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Humor en el Tercer Reich

Por Jorge Abasolo Jueves 19 de Marzo del 2026

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Eso de que los alemanes son tan fomes como una maratón de tortugas o bailar con la hermana puede ser un mito a la hora de escudriñar el humor de los teutones.

La sorpresa de marca mayor viene ahora desde el país de don Otto y nos habla de un libro francamente revelador. Se titula “Heil Hitler, el cerdo está muerto” y ha sido escrito por el director de cine y guionista alemán Rudolph Herzog, de rostro atrabiliario y tan serio como inauguración de morgue. Esto, hasta antes de escribir el libro porque la obra es una antología de chistes corrosivos que durante la época de horror del Tercer Reich circularon de boca en boca, como una manera de paliar tanto dolor y miseria juntas.

Aunque el libro no ha llegado aún a Chile, un amigo que vive en Hamburgo me lo hizo llegar… y me lo zampé de un zuácate. Le invito a pelarlo. Al libro, no a mi amigo.

El rigor litúrgico al servicio de la maldad impuesto por los alemanes fue francamente ominoso. El año 1944 Marianne Elise K., una trabajadora de una fábrica de municiones de Berlín, en el corazón de Alemania, fue ejecutada. ¿Su pecado? Contar el siguiente chiste:

– Hitler y Goring están de pie en lo alto de la Torre de la Radio Berlín. Hitler hace ver que desea hacer algo para levantar el ánimo de la gente de Berlín, ante lo cual Goring le sugiere, ¿por qué entonces no te lanzas al vacío?

La trágica anécdota aparece en el libro aludido, un trabajo minucioso y que resalta que el humor no se extingue en épocas de horror. En declaraciones a la revista Der Spiegel, Herzog ha dicho que con su libro busca mirar el periodo nazi desde otra óptica y utilizar los chistes como un vehículo para revelar los sentimientos de la gente.

El libro también incluye situaciones ya conocidas en Chile, como la razón por la cual Hitler -en su época de gloria- ya estaba enfermo de los nervios.

¿La causa? Le salían muy caras las cuentas del gas.

Cruel, pero sintomático de que el humor es una válvula de escape que se emplea en momentos en que la gente tiene crispados sus nervios…y el alma les cuelga de un hilo. Puede ser hasta un postrero bastión salvífico.

Trajinando las páginas del libro de marras, uno llega a la conclusión que las personas durante los días del Tercer Reich no estaban hechizadas por la máquina propagandística impulsada por Goebbels. No, no, no. La gente veía los errores dentro del sistema. Que no se atreviera a revelarlos es cuento aparte.

Para nadie es un misterio que Hitler jamás creyó en el coraje de sus aliados, los soldados italianos.

A juicio del Fuhrer, los tanques italianos contaban con cinco marchas.

Una marcha adelante…y cuatro marchas atrás.

Por eso perdieron la guerra.

“¡Heil Hitler, das schwein ist tot!” traducido  al español como “Heil Hitler, el cerdo está muerto” está pronto a llegar a Chile y bien vale la pena encargarlo desde ya.

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