Necrológicas
  • – Ana Luisa Bahamóndez Domic
  • – Jorge Andrés Trautmann Lira
  • – Juan Carlos Vargas Delgado

“Proyecto Fin del Mundo”: Piensa positivo

Domingo 22 de Marzo del 2026

Compartir esta noticia
45
Visitas

En salas de Punta Arenas y Puerto Natales

La idea de que el mundo está a punto de acabarse —como reza el estribillo de una canción bailable y popular— ha sido un combustible inagotable para el cine. Desde cataclismos nucleares, pandemias o amenazas venidas del espacio profundo, Hollywood ha experimentado con todas las variantes posibles: misiones suicidas, carreras científicas contra el tiempo o, las menos frecuentes, una aceptación resignada de que ya no queda nada por hacer.

“Proyecto Fin del Mundo” recoge un poco de todas esas vertientes. Su prólogo nos arroja a una nave espacial donde un tripulante despierta de un largo letargo para descubrir que está irremediablemente solo: el resto de la tripulación ha muerto y él flota sin comprender qué falló.

A partir de ahí, el relato retrocede para mostrarnos el origen de esa misión. Ryland Grace, un aparentemente modesto profesor, es reclutado por la NASA para estudiar un fenómeno inquietante: microorganismos que están sofocando la luz del Sol y del 99,99% de las estrellas. Solo una permanece inmune, brillante y estable. La misión es viajar hasta ella, hallar un punto cercano donde la vida sea posible y así evitar el colapso energético de la Tierra. Grace emprende el viaje sin compañía humana… pero no del todo solo. Tras una escala espacial, se encuentra con un ser alienígena —una mezcla de cangrejo y roca viviente— que proviene de un mundo que enfrenta el mismo peligro.

La cinta bebe de varios clásicos del género. Evoca la mezcla de ciencia ficción y épica de “Armageddon” (1998) y, sobre todo, los ecos temporales y climáticos de “Interestelar” (2014). También dialoga con “The Martian” (2015) de Ridley Scott, y no es casual: Andy Weir, autor de esa novela, también escribió la obra en la que se basa esta película.

El vínculo entre Grace y el alienígena —a quien él bautiza Rocky, tanto por su aspecto mineral como por la obvia referencia pugilística— se vuelve el corazón emocional de la historia. Remite al lazo humano-mecánico de “Interestelar” con los robots TARS y CASE, a la desconfianza de HAL 9000 de “2001: Odisea del espacio”, e incluso al espíritu fraternal de “Enemigo mío” (1985), donde dos enemigos se descubren aliados en un planeta hostil.

Sin embargo, “Proyecto Fin del Mundo” no siempre logra equilibrio. Por momentos parece una secuela ligera de “Guardianes de la Galaxia” o, como ya se ha comentado, una especie de “Interestelar” en tono Disney. Aunque ni Marvel ni Disney están detrás, la estética y la liviandad narrativa sugieren parentescos inevitables.

Aun así, la película tiene méritos: un montaje que combina con habilidad pasado y presente; un Ryan Gosling que sostiene prácticamente todo el peso dramático; y, con intenciones discutibles, un tono optimista que reduce la tensión al mínimo y apuesta por un mundo donde, tarde o temprano, todo se resuelve.

En un tiempo cinematográfico dominado por distopías y fatalismos, este optimismo casi naif puede sentirse extraño, incluso subversivo. O tal vez sea simplemente el reflejo de una producción que nunca encontró la estrella —salvo Gosling— capaz de mantenerla en curso y evitar que extraviara su propio rumbo.

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest