Necrológicas

– Eelsa Isabel Millán Salazar

La incertidumbre peruana

Por Abraham Santibáñez Lunes 15 de Junio del 2026

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¿Cuándo se jodió el Perú?”, la incisiva pregunta de Mario Vargas Llosa en Conversación en la catedral, nunca ha tenido una respuesta satisfactoria. Pero esta vez resultó más acuciante que en cualquier otro momento: el futuro de Perú se mantiene en suspenso. Pese al significativo avance logrado con el restablecimiento de las dos cámaras del Congreso, mantiene abiertas angustiosas incógnitas. ¿Podrá gobernar un presidente cuya ventaja se mide en unos pocos cientos de votos únicamente?

Un aspecto positivo, pero desconcertante de este proceso electoral, es el juicio de los observadores internacionales: “La Misión observó una jornada electoral que transcurrió de manera tranquila y en paz”, señaló en su informe del 9 de junio. El equipo de la OEA visitó 370 centros de votación ubicados a lo largo de los 24 departamentos del país, la provincia Constitucional del Callao y en cuatro ciudades del exterior. “Pese a los incidentes puntuales, la Misión observó una jornada electoral que transcurrió de manera tranquila y en paz. Las y los observadores reportaron que no se observaron filas largas en los locales observados, constató que se respetó el acceso preferente para la emisión del voto de mujeres embarazadas o con niñas/os y de adultas/os mayores y personas con discapacidad en la gran mayoría de los centros, y que al cierre no quedaron ciudadanos/as en fila sin votar”, señala el documento leído por el jefe de la misión Víctor Rico.

Pero ¿qué significa esta normalidad en la medida que el resultado final mostró apenas una diferencia de cientos de votos en la segunda vuelta? Sobre todo después de una década, en la que los diputados se dedicaron a destituir un presidente tras otro, más o menos una vez al año.

Ahora costará sacar a un presidente del poder, pero es obvio que un mandatario elegido con tan ínfima mayoría estará sometido a presiones difíciles de resistir. Si ello ya es arriesgado en tiempos normales, lamentablemente, con un gobierno imprevisible en la Casa Blanca, ello será peor que nunca.

La otra parte compleja de la ecuación la conforma el cambio revolucionario de las comunicaciones aludido tantas veces.

No basta con mejorar la rapidez de la información (como ocurrió efectivamente en esta segunda vuelta). La brutal polarización -que comenzó con los 35 candidatos iniciales- no se neutralizó en el balotaje. Años de divisiones profundas no se superaron en unas pocas semanas de campaña.

En suma: la falta de responsabilidad de los políticos, la falta de convicción sobre las exigencias de la democracia, han creado un escenario imprevisible.

Si bien los observadores internacionales afirmaron que no había pruebas de fraude, la reacción provocó en ese momento, la renuncia de un alto funcionario electoral en medio de redadas policiales en las oficinas electorales.

Y, en buenas cuentas, oscureció el proceso.

Los problemas políticos de los últimos años limitaron fuertemente el crecimiento del país, redujeron las inversiones y agigantaron el déficit fiscal, además, con los peores indicadores sociales en un lustro. Variedad de datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas y de instituciones privadas detectan un 25,7 por ciento de pobreza, 43,1 por ciento de anemia infantil, informalidad laboral masiva, ausencia de agua potable y crisis educativa.

El periodo que debe comenzar el 28 de julio próximo -es obvio- no será fácil.

Y la pregunta de Vargas Llosa seguirá abierta.

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