Prudencia
La prudencia es la virtud de actuar de forma justa, moderada y cautelosa, reflexionando antes de obrar para evitar daños y alcanzar el bien. Implica sensatez, previsión y juicio para gestionar situaciones con respeto, madurez; esta es la primera conceptualización que sale en el buscador de Google. El diccionario de la Real Academia Española precisa que “se define como la cualidad de prudente. Se trata de la virtud de actuar con templanza, cautela o moderación para evitar posibles daños, males o peligros.”
Cada vez que observo o me detengo en programas de discusión política o de actualidad nacional, me enfrento a una seguidilla de desafíos, temeridad e insensatez, soberbia en el discurso, intransigencia en la discusión, respuestas destempladas, reacciones furibundas, descalificaciones del argumento contrario y manifestaciones de superioridad moral o ética (dependiendo del sector que las pretende imponer) que, francamente, agotan.
¿Qué ha sucedido con el sentido de civilidad?, ¿dónde se extravió la capacidad de argumentar y discutir por el bien general?, ¿por qué ya no existe cordialidad y diálogo en aquellos temas que son los más importantes y que tienen que ver con el desarrollo del país económica, cultural y socialmente?, pues el desarrollo o crecimiento no es solo económico.
Constato con pavor que no sólo hay una indisposición activa y positiva al diálogo si no que, también existe una ausencia del mismo… pareciera que ya no vale la pena contrastar ideas, alternativas y soluciones, pues cada uno cree que ya tiene la solución, aunque sea parcial y limitada.
Soy hijo de una dictadura, si bien nací un año antes del golpe del Estado me crie en el silencio más absoluto respecto de lo que era el debate o la contraposición de ideas y por ello, quizás, me asusta esta disposición al desprecio de los otros cuando se opina, pues muchos darán razones más que suficientes para que se haya perdido la democracia y les gusta poner nombres, apellidos y emitir juicios, pero la verdadera razón es que se rompió el diálogo, esa conversación razonada, humana, considerada y atenta a recibir propuestas que no necesariamente están en tu entorno inmediato, para mejorar.
La revancha a reemplazado a la prudencia: si me siento ofendido, yo te ofendo; si me atacas, yo te ataco; si me descalificas, yo te descalifico.
La soberbia a reemplazado a la prudencia, ese sentimiento de superioridad desmedida, arrogante, vanidoso que solo genera distancia.
La prudencia ha sido reemplazada por la negación del otro, de aquel que no piensa como yo y, por lo tanto, nunca me va a comprender y por ello debo borrarlo, eliminarlo de mi entorno.
Tengo temor que esta situación escale, que los oídos sean cada vez más sordos y que las mentes se cierren al punto de no aceptar ideas contrarias; tengo terror que la no discusión sana de las ideas apague nuestras conciencias, disminuya nuestra humanidad en su aspecto más bello y que transitemos por caminos de intolerancia y descalificación que ya nos han empujado a experiencias tristes y oscuras en el pasado; tengo incertidumbre por el futuro de nuestros hijos que crecen con tan malos ejemplos.
Espero, fervientemente, que exista un punto en el cual retomemos la vida buena, el dialogo, la cautela y el respeto, espero con ansias que vuelva la prudencia.




