Cómo las algas nocivas están reorganizando el ecosistema de Magallanes
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Investigadores nacionales e internacionales del proyecto “Benthic HABs” revelan que frente a la marea roja, las comunidades bentónicas se adaptan y cambian sus “dietas” para sobrevivir. El uso de biomarcadores y modelos de redes tróficas permite hoy leer los mensajes ocultos en las profundidades de la Reserva Nacional Kawésqar.
En los recónditos fiordos de la región de Magallanes, bajo gélidas aguas que guardan secretos de miles de años, ocurre una transformación silenciosa. El fenómeno de las Floraciones Algales Nocivas (FANs), conocido comúnmente como marea roja, no sólo representa una amenaza para la salud humana o la economía local: es un motor de cambio drástico para los organismos que habitan el fondo marino, conocido en el mundo científico como el bentos.
El proyecto Fondecyt N°11241322, liderado por el Laboratorio de Ecología Funcional de la Universidad de Magallanes (Umag), busca descifrar este impacto mediante el análisis de ácidos grasos e isótopos estables, herramientas que permiten trazar cómo fluyen la energía y las toxinas, a través de las especies.
La reorganización
del ecosistema
Para la Dra. Claudia Andrade Díaz, directora del proyecto y académica de la Umag, el foco principal ha sido entender la capacidad de respuesta del sistema. Tras años de investigación en la Reserva Nacional Kawésqar, el equipo ha comenzado a integrar datos bioquímicos, toxicológicos y de modelación, para obtener una visión ecosistémica.
“Los resultados están bien interesantes. Ya tenemos evidencias científicas que nos permiten decir cómo se reorganizan las comunidades bentónicas frente a las floraciones algales”, explica la Dra. Andrade. Según la investigadora, esta información es crucial, porque permite “detectar áreas que son más vulnerables que otras, dónde los organismos tienen cierta sensibilidad a la perturbación”, lo que podría mejorar los monitoreos, y guiar la toma de decisiones sobre la relocalización de centros acuicultores en zonas protegidas.
Especies funcionales
y redes invisibles
Uno de los mayores desafíos científicos es que los cambios en el fondo marino no siempre son evidentes a simple vista. Al ser especies fijas o de poca movilidad, los organismos bentónicos actúan como especies clave para evidenciar el cambio ambiental dentro de la red ecológica.
El Dr. Tomás Ignacio Marina, investigador del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic-Conicet) en Ushuaia, aporta una mirada de la complejidad de las redes tróficas. Su trabajo consiste en mapear quién se come a quién, y cómo estas interacciones -de competencia o mutualismo- se alteran durante una floración.
“El todo es más que la suma de las partes. Si queremos entender cómo funciona el ecosistema, y cómo responderá a una perturbación, necesitamos estudiar todo el sistema, todas las conexiones e interacciones”, afirma el Dr. Marina. El científico advierte que si la salud del bentos se deteriora, el impacto escala rápidamente hacia niveles superiores. “Si esas especies bentónicas no están, no hay alimento para los peces. Tendrán que buscar alimento en otro lugar, y gastarán energía en moverse en lugar de reproducirse”, lo que, finalmente, afecta incluso a los recursos pesqueros comerciales.
La conexión antártica
y el cambio de dieta
La investigación también revelado una fuerte conectividad biológica entre Magallanes y la Antártica. A pesar de los mil kilómetros que los separan, los procesos ecológicos y la afinidad de los grupos de especies son evidentes, aunque la temperatura actúe como una barrera que impulsa la especiación.
El Dr. Jesús Souza Troncoso, académico de la Universidad de Vigo y colaborador histórico de la Umag, destaca que el bentos está en constante adaptación, un proceso lento pero imparable. Durante su participación en las campañas en la zona Kawésqar, observó cómo las floraciones algales fuerzan a los organismos a tomar decisiones de supervivencia.
“La presencia de las algas nocivas puede hacer que cambie el recurso trófico utilizado por estos organismos. Pasa lo mismo que con los seres humanos: cuando hay floraciones de algas, no comes mejillones ni cholgas, comes zanahorias o pollo. Bueno, pues ahí abajo pasa lo mismo”, relata el Dr. Troncoso, con una analogía que ilustra la flexibilidad metabólica de estas especies para evitar las toxinas.
Hacia la restauración
del fondo marino
Más allá de la descripción científica, el proyecto busca soluciones tangibles. Una de las propuestas más llamativas es la aplicación de arrecifes artificiales para mitigar impactos en sistemas degradados o zonas donde la industria salmonera deba relocalizarse. Según el Dr. Troncoso, esta experiencia ya probada en España y la Antártica, podría ser clave para restaurar ecosistemas en Magallanes.
La meta final de esta “ciencia desde el territorio”, es la creación de un policy brief: un documento de recomendaciones en español para instituciones públicas, que traduzca estos hallazgos en políticas de conservación efectivas. Como bien resume la premisa del proyecto: en el bentos, los cambios dejan huella, y la ciencia ha aprendido a leerlas.
Fuente
Comunicaciones Umag




