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Yo conocí al “Paco” Deza

Por Marino Muñoz Aguero Domingo 12 de Abril del 2026

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El título de la presente crónica es el de uno de los libros de Antonio Deza González, quien nació en Santiago de Chile en 1939. Hizo sus estudios primarios en escuelas de Santiago, La Serena y Talca, ingresando a primer año de Secundaria en la Escuela Industrial de esta última ciudad en la especialidad de Forjador, retirándose como Maestro de dicha rama en segundo año.

Seguidamente desempeñó con autorización paterna diversos oficios: “En ese tiempo ingresé a la engañada, traicionada, explotada y humillada fuerza laboral. Hoy, ha pasado ya sobradamente el medio siglo, en lo medular, la situación real de los trabajadores poco o nada ha mejorado, aunque los discursos y las luces intenten adornar la farsa”, señala Deza en 2017 en “Sentencias, apuntes del atardecer”.

En 1957 con 18 años de edad ingresó a Carabineros de Chile y en 1963 fue destinado a Punta Arenas, donde conoció a su futura esposa Vesna Kuzmanic Kusanovic. En 1964 es trasladado a Chiloé, volviendo a Punta Arenas a casarse en 1966 y retornando a su destinación insular, lugar desde donde renuncia al cuerpo policial en 1971. En el libro “Yo conocí al Paco Deza” (1ª ed. Punta Arenas, 1992) cuenta sus vivencias en Carabineros de Chile.

De vuelta a la vida civil y en Punta Arenas, traía artesanías que vendía en el local comercial de su suegro e ingresó a la Empresa Magallánica de Turismo (Ematur), donde permaneció hasta 1974. Posteriormente armó un torno para hacer trabajos en madera, que entregaba para su venta en el Supermercado Cofrima, también trabajó en lo suyo, la forja y adoptó el oficio de pequeño comerciante.

A poco andar, su amor por la literatura se tradujo en una copiosa saga de libros que él mismo se encargaba de vender. Sin orden lógico, cronológico ni temático, según las preocupaciones constantes de su existencia, volcó en sus más de veinte libros de poesía, cuentos y ensayos la pequeñez del ser humano respecto del universo, la suciedad de la política, los (bajos) sentimientos, la corrupción, la postergación de las clases desposeídas, el regionalismo y las injusticias del “sistema”.

Y su fortín…”El Fortín del Estrecho”, esa iniciativa que partió el año 2000, con frecuencia mensual; circuló durante 25 años entregando cultura a través de sus distintas secciones con una fórmula imbatible: distribución gratuita gracias al apoyo de auspiciadores.

Lo conocí a través de mi padre Marino Muñoz Lagos, fueron amigos, amigos así como los de antes a pesar de la diferencia de edad, con lealtades, con respeto mutuo, con rituales, con códigos, con esa capacidad de hablar hasta en el silencio, con esa habilidad de -llegado el caso- entenderse con señas. Los unió una larga amistad, pero siempre se trataron “de usted”; así eran estos viejos.      

Recuerdo sus frecuentes visitas a la casa familiar, de inmediato se ponía en marcha el “operativo” para amenizar la reunión: la botella o la fiel caja de Clos de Pirque, un par de vasos y una que otra cosa “para picar”. En ocasiones eran vistas “de rutina”, otras revestían un mayor grado de formalidad y obedecían a un ritual. Cada vez que publicaba un libro, apenas éste salía de imprenta se lo llevaba de obsequio a mi padre, quien cumplía su parte del ritual con la correspondiente crítica literaria en este mismo espacio del diario.

Así los libros de Deza fueron ganándose un lugar en la biblioteca y en el caso de “Sentencias al atardecer”, se lo había prometido a mi padre cuando se decidió a escribirlo. El sábado 19 de agosto de 2017, Deza cumplió su promesa, sólo que esta vez la dedicatoria fue distinta: “Para la Biblioteca de Don Marino Muñoz Como un Recuerdo”, fue entonces el testimonio en la ausencia terrenal, pues mi padre había partido hacia otras canchas en abril de ese año.

Ese ejemplar de “Sentencias, apuntes del atardecer “ era la segunda edición del publicado originalmente en 1999 y respecto del cual mi padre cumplió su parte del ritual, comentándolo oportunamente en esta misma columna. Esa segunda edición que Deza nos entregó “Para la Biblioteca de Don Marino Muñoz Como un Recuerdo” la comentamos con fecha 27 de agosto de 2017.

Estos son los recuerdos (entre tantos) que tenemos del “Paco” Deza, gestos como el relatado definen a este gran hombre: sano, franco, honesto, de apretón de manos y risa contagiosa. De su vozarrón de temporal nunca escuchamos una sílaba de descrédito hacia un tercero que no estuviera presente, tampoco de su pluma proba y honesta. Fue en la palabra y la letra directo, frontal, sin amiguismos, lo solapado (y los solapados) no iban con él, cuando pegaba, lo hacía de frente.

Esta semana recibimos una mala noticia, a veces pasan estas cosas: hasta siempre Don Antonio Deza González.

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