El adulto mayor como individuo
Es común escuchar referirse a las personas mayores, en forma genérica, como abuelitos o tercera edad, como si de esta manera se pudiera definir una pluralidad que significa el envejecer en nuestras vidas. Pero esto no se condice con una etapa de la vida que tiene tantos matices y diferencias, como personas existen; y que viven el proceso de envejecer día a día. Incluso en una misma persona las variabilidades son muy importantes de relevar según la etapa y el proceso de envejecimiento que se viva.
Cada uno transita este proceso de la vejez según su propia historia, su entorno físico y social; según sea su salud, las relaciones que haya establecido y las oportunidades que tiene. Es una etapa de la vida con muchos factores, que la pueden modificar en un sentido positivo o negativo, según la fuerza y el impacto que tengan estos factores.
Hay que tener claro que es un grupo humano que, si bien se define por un carácter cronológico, tiene una dimensionalidad y variabilidad muy grande. Por ello, todas las personas mayores no se sienten igual, ni enfrentan los mismos desafíos. Probablemente en términos de simplificar o describir estas variables es que tendemos a homogenizar la vejez. Pero siempre tenemos que tener en cuenta que son y serán individuos muy diversos. Los impactos -de estos condicionantes de la vejez- actúan distinto en cada individuo, por lo que encontramos a una misma edad tanta dispersión o variabilidad del proceso de envejecimiento entre quienes componen el grupo etáreo. Lo que significa que tenemos que tener en cuenta esta diversidad y no soslayarla al trabajar con mayores.
La vejez está atravesada por múltiples factores que se relacionan con el género, el nivel socioeconómico alcanzado, la etnia a la que pertenecemos, la discapacidad que se pueda sobrellevar, la orientación sexual, la ruralidad o el acceso a servicios. Factores que determinan variabilidad en las personas mayores y deben tenerse en cuenta en cualquier análisis que queramos hacer.
¿Por qué es esto importante? Lo es, porque reconocer esta diversidad es el paso necesario para garantizar derechos para los mayores. Por ejemplo, en el hecho de pensionarse a los 60 o 65 años, ya hay una diferencia de género que la hace distinta, sino también el poder hacerlo está condicionado por el nivel socioeconómico o de bienestar económico que se haya logrado durante la vida. Muchos deben postergar la edad de jubilación esperando un mejor momento económico para hacerlo, ya que algunas veces el pensionarse significa traspasar una barrera que pone cuesta arriba la sobrevida diaria.
También lo hace el tener una discapacidad adquirida por las enfermedades que se padecen o por complicaciones que ocurren por aquellas mismas enfermedades. Un proceso artrósico de caderas o rodillas, un accidente vascular, un infarto o cualquier otra enfermedad mayor o mínima, pueden significar cambios importantes en la calidad de vida y en las oportunidades que esa persona mayor tenga. Obviamente en nuestra sociedad chilena no es lo mismo vivir en una zona urbana que rural, donde hay diferencias importantes en la provisión de servicios para las personas mayores, partiendo por las relacionadas a salud y también a las sociales. Lo que significa cambios importantes.
Incluso la etnia a la que pertenezcamos marca la diferencia. Muchos pueblos ancestrales valoran y dignifican a la persona mayor, más de lo que hace nuestra sociedad occidental, siendo un punto a favor pertenecer a ellas, que ser mayor en otro contexto.
Todo esto tiene crucial importancia para quienes deben trabajar con y para los mayores, desde la planificación hasta la ejecución de acciones para con ellos. No podemos plantearnos que vamos a encontrar una población homogénea o lineal, si no por el contrario nos encontraremos con diversidades y rasgos únicos. Valorable e importante es lo que cada mayor haya logrado en su vida, ya que hoy es cuando observamos su historia y sus condicionantes; son procesos de vida que llevan a lo que son como personas. Y sólo el haber vivido y sobrevivido a estas condicionantes hacen valorable lo que cada uno haya logrado, por poco que parezca.
Cada uno es un mundo y una individualidad que debe ser respetada y valorada. De allí nacen más y mejores derechos para nuestros mayores, si somos capaces de ver y trabajar sus diversidades. Si fue bueno o malo el proceso es un juicio de valor que debe hacer cada mayor por sobre su historia, pero para quienes trabajan con y para ellos sólo nos asiste valorar lo que son hoy, porque es “su proceso” vivido y asumido lo que lo ha llevado a ser quien es hoy.
Ser mayor en esta sociedad tan convulsa ya es un logro en sí y debemos apoyar a nuestras personas mayores y trabajar por mejorar sus condiciones de vida en la sociedad que hemos construido, se lo merecen.




