“Soñaba con ser bombera y abogada, y hoy tengo la satisfacción de haberlo logrado”
- Constanza Ojeda Oyarzo es abogada y bombera de la compañía Pompe France. Entró a la brigada a los 10 años siguiendo los pasos de su hermano mayor, y desde entonces no ha dejado la institución. Hoy es la primera mujer ayudante del comandante del Cuerpo de Bomberos de Punta Arenas y representa a tres generaciones de una familia con vocación de servicio.
Por María Pastora Sandoval
Constanza Paz Ojeda Oyarzo tiene 30 años, es abogada y es voluntaria de la Quinta Compañía de Bomberos en Punta Arenas, la Pompe France, a la que pertenece desde que tenía 10 años, a través de la Brigada. No son dos vidas paralelas, sino una sola: la misma persona que estudió Derecho buscando justicia social es la que combate las llamas y que vivió la pandemia durante meses en el cuartel. “Ser bombera ha sido mi vida”, confiesa.
La historia comienza antes que ella. Su bisabuelo, Manuel Ojeda Callahan, fue bombero de la misma compañía, aunque la familia no lo sabía: lo descubrieron revisando los libros históricos de la Pompe France. Su hermano mayor, Jorge Javier, entró a la brigada en 2001. Ella lo siguió a los 10 años, en el afán típico de los hermanos menores de no quedarse atrás. Y un par de meses después, su padre Jorge también ingresó. Tres generaciones, una sola compañía, con un detalle que menciona como curiosidad: los hijos entraron primero que el papá. En la brigada aprendió disciplina, respeto, trabajo en equipo y primeros auxilios. “Al inicio juegas a ser bombero”, recuerda, “pero también te enseñan muchas cosas”.
De los 50 bomberos de la Pompe France, aproximadamente 12 son mujeres. En la comandancia del Cuerpo de Bomberos de Punta Arenas, de 21 personas, son 3, donde ostenta el título de ser la primera mujer ayudante del comandante. Representa a tres generaciones de una familia con vocación de servicio. Ser bombera sigue siendo extraordinario, aunque cada vez menos. “Cuando desfilamos, uno escucha mucho: oye, mira, hay una mujer. Yo soy más visible porque desfilo a la cabeza del cuerpo, con los comandantes”, dice. En su propia compañía la integración fue natural: muchos venían de la brigada, hombres y mujeres que pasaron juntos en tres o cuatro años. “Ya estábamos. Fue seguir no más, pero siendo bomberos”. En algún momento, dice, debería dejar de ser tema el género: “Deberíamos tener igualdad de hombres y mujeres en la fila”.
De todas las emergencias que ha vivido, hay una que no olvida: el incendio del restaurante chino ubicado en Bories, cercano a Ignacio Carrera Pinto. Era de noche. El Club K, al lado, funcionaba a todo volumen. Constanza llegó en el carro y terminó trabajando en el techo del edificio. En algún momento reventaron unos cilindros de gas y todos creyeron que los que estaban arriba habían sufrido un accidente. Su hermano Jorge, que había llegado después, la buscó desesperadamente. Ella estaba en el techo, ilesa. “Recuerdo haber bajado y vi a mi hermano impactado”, admite.
Durante la pandemia, Constanza vivió literalmente en el cuartel. Por las restricciones sanitarias, un grupo de cinco bomberos, cuatro hombres y ella, se instaló a vivir ahí las 24 horas. “Nunca había vivido en un cuartel”, indica. Tuvieron la suerte de contar con el gimnasio del cuartel nuevo, recientemente inaugurado, lo que les permitió armar una rutina para no sufrir tanto el encierro. Entre los cinco estaba su hermano. Es una convivencia que marcó su carrera.
Costos personales
Constanza pasó a ser bombera el 27 de abril de 2012, el día de su cumpleaños, cuando estaba en cuarto medio. Lo que vino después fue intentar compatibilizar dos mundos que no siempre tienen horarios amistosos. Ir a un incendio de noche y sentarse a un juicio a la mañana siguiente es agotador, perderse salidas de cuarto medio por emergencias, por lo que recibía reclamos de sus amigos: “Al principio, cuando uno es más chico, hay más crítica”, reconoce, pero no se arrepiente. Estudió Derecho buscando justicia social, confidencia. Hoy intenta sumar ambos mundos: aportar jurídicamente en el ámbito bomberil cuando puede. El servicio a la comunidad, desde dos ángulos distintos.
Hay un hito que recuerda con claridad: su primer fallecido en una emergencia. Tenía 20 años, estaba de guardia nocturna y llegó al lugar como primera unidad. El apoyo de los compañeros que ya habían vivido algo así fue fundamental. Hoy el Cuerpo cuenta con psicólogos para eventos traumáticos. “Uno cambia”, reflexiona, “pero la institución está”.
El costo personal de esta doble vida lo resume en “muchas veces dejar amigos y familia”. Hay cumpleaños que se interrumpen con una alarma, hay Años Nuevos en que después de los abrazos hay un llamado de emergencia. En esos momentos, su madre Mirna se queda sola, mientras el padre y los dos hijos salen a la emergencia, ella espera. “Mi mamá es una persona que admiro”, afirma Constanza. “Jamás nos lanza una crítica”. Y lo demuestra con un dato: cuando en 2019 se inauguró el cuartel remodelado y se organizó el evento de puertas abiertas, era el cumpleaños de Mirna. Ella fue igual, a pasar su cumpleaños con su familia ahí, en el cuartel.
La pareja de Constanza también es bombero, de otra compañía. A veces coinciden en la misma emergencia desde distintos flancos. A veces uno espera al otro. “Siempre intentamos acompañarnos”, plantea. La proyección que tienen en común es no dejar de ser bomberos. Ella no se imagina fuera de la institución: “No me veo no siendo bombera en la vida”. Y tiene ya una candidata para el relevo: su sobrina Isidora, de 4 años, que según ella es la próxima integrante de la Pompe France.
Al cierre de la entrevista, Constanza tiene un mensaje para las niñas que sueñan con ser bomberas, y especialmente para Isidora: “Sueñen en grande, porque los sueños de la infancia sí se hacen realidad cuando uno crece. Yo soñaba con ser bombera y abogada, y hoy tengo la satisfacción de haber logrado las dos”. Desde los 10 años hasta hoy, la historia de Constanza Ojeda es la prueba de que la perseverancia da frutos.




