El fantasma del desempleo
La masiva concurrencia a la Feria Laboral 2026 de la Municipalidad de Punta Arenas -con cerca de 1.800 personas buscando empleo y solo 700 vacantes disponibles- no puede leerse únicamente como un éxito de gestión municipal. Es, sobre todo, un indicador elocuente de la presión que hoy enfrenta el mercado laboral en Magallanes y de un fenómeno que ya no es coyuntural, dado por la dificultad creciente para acceder a empleos estables.
El reciente informe del Ine sobre ocupación y desocupación en la región refuerza esta lectura. En el trimestre móvil diciembre 2025-febrero 2026, la tasa de desempleo se elevó a 6,2%. Esta cifra que debe inquietar a las autoridades regionales, pues, más allá de las variaciones estadísticas habituales, lo que se observa es un escenario de fragilidad laboral, donde la creación de puestos de trabajo no logra absorber con la misma velocidad a quienes ingresan o reingresan al mercado. La cesantía deja de ser un evento puntual y se transforma en una experiencia recurrente para amplios sectores de la población. La informalidad también adquiere un protagonismo peligroso, pues también es sinónimo de precariedad.
En ese contexto, la feria laboral cumple un rol relevante como espacio de intermediación. No solo acerca ofertas de empleo, sino que también entrega herramientas concretas como actualización de currículum, apoyo en postulaciones y orientación social. Sin embargo, su impacto debe ser dimensionado con realismo: incluso con tasas de colocación que el municipio estima entre 35% y 40% en versiones anteriores, una parte significativa de los asistentes sigue sin lograr inserción laboral.
El problema de fondo es de escala. Cuando la demanda por empleo triplica o supera ampliamente la oferta disponible en un solo evento, lo que se evidencia no es solo interés ciudadano, sino urgencia social. La alta participación -con filas, espera y búsqueda activa de oportunidades- habla de un mercado laboral tensionado, donde la competencia por cada puesto disponible es cada vez más intensa.
A ello se suma un factor estructural en Magallanes: la estacionalidad de ciertos sectores productivos, especialmente en invierno, que reduce la capacidad de generación de empleo en periodos prolongados. Esto obliga a miles de trabajadores a encadenar trabajos temporales o enfrentar periodos de inactividad, profundizando la inestabilidad económica de los hogares.
En este escenario, las ferias laborales son necesarias, pero insuficientes. Funcionan como una respuesta inmediata frente a la urgencia, pero no sustituyen una estrategia de desarrollo económico más profunda, capaz de diversificar la matriz productiva regional, fortalecer la formación laboral y anticipar las necesidades del mercado.
El desafío, entonces, no es solo cuántas personas asisten a estos encuentros, sino cuántas logran efectivamente proyectar una trayectoria laboral sostenible. Porque detrás de cada cifra hay personas, ya sea un trabajador que busca reinsertarse, un joven que intenta acceder por primera vez al empleo formal o quienes, pese a la experiencia, enfrentan períodos cada vez más largos de inestabilidad.
La Feria Laboral de Punta Arenas deja una señal clara: el empleo sigue siendo la principal preocupación social y económica en la región. Y mientras esa demanda siga creciendo más rápido que la capacidad de respuesta del sistema, el desafío no será solo organizar más ferias, sino construir un mercado laboral más robusto, equilibrado y con futuro.




