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Un seremi que llega a ejecutar, no a aprender

Por La Prensa Austral Domingo 26 de Abril del 2026

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En regiones extremas como Magallanes, el tiempo político no es un recurso abstracto, sino un factor crítico. Las ventanas para actuar son breves, los procesos administrativos son largos y las necesidades -en infraestructura, conectividad y desarrollo- son urgentes. Por eso, cuando asume una autoridad en una cartera clave como Obras Públicas, lo mínimo esperable no es solo voluntad, sino preparación. En ese punto, la llegada del nuevo seremi marca una diferencia que vale la pena destacar.

Alejandro Marusic Kusanovic no llega a instalarse ni a familiarizarse con el cargo. Llega con diagnóstico, con manejo técnico y con claridad respecto del escenario que enfrenta. Y ese escenario, lejos de ser cómodo, es complejo, pues tiene contratos de conservación vial vencidos, un presupuesto recortado en miles de millones de pesos y sumarios internos aún en curso. Es decir, una cartera tensionada, con problemas acumulados y con presión inmediata por resultados.

Frente a ese contexto, lo relevante no es solo la capacidad de reacción, sino la comprensión del problema. En sus primeras semanas, el nuevo seremi ha demostrado conocimiento del área, dominio de los procesos y, sobre todo, una disposición explícita a avanzar con rapidez. No es menor que haya recorrido el territorio, levantando necesidades en terreno, ni que esté acelerando la conformación de equipos en las distintas direcciones operativas. En regiones como la nuestra, donde la distancia entre la oficina y la realidad suele ser amplia, ese gesto tiene valor.

Pero quizás lo más significativo es el enfoque. “No hay tiempo para instalarse”, reconoce. Esa frase no es solo una declaración de intenciones, es un reconocimiento de la naturaleza del momento político que enfrenta el país y, particularmente, esta administración. Se trata de un gobierno con un horizonte acotado, que no puede permitirse periodos de aprendizaje prolongados ni curvas de adaptación extensas. Cada mes cuenta.

En ese sentido, la diferencia con experiencias recientes es evidente. Una de las críticas recurrentes a autoridades anteriores -en distintos niveles y servicios- fue precisamente su falta de conocimiento inicial, su necesidad de “aprender en el cargo”, lo que en la práctica se tradujo en retrasos, decisiones postergadas y oportunidades perdidas. Magallanes no está en condiciones de repetir ese esquema.

La reactivación de los contratos de conservación vial es un buen ejemplo de ello. Se trata de un problema urgente, que afecta directamente a la conectividad regional y a la vida cotidiana de las personas. Haber logrado destrabar los recursos y encaminar nuevas licitaciones en un corto plazo no resuelve todo, pero sí muestra una capacidad de gestión que responde a la urgencia del territorio.

Lo mismo ocurre con la necesidad de ordenar la cartera de proyectos, coordinar con el Gobierno Regional y dar viabilidad a iniciativas que forman parte del Plan de Zonas Extremas. No son tareas menores ni de corto aliento. Requieren visión, pero también ejecución.

Porque si algo define a una buena gestión pública en Magallanes no es solo la planificación, sino la capacidad de concretar. Aquí, los proyectos no pueden quedar en anuncios ni en carpetas técnicas. Necesitan avanzar, licitarse, construirse y, finalmente, impactar en la vida de las personas.

En ese contexto, contar con una autoridad que no llega a improvisar, sino a trabajar con sentido de urgencia, es una señal positiva. No garantiza resultados por sí sola, pero sí establece una base más sólida para enfrentar los desafíos.

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