Tsunamis y metáforas: políticos jugando a la política
La expresión del diputado Jaime Araya (IND-PPD) acerca del tsunami de indicaciones que la oposición le haría llegar al llamado “Plan de Reconstrucción Nacional”, una vez más nos lleva a la reflexión de que tan ingenuos somos como ciudadanos al confiar nuestros destinos a una clase política que cada vez obtiene más privilegios, pero no necesariamente optimiza su labor.
Cuesta creer cuando Jael Yeomans (FA) expresa que “seremos una oposición firme pero constructiva”, cuando Araya cuenta como “gracia” que espera unas 2.500 indicaciones de sectores contrarios al gobierno para que la discusión y avance de la Reforma se vuelva insostenible. En la práctica no serán tantas como vaticinó el diputado, pero las suficientes para sospechar de la legitimidad constructiva de todas. Y es que más allá si usted está o no con tal o cual bando político, pareciera que el ejercicio racional del análisis crítico en bien de la ciudadanía se encuentra lejos de considerarse una prioridad para estos “representantes”.
Pero esta crítica, que hemos realizado en reiteradas ocasiones, no sólo podría atribuirse a quienes ostentan el poder, siendo resultado de la dinámica relacional establecida con un electorado que peca de variadas faltas que parecieran inherentes a la naturaleza humana, por más lamentos repetidos a lo largo del tiempo. Si a esto le sumamos la complejidad de los sistemas sociales, económicos y políticos, la globalidad de un mundo hiperconectado, la dinámica temporal de decisiones que se toman en el presente pero evidenciarán sus consecuencias en el tiempo o la ignorancia de gran parte de la ciudadanía en temáticas técnicas, por mencionar sólo algunas variables; resulta inevitable y casi lógico que las posturas de prácticamente la totalidad de los políticos no apunten más allá de la conveniencia cortoplacista del propio feudo en pos de la búsqueda o consolidación del poder.
Por ejemplo, en una temática tan relevante y sensible como los derechos sociales, pareciera que la demagogia es la estrategia más redituable. Apelar a las emociones y los prejuicios atendiendo a las necesidades de las personas sólo para prometerles lo que desean escuchar, aunque no exista la posibilidad real y fáctica de concretizar esos anhelos, hoy sigue tan vigente como hace siglos. Pareciera que la responsabilidad es un concepto prescindible o, en el mejor de los casos, postergable, ya que “en el camino vamos viendo como arreglamos la carga”. Si hacemos el símil con una familia, cuyos padres tomarán decisiones dolorosas de postergación o privación a fin de enfrentar los problemas, asumiendo conflictos con sus hijos a fin de evitar crisis de mayor magnitud; la clase política pareciera apuntar a premisas como “aguantar lo que más se pueda”, ya que siempre habrá alguien más que pague las consecuencias. Ejemplos tenemos por montones, aunque los ciclos de crisis económicas de nuestro vecino país trasandino parecieran representar la teoría hecha realidad.
Si bien racionalmente todos deberíamos tener claro que hay tiempos de “vacas gordas y flacas”, donde la conducta inteligente sería adaptarnos, unirnos y privilegiar a los más vulnerables, fomentando el crecimiento y priorizando lo urgente; la mayoría de los políticos priorizará la exigencia sin analizar la realidad de los recursos disponibles, en discursos que sacan un 7 en retórica y reprueban en pragmatismo. Necesitan una ciudadanía que los apoye, lo que implica no restringir ya que, si incluso es necesario, no existe la confianza en instituciones que han defraudado más allá del color político de turno. Mientras tanto, en vez de fomentar el pensamiento crítico de las personas para entender de cívica, economía y responsabilidad ciudadana; llama mucho más la atención de la gente que un “honorable” utilice de manera socarrona una capa para desconocer la provocación implícita que pretendió producir, mientras otra “honorable” cae de manera burda en un juego efectista. Ambos “honorables” cumplen con sus “barras” de seguidores más cercanos, además de aparecer en los medios al llamar la atención, mientras seguiremos esperando un dialogo necesario para aprobar o rechazar propuestas en virtud de un análisis serio, responsable, informado y objetivo.




