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Exdirigenta vecinal falleció atropellada a dos cuadras de su domicilio en población El Pingüino

“Ella amaba ayudar”: el doloroso recuerdo de la hija de María Josefina Barría tras su trágica muerte

Sábado 20 de Junio del 2026

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Marcos Sepúlveda Loyola

 

Sus comienzos como dirigenta fueron participando en un programa financiado por la Municipalidad de Punta Arenas a comienzos de los 90. Partió siendo voluntaria de un comedor popular emplazado en la población El Pingüino. Era una época de condiciones económicas precarias; hacía un par de años se había empezado a dejar atrás las consecuencias de la crisis económica de 1982. Desde ahí, María Barría nunca dejó de estar vinculada a la acción social.

Por muchos años fue dirigenta de la junta de vecinos del sector, luego pasó a integrar las filas del Club de Adultos Mayores. “Ella era una dirigente muy comprometida”, recuerda Mónica Mansilla Barría, hija de la fallecida dirigenta, en conversación con La Prensa Austral. Asegura que no lo dice sólo porque es su madre, sino que la cantidad de gente que asistió al velorio realizado en la Iglesia del Señor Apostólica lo demuestra. “Ella amaba lo que hacía, era su pasión y se sentía bien cuando ayudaba a las personas”, agrega.

En su población, María es recordada con especial cariño por su labor durante la pandemia del Covid-19, cuando ayudó a montar un comedor popular que alimentó a cientos de vecinos durante la época de las restricciones sanitarias. “Ella ayudaba a conseguirles leña a los vecinos”, indica Mónica, destacando que su madre gestionaba la ayuda preguntándoles a conocidos o amigos.

María Josefina Barría Zúñiga perdió la vida el pasado miércoles en un atropello en el cruce de Ignacio Carrera Pinto con Augusto Lutz, pasadas las 18,50 horas, cuando regresaba de sus labores como anfitriona en el mall Espacio Urbano Pionero. Fue trasladada al Hospital Clínico de Magallanes, donde falleció pasadas las 19,34 horas producto de un severo politraumatismo, lo que con los minutos derivó en un paro cardíaco. Tenía 72 años.

“Es difícil, ya que ella era mi pilar”, reconoce Mónica, quien aún no logra procesar la rapidez con la que sucedió todo. Ella es hija única y no tiene hijos, siendo su única red de apoyo su pareja, a quien conoció hace cinco años.

“Para mí siempre fue un objeto de admiración, de respeto e interés”, dice Mónica, quien vio en su madre a una mujer de sacrificio que la sacó prácticamente sola adelante. “Mis padres se separaron y ella fue quien siempre estuvo a cargo de la casa”, precisó.

Mónica recuerda a su madre con cariño y, durante el transcurso de la conversación, comienza a descubrir que su familia nunca fue pequeña, como ella siempre creyó, sino que se extendía a sus vecinos, amigos, compañeras de zumba y del club de adultos mayores.

La activa vida social de María fue una de las características que más destacan quienes la conocieron. Además de su permanente labor comunitaria, encontraba tiempo para participar en diversas actividades recreativas y compartir con amigos, vecinos y compañeros de distintas agrupaciones.

Durante los últimos años asistía regularmente a un taller de baile entretenido que se realizaba tres veces por semana en un gimnasio de la ciudad. Su hija, Mónica, recuerda que la puntualidad y el entusiasmo eran parte de su personalidad. “El taller comenzaba a las 11 horas y a las 10 ya estaba lista para irse. Aunque hiciera frío o hubiera mal tiempo, prácticamente nunca faltaba”, relata.

Entre sus pasatiempos también estaban el tejido, las manualidades y la cocina. Disfrutaba especialmente preparar dulces para su familia y cercanos, una afición que cultivó durante años y que era ampliamente valorada por quienes la rodeaban.

Su vida también estuvo ligada a la Iglesia del Señor Apostólica, templo donde solía a asistir y donde mantenía vínculos de amistad y compañerismo. A ello se sumaban sus labores en la junta de vecinos, el club de adultos mayores y su trabajo, espacios donde construyó una amplia red de relaciones.

“Ella siempre estuvo acompañada. Tenía muchas amigas, conversaba con los vecinos y le gustaba compartir. A veces se encontraba con alguien y terminaban tomando un café y conversando durante horas”, recuerda su hija.

Para Mónica, esa capacidad de mantenerse activa y vinculada a su comunidad fue una de las mayores virtudes de su madre. “Muchos adultos mayores se quedan en sus casas y dejan de relacionarse con otras personas. Ella era todo lo contrario. Siempre buscó participar, sentirse útil y compartir con los demás”, señala.

Esa cercanía con la comunidad quedó reflejada en las numerosas muestras de afecto recibidas por su familia tras su fallecimiento. Para quienes la conocieron, María Barría será recordada como una mujer trabajadora, perseverante y comprometida con las personas que formaron parte de su vida.

María Josefina Barría Zúñiga había nacido en Punta Arenas el 2 de octubre de 1953. Sus funerales se realizarán durante la presente jornada.

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