“Sentado frente al mar…” (primera parte)
Si un día cualquiera tenemos la fortuna de pasear por la Costanera de la ciudad de Puerto Montt, probablemente lo primero que nos salte a la vista y más nos llame la atención será la inmensa escultura-estatua de una pareja sentada mirando el mar. Basta una ojeada de refilón y de inmediato nos viene a la memoria la canción del conjunto uruguayo Los Iracundos: “Sentado frente al mar, mil besos yo le di…”. Es decir, la estatua es la canción que, en su estribillo, arremete: “Puerto Montt, Puerto Montt, me alejé de ti sin saber por qué/ y yo la dejé sola frente al mar, bajo el cielo azul de Puerto Montt”. Las estrofas remiten simplemente a una historia de amor; la mención a Puerto Montt en el estribillo aparece un tanto desconectada de aquellas. Podríamos sumar a su favor las alusiones al mar, al viento o al cielo azul, pero estos elementos no los encontramos exclusivamente en la citada localidad.
Como sea, la composición se ha convertido en el himno no oficial de la ciudad. En general, todas las ciudades tienen un “himno oficial”: el que ganó un concurso o festival, o fue hecho “a pedido”, y luego es validado mediante un decreto de la correspondiente autoridad administrativa. Es interpretado en las ceremonias oficiales, se les enseña a los niños en los colegios y eso sería todo.
Pero hay ciudades que tienen la suerte de contar con un himno “no oficial”, que nace del cancionero popular por alguna razón. Son historias de vida, generalmente de amor, que tienen como escenario un determinado lugar. Así nos encontramos con “Venecia sin ti” de Charles Aznavour, “La ciudad de la furia” (Buenos Aires) de Soda Stereo, “Mi Buenos Aires querido” de Gardel o “En Mejillones yo tuve un amor” de Gamelín Guerra.
Estas melodías se enquistan en el gusto y el alma del pueblo sin necesidad de decretos ni ordenanzas oficiales y se transforman en emblema, en símbolo. Los Iracundos dieron la vuelta al mundo (o casi todo el mundo) con “Puerto Montt”; la ciudad fue conocida en todas las latitudes gracias a la canción que, a estas alturas, es su himno.
Los autores de la composición fueron Eduardo Franco y Cacho Valdez, solista y representante, respectivamente, de Los Iracundos. Con ella obtuvieron el segundo lugar en el Segundo Festival de la Canción de Buenos Aires, celebrado en noviembre de 1968, y fue el “hit” del verano de 1969, al menos en Chile, Argentina y Uruguay, reventando los rankings de venta y popularidad. Fue incluida en el long play (vinilo) que, para Argentina y Uruguay, lleva por título simplemente el nombre del conjunto, y en Chile la denominación de Puerto Montt, con una foto de la zona. Es la canción más famosa del grupo; por ello, cuando nos preguntamos o reflexionamos acerca de cuánto le debe Puerto Montt a Los Iracundos, también hay que pensar en cuánto le deben Los Iracundos a Puerto Montt.
Es una canción muy bien construida, en la cual los arreglos le dan un sello distintivo, con esa introducción de guitarra acústica y percusión, y la entrada de los violines en conjunto con el órgano. El estribillo es a gran orquesta, percibiéndose incluso el sonido de una mandolina. La voz de Franco y su calidad interpretativa hacen el resto.
Respecto de Los Iracundos diremos que fue un conjunto de rock surgido en la ciudad de Paysandú, Uruguay, en 1958, con el nombre de Los Blue Kings. En 1964 se trasladan a Argentina, firmando contrato con el sello RCA de ese país y adoptando el estilo pop melódico que los llevó al estrellato. Su formación original (1964-1986) fue: Eduardo Franco (vocalista, compositor y arreglador), Juan Carlos Velázquez (director, baterista y arreglador), Leonardo Franco (primera guitarra), Juan Bosco Zabalo (segunda guitarra), Hugo Burgueño (bajo electrónico y coros) y, en los teclados, Jesús María Febrero (fuente: Wikipedia). De los músicos mencionados, el único sobreviviente es el bajista Hugo Burgueño. El grupo —con esta formación original— vino en dos ocasiones a Punta Arenas.
A estas alturas del partido la pregunta “cae de cajón”: ¿Qué relación había entre Los Iracundos —específicamente Cacho Valdez y Eduardo Franco— y la ciudad sureña para que se inspiraran y crearan la hermosa canción?
Continuará…




