Leer desde el origen, una tarea que no admite postergaciones
La conmemoración del Día Mundial del Libro en Punta Arenas dejó un sabor dulce en la boca, pues se vio a toda una comunidad movilizada en torno a esta efeméride. Cuando la lectura se saca de los espacios tradicionales y se instala en la calle, en el teatro, en las escuelas y en la vida cotidiana, logra convocar, emocionar y, sobre todo, conectar.
La ciudad fue escenario de una verdadera fiesta cultural. Desde la intervención teatral en pleno centro -donde los personajes de Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes cobraron vida ante los transeúntes- hasta la maratón de lectura que reunió a generaciones distintas en torno a los libros, cada actividad tuvo un denominador común, cual es acercar la literatura a las personas de manera directa, accesible y participativa.
No se trató solo de celebrar una fecha simbólica. Lo ocurrido revela algo más profundo y alentador. Existe una base social dispuesta a reencontrarse con la lectura, siempre que existan las oportunidades y los espacios adecuados. La experiencia inmersiva inspirada en Romeo y Julieta de William Shakespeare, o las iniciativas desarrolladas en establecimientos educacionales, dan cuenta de una comprensión moderna del fomento lector, donde el libro deja de ser un objeto distante para transformarse en una experiencia viva.
Sin embargo, el entusiasmo de una jornada no basta por sí solo. El verdadero desafío está en sostener este impulso en el tiempo y, sobre todo, en dirigirlo hacia donde más importa: la infancia.
Diversos estudios coinciden en que el hábito lector no se construye de manera espontánea ni tardía. Se forma en los primeros años de vida, en el entorno familiar y en las primeras experiencias educativas. Es allí donde se define la relación que una persona tendrá con los libros, pues puede ser como una obligación escolar o como una puerta al conocimiento, la imaginación y el pensamiento crítico.
En ese sentido, las actividades desarrolladas en Punta Arenas deben ser vistas no como un punto de llegada, sino como un punto de partida. La entrega gratuita de libros, la participación de estudiantes y la integración de la lectura en experiencias lúdicas son pasos en la dirección correcta, pero requieren continuidad, articulación y política pública.
Fomentar la lectura desde la primera infancia implica un compromiso compartido. No es solo tarea de las escuelas, sino también de las familias, las instituciones culturales y el Estado. Significa asegurar acceso a libros de calidad, promover espacios de lectura en el hogar y entender que leer no es un lujo, sino una herramienta esencial para el desarrollo personal y colectivo.
Lo vivido en esta celebración demuestra que la lectura puede convocar, emocionar y transformar. Pero su verdadero impacto se medirá en el largo plazo, en la capacidad de convertir estas experiencias en hábitos permanentes.
La comunidad magallánica se distinguió en sus albores por ser culta y lectora. Una ciudad que lee no solo se entretiene, sino que piensa, dialoga y proyecta su futuro con mayor libertad.




