Necrológicas

No le tengo miedo

Por Marcos Buvinic Domingo 19 de Abril del 2026

Compartir esta noticia
0
Visitas

Con esas palabras, “no le tengo miedo”, el Papa León respondió a los ataques y descalificaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante los llamados a la paz hechos por el Papa, en los que León cuestiona las acciones guerreras del presidente norteamericano, calificándolas de inaceptables. Sin duda, Trump pretende, en su delirio de grandeza, que ante sus bravatas y amenazas el mundo tiemble y se someta a su poder.

A la violenta diatriba que Trump lanzó contra León en las redes sociales, el Papa dijo: “No quiero entrar en un debate con él. No creo que el mensaje del Evangelio deba ser maltratado como lo están haciendo algunos. Seguiré pronunciándome enérgicamente contra la guerra, buscando promover la paz, el diálogo y las relaciones multilaterales entre los Estados para encontrar soluciones justas a los problemas. Demasiadas personas sufren en el mundo hoy en día. Demasiadas personas inocentes están siendo asesinadas, y creo que alguien tiene que alzar la voz y decir que hay una mejor manera”.

En sus intervenciones, Trump no sólo rechaza cualquier tipo de cuestionamientos a la inmoralidad de sus acciones guerreras, sino que se autoafirma investido de una autoridad que le permitiría juzgarlo todo y a todos, e imponiendo la justificación de todas sus acciones de manera incuestionable.

Por eso, parece importante prestar atención a la utilización de la religión que hace Trump como un elemento ideológico que pondría un marco irrefutable para que sus guerras -sean militares, migratorias, económicas o culturales- aparezcan como parte de una gran lucha moral, sostenida “desde lo alto”. La utilización ideológica de la religión no sólo está en sus palabras, sino en imágenes ampliamente difundidas, como la de Trump orando en su oficina en la Casa Blanca por sus políticas militares y otros asuntos, rodeado de pastores que le imponen sus manos; o la ridícula imagen mesiánica aparecida en sus redes sociales como si Trump fuera el Señor Jesús sanando a un enfermo que representaría al mundo herido.

En su instrumentalización de la religión, Trump se sitúa al interior del fundamentalismo evangelista norteamericano, el cual conquista adherentes en todo el mundo y también han tenido la adhesión de sectores católicos conservadores; sin embargo, estos últimos recientemente han tomado cierta distancia ante las injurias de Trump al Papa León.

Este fundamentalismo evangelista constituye una suerte de “nacionalismo cristiano”. Es necesario decir que cualquier forma de nacionalismo está fuera del horizonte de la fraternidad universal del cristianismo, pues como dice la Biblia, “ya no hay ni judío ni griego, sino que todos son uno en Cristo”. Sin embargo, ese “nacionalismo cristiano” o “nacionalcristianismo”, que no tiene una mediación institucional -es decir, una Iglesia- sino que  es una multitud de agrupaciones con sus propios líderes religiosos, no sólo busca fundamentar sus políticas en una moral conservadora, sino que une la identidad religiosa (“cristiana”) y el liderazgo político en una misma figura; así se identifican la nación (Estados Unidos), el líder (Trump) y la misión providencial (“hagamos que América vuelva a ser grande”, como garante de un supuesto orden querido por Dios).

Como lo han hecho ver algunos analistas norteamericanos del fundamentalismo evangelista, el “nacionalcristianismo trumpista” es una ideología de dominio en la que confluyen el nacionalismo, la cultura patriarcal y el mesianismo religioso, intensificando la lógica amigo/enemigo, exaltando al líder providencial, reduciendo el espacio del pluralismo y de las formas de disidencia, y convirtiendo la política en el espacio de una confrontación moral absoluta.

Así, el poder político se presenta como protector, guerrero y agente de una misión trascendente, y sus decisiones políticas se consideran justas y necesarias para preservar un orden superior, y -al mismo tiempo- va erosionando la democracia al hacer de la religión un instrumento de exclusión política. Sin duda, y la historia de la humanidad así lo muestra, la instrumentalización de la religión o el endiosamiento de cualquier ideología es una de las mayores amenazas a la justicia y a la convivencia pacífica entre las personas y los pueblos.

La violencia y la guerra siempre son una derrota de la humanidad, solo la paz es santa. Por eso, el Papa León continúa su gira visitando a diversos países de África y a la Iglesia que vive en esos pueblos. En Argelia dijo: “el corazón de Dios está desgarrado por las guerras, la violencia, las injusticias y las mentiras. Pero el corazón de nuestro Padre no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios; el corazón de Dios está con los pequeños y los humildes, y con ellos lleva adelante su Reino de amor y de paz, cada día».

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest