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Viviendo un tiempo de cambios

Por Marcos Buvinic Domingo 1 de Marzo del 2026

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Luego de unas semanas vacacionales, volvemos a compartir estas reflexiones dominicales con los amables lectores de estas columnas. Por más que el calendario nos anuncie que el año comienza en enero, los hechos nos dicen que el año “real” comienza en marzo, y así nos disponemos a vivir un tiempo de cambios.

Hay cambios que son evidentes, como que dentro de pocos días asumirán sus funciones las nuevas autoridades que fueron elegidas para servir al bien común del país. También hay otros cambios visibles, como el cambio climático, o las familias que se trasladan a vivir a otra región, o los cambios en la vida de los jóvenes que parten a estudiar al norte del país, y un largo etcétera. Pero todas las personas experimentamos que, en la vida de cada uno, los cambios más importantes son aquellos que no aparecen como evidentes y que son fruto de una decisión de vivir de otro modo y con otros criterios.

Un tiempo nuevo no es más de lo mismo, sino una invitación a vivir de un modo mejor; por eso es un llamado a la creatividad, a construir la vida con esperanza renovada y a abrirse a un tiempo de cambios. Es una invitación a luchar por los propios proyectos, a situarnos de un modo nuevo ante las situaciones nuevas, a desempolvar y dar vigencia a los buenos propósitos que hicimos a fines del año pasado, para que este no sea una simple reiteración del anterior, porque este año aún falta vivirlo y —ciertamente— puede ser vivido de un modo nuevo y mejor.

Para los cristianos, este tiempo acentúa fuertemente la invitación al cambio, pues hace diez días, en el llamado “Miércoles de Ceniza”, hemos iniciado el tiempo de Cuaresma, un tiempo de preparación para la celebración de la Pascua del Señor Jesús, es decir, su muerte y resurrección, que tiene lugar en la llamada “Semana Santa”.

La Cuaresma es un tiempo de conversión, y eso significa cambios profundos. Es una ocasión propicia para verificar si nuestro estilo de vida y nuestros proyectos están según el plan de Dios para nuestra vida y nuestro mundo. Es tiempo de conversión, de acoger la gracia de Dios que nos mueve a un cambio real en nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar, para vivir según el Señor Jesús y su Evangelio. Esta verificación solo es posible si tenemos el coraje de confrontarnos con la Palabra de Dios, que siempre nos llama a cambios en nuestra vida.

Este proceso que cada cristiano vive en su propia persona también tenemos que vivirlo juntos, como Iglesia y como comunidad de discípulos del Señor Jesús. Como Iglesia, siempre necesitamos mirar con hondura y verdad el modo en que estamos siendo esa comunidad de discípulos de la novedad del amor de Dios en nuestro mundo, para así poder realizar los cambios necesarios. Las palabras con que hemos iniciado el tiempo de Cuaresma —“conviértete y cree en el Evangelio”— son un llamado a una conversión personal y comunitaria.

En este tiempo de cambios, todos estamos llamados —cristianos o no cristianos— a una renovación de nuestra vida y de la manera de vivirla. Para los cristianos, esto significa acoger, personal y comunitariamente, el llamado del Señor Jesús al cambio más hondo y radical, que es la conversión al Evangelio, del cual dependen todas las transformaciones en nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar en la organización de nuestra vida personal, así como en nuestro modo de ser Iglesia.

Asimismo, este tiempo nuevo significa, para todas las personas, un llamado a vivir de manera renovada según los anhelos y esperanzas más hondas del corazón humano, aquellas que sentimos y deseamos de verdad para nosotros y para los demás, y a jugarnos por alcanzar esos anhelos y esperanzas que nos hacen más y mejores seres humanos.

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