Necrológicas
  • – Arturo Fernando González San Martín

El 21 de Mayo visto por los extranjeros

Por Jorge Abasolo Jueves 21 de Mayo del 2026

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Se ha escrito mucho o lo suficiente acerca de un acto de arrojo supremo que dio un viraje manifiesto a la Guerra del Pacífico. Fue una escuadra, una institución la que se irguió en Iquique a la altura de una gloria inconmensurable.

¿Hemos magnificado los hechos para justificar el prestigio de estos héroes? No lo creo. Por algo la epopeya de Iquique provocó reacciones en Francia, Alemania, Japón o Estados Unidos. A guisa de ejemplo, el teniente Masson, de la Marina de los Estados Unidos escribió:

– “¿Este joven comandante (Prat) estaba llamado a rendirse? La respuesta a esta pregunta fue su conducta en el combate que iba a tener lugar, combate que asombró al mundo naval, que estableció el precedente de que no importa cual sea la desigualdad de fuerzas, que todo buque debe combatir hasta el último instante, y que a causa de la inteligencia e intrepidez que lo caracterizaron y de los perjuicios positivos causados al poderoso asaltante, merece toda una página en los anales de la fama”.

Por su parte, el Times de Londres -¡sí, el mismo!- hizo el siguiente comentario de las andaduras de Prat:

– “Este es uno de los combates más gloriosos que jamás haya tenido lugar. Un viejo buque de madera casi cayéndose a pedazos, sostuvo la acción durante tres horas y media contra una batería de tierra y un poderoso acorazado, y concluyó con su bandera al tope”.

Pero hay más…

Para mensurar la magnitud de un hecho, nada mejor que apelar a las partes no interesadas en el conflicto. Digo esto por cuanto los marinos de la fragata británica Turquise presenciaron la refriega. El capitán de la embarcación inglesa hizo extraer con buzos un trozo de madera de la vieja Esmeralda y labrar una cruz, que envió al comandante Condell con una carta en que se puede leer:

– “Los oficiales del buque Turquoise, admiradores del glorioso combate de la Esmeralda y Covadonga, sin ejemplo en los fastos navales, empeñaron sus esfuerzos por hallar el sitio donde la gloriosa Esmeralda sucumbió. Querían encontrar allí una reliquia que ofrecer al compañero del heroico Prat, caído cuando se hundía su buque, al tomar al abordaje al enemigo…”.

Hechos como el sucedido aquel 21 de mayo de 1879 hacen encender la llama de la chilenidad, algo extinguida en el último tiempo, donde nadie atina a hacer gestos de desprendimiento sin que las consecuencias de su acto le reditúen en dinero, status o intereses materiales. Chile no requiere recurrir a la fantasía para justificar una historia mucho más que digna, donde más allá de protagonistas, existen héroes.

A quienes han querido, deliberadamente, aminorar ciertos hechos de nuestra historia patria, básteme recordarles aquel proverbio tan sabio y directo que solía repetir mi madre: las palabras son enanos. Los ejemplos son gigantes.

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