambios ambientales -incluido el calentamiento del océano- podrían influir en la expansión o adaptación de especies tradicionalmente asociadas con otras latitudes. Más allá de su rareza, este tiburón filmado en la Antártica subraya cuánto queda por explorar en los océanos profundos del planeta y cómo tecnologías de observación remota están comenzando a revelar sus secretos.
El registro de este tiburón durmiente en las aguas antárticas no solo modifica mapas de biodiversidad marina, sino que también inspira una reevaluación de cómo las especies más resistentes del océano sobreviven y se adaptan a condiciones extremas. Así, el hallazgo publicado en National Geographic se convierte en un hito que invita a repensar nuestra comprensión de los límites ecológicos en uno de los rincones más inhóspitos de la Tierra.
Tiburones de Groenlandia pueden vivir por siglos
Un nuevo análisis del genoma completo del tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) -publicado en National Geographic- ofrece claves sobre la extraordinaria longevidad de esta especie, considerada el vertebrado más longevo del planeta. El estudio revela que estos tiburones, que habitan las frías aguas del Ártico y el Atlántico Norte, pueden vivir cientos de años, con estimaciones que sugieren vidas de hasta unos 400 años o más. Esta longevidad extrema va acompañada de un periodo juvenil sorprendentemente largo: los tiburones de Groenlandia tardan más de un siglo en alcanzar la madurez sexual.
Los investigadores lograron ensamblar por primera vez el genoma completo de esta especie, descubriendo que posee alrededor de 22.634 genes y unos 6,45 mil millones de pares de bases, casi el doble que los humanos. Entre los hallazgos más relevantes están las abundantes secuencias conocidas como “genes saltarines” o transposones, muchas de las cuales pueden estar vinculadas con genes de reparación del ADN, un proceso clave para mantener la estabilidad genética y evitar daños que normalmente se acumulan con la edad. Además, se identificó una versión modificada del gen TP53, conocido por su papel en la prevención del cáncer y la reparación del ADN, lo que podría contribuir a la resistencia al envejecimiento.
Aunque estos descubrimientos no significan que los humanos puedan vivir siglos, sí proporcionan modelos valiosos para comprender mejor los mecanismos biológicos del envejecimiento y cómo algunas especies desarrollan adaptaciones genéticas únicas para mantener su salud durante periodos de vida excepcionalmente largos.




