El cuidador llamado Estado
La historia del cuidado y atenciones a los más desvalidos no es una situación nueva en nuestra historia como especie humana, en la prehistoria hay ejemplos; se han encontrado fósiles que muestran cicatrización de fracturas en huesos de las piernas. Son individuos que, con tales episodios, les hubiera sido difícil sobrevivir sin que alguien los alimentase y protegiese durante el proceso de sanación. Es así como estas señales tempranas, muestran que nuestra especie ha cuidado siempre del otro y que hay personas en nuestra sociedad que tienen esa misión y tarea.
En la medida que nos hemos desarrollado como sociedad y perfeccionado en este cuidado, el Estado se ha convertido en garante y gestor del mismo, desarrollando políticas públicas que van en ese sentido; como la educación de niños y jóvenes, la preocupación por la salud de los individuos, la promoción del trabajo y desarrollo humano. Nuestra sociedad también cuida a través de estas políticas públicas a sus integrantes, pero para ello primero se desarrollaron y crearon a partir de las familias y redes cercanas y otras organizaciones comunitarias, que lo hicieron antes. Es la historia de la educación y el cuidado en salud en el país. Antecediendo a las actuales estructuras ministeriales, fueron los esfuerzos locales que permitieron dar cobertura a estas necesidades, antes que el Estado como garante los incorporara como preocupación y necesidad pública.
En lo que respecta al cuidado y protección de los mayores aún como Estado chileno estamos en la etapa intermedia, ya que hay algunas políticas publicas que van en el sentido de la protección y desarrollo de las personas mayores. Pero, le falta para ser una política robusta y esperanzadora para todos los que llegan a esta edad, donde haya más certezas que búsquedas individuales como personas o familias; para dar respuesta a las grandes y variadas necesidades que tienen las personas mayores.
Sin embargo, aún hoy es necesario que en los territorios existan respuestas comunitarias, especialmente a través de los voluntariados, para llenar el espacio que debiera ocupar y desarrollar el estado. No es fácil, por ejemplo, para personas en situación delicada de salud acceder de forma fácil a un catre clínico, que permita su mejor atención en salud en el domicilio en que se encuentra. Por otro lado, no siempre bastan los fármacos que entrega el sistema sanitario, si no que hay una multiplicidad de necesidades que aun hoy se entregan por gestión de los voluntariados: pañales, sabanillas, toallas húmedas y una multiplicidad de elementos que requiere la atención de un enfermo o más perentoriamente en casos de enfermedad avanzada o en proceso de muerte.
Son necesidades, en donde las familias tienen que salir a pedir, para recibir una respuesta. Es por ello que, en esta progresión de una sociedad que avanza, tenemos que dar respuestas a los requerimientos que son más necesarios que se entreguen sistémicamente por las instituciones y no dependan de cuánto somos capaces de buscar y gestionar como familias, por nuestros enfermos o mayores.
Es aquí cuando en épocas complejas se requieren más certezas que dudas. Esto se acrecienta cuando ese enfermo o mayor no tiene una red alrededor que se preocupe y ocupe de él o ella. Fenómeno que cada vez se va haciendo más frecuente en nuestra sociedad, por la conformación de las familias actuales, así como la decisión de muchos de no formar familias y vivir esta época de la vida solos y sin red, o se trata de una pareja de mayores que enfrentan juntos esta etapa. Sin duda, es demasiada carga para ellos poder hacerse cargo de todo lo que se requiere. Allí la respuesta es más compleja y difícil. Nuevamente son los voluntariados que identifican estos casos en comunidad y van en su ayuda, desde la atención hasta la preocupación de brindarle compañía o comida en esta etapa. Tarea muy loable, pero que no tiene más recursos que su voluntad para hacer el bien a otros. Se necesitan para ellos certezas y formas más fáciles de hacer su trabajo.
También para quienes asumen en la familia esta tarea, voluntariamente, deben tener certezas dónde buscar y proveerse de lo que requieren, como son los insumos y productos que necesitan, las ayudas técnicas, los subsidios y tantas otras necesidades que urgen; pero por sobre todo la formación y capacitación en el cuidado. No basta con tener las ganas de ayudar, que es lo más loable que una persona puede desarrollar. Pero debe haber un mecanismo educacional que permita capacitarse y poder brindar una mejor y buena atención a mayores y enfermos.
Como sociedad chilena y local, aún estamos empantanados en esta etapa intermedia de desarrollo, que lleva a que muchos no tengan todo lo que requieren para vivir mejor. Se ha avanzado, viendo el vaso algo lleno, pero falta tanto aún en la discusión política y social para que se constituyan en acciones del Estado para sus ciudadanos. Porque como dije al principio esta es una forma de humanidad y de gestión del cuidado, que viene acompañando a nuestra historia humana desde hace mucho tiempo, pero que hoy por la cantidad de recursos que deben movilizarse, tiene que transitar hacia una política pública fuerte y robusta. Es hora de iniciar ya este camino por el bien de muchos.




