“Fuimos los primeros en trabajar de forma integral la educación”
- La iniciativa cumple 29 años revinculando a jóvenes excluidos del sistema escolar. Aniversario que celebra con 40 estudiantes de entre 13 y 21 años.
Todo comenzó hace 29 años, cuando Manuel Troncoso que lideraba la Corporación Municipal de Punta Arenas y un equipo técnico del Área de Atención, encabezado por Silvana Vera, identificaron un problema que nadie más estaba mirando: niños quedaban fuera del sistema educativo por largos períodos, obligados a esperar cumplir la edad para ingresar a la educación de adultos, algunos oblicados a abandonar definitivamente las aulas.
Así nació “Caminos de Libertad”, un programa que esta semana cumple 29 años con una matrícula de 40 estudiantes y la convicción intacta de que la educación debe ser integral.
La educadora María Teresa Bórquez explica que el programa nació por una necesidad concreta y dolorosa y recuerda que el primer coordinador fue Luis Vargas.
Aquella idea inicial se fue transformando con los años, pero un sello se mantuvo inalterable: la convicción de que un estudiante no es solo un alumno, sino una persona con una historia, un contexto familiar y emocional que incide directamente en su aprendizaje.
Esa mirada integral fue, según María Teresa Bórquez, un verdadero acto de pioneros. La coordinadora afirma: “Hace 29 años éramos los primeros en trabajar de forma integral la educación. Teníamos ya trabajadoras sociales y psicólogas para que se tuviera una mirada mucho más completa, integral, de todas las áreas psicosociales para abordar el aprendizaje”. Esa dupla psicosocial, compuesta por asistente social y psicóloga, era entonces una rareza en el sistema educativo chileno, y con el tiempo se fue incorporando a las escuelas formales como una práctica extendida. El programa, sin saberlo, había marcado un camino.
La encargada de la Unidad Técnica Pedagógica, Claudia Chávez, describe el trabajo cotidiano en el aula como un desafío permanente de creatividad y cercanía. La jefa de UTP sostiene: “La diversidad que nosotros tenemos en el programa es alta y apuntamos a esa diversidad para reencantar a los estudiantes y hacen todos los esfuerzos metodológicos para que sean clases mucho más entretenidas, mucho más profundamentales, el poder hacer, el trabajar manualmente, el salir, para que los chicos puedan enganchar de cierta forma con su profesor”.
No se trata solo de enseñar contenidos, sino de devolverle a cada estudiante la confianza en que la escuela es también un lugar para él.
Los 29 años del programa no han sido un camino lineal ni exento de obstáculos. Hubo un momento, tras un cambio de sostenedor, en que la incertidumbre amenazó con cerrar las puertas. María Teresa Bórquez lo confiesa sin eufemismos: “Tuvimos el temor de que nuestro programa cerrara, que pudimos superar”.
También el espacio físico ha sido motivo de disputa. El traslado a Patagonia 1070 fue en su momento un hito, pues permitió contar con un gimnasio donde se realizaban campeonatos de baby fútbol con otros colegios como La Industrial y Don Bosco. Sin embargo, durante la pandemia ese espacio se convirtió en bodega de insumos para el Covid-19, y hoy está en litigio con el municipio, que alega que el lugar le pertenece. El programa debe compartir el horario y solicitar mediación para poder realizar actividades con padres y estudiantes.




