Narrar el territorio: memoria, periodismo y academia
Sandra Leiva Poveda
Presidenta Consejo Regional Los Ríos Colegio
de Periodistas de Chile
No quiero ser pesimista. Hay consenso en que vivimos en un tiempo de comunicación drómica, marcado por la expansión de las redes sociales, los efectos de la inmediatez y de la polarización de las audiencias. Son algunas de las dificultades que desafían al ejercicio periodístico en una época marcada también por la desinformación, la sobreabundancia informativa y la creciente desconfianza hacia los medios.
En medio de esta avalancha de preocupaciones, hay escrituras que responden con argumentos y esperanza. El valor y el lugar que tiene el periodismo regional en la vida democrática va más allá de la cobertura de la contingencia; también reside en su capacidad de registrar, preservar y transmitir los relatos que dan sentido a los territorios.
Los territorios se construyen a partir de narrativas con memorias familiares, oficios y saberes hilados en la experiencia cotidiana, en estrecha relación con el paisaje, los ríos, el bosque y el mar. Gran parte de estas historias permanece, sin embargo, invisibilizada, ausente de las agendas informativas nacionales.
Es allí donde el periodismo asume una responsabilidad que trasciende la noticia cotidiana. Ciertas historias se escurren entre las voces de la ciudadanía, porque leer, escuchar, comprender y narrar la vida de nuestras comunidades enriquece el periodismo y la memoria colectiva.
Desde las regiones, nuestro Consejo Regional Los Ríos ha impulsado iniciativas para fortalecer la comunicación mediante el rescate de narrativas locales. A través del Círculo de Periodistas Camilo Henríquez, esta labor se ha materializado en la publicación de tres libros de crónicas narrativas: “XIV Crónicas de la Región de Los Ríos” (2021), “Afluentes Narrativos” (2023) y “Territorio Narrado” (2025), que han permitido recopilar 45 historias locales, constituyendo una experiencia única en la región y dentro del Colegio de Periodistas de Chile.
Lo particular de esta iniciativa no radica únicamente en el volumen editorial, sino en el compromiso de las y los colegiados, quienes han investigado y recorrido el territorio; en el apoyo de instituciones como el Gobierno Regional de Los Ríos, que ha financiado estas obras; y en la convicción de que, a través del periodismo, podemos contribuir a la preservación cultural y a la construcción de identidad.
La distribución gratuita de los tres libros en bibliotecas públicas y otros espacios culturales amplía el acceso ciudadano a la cultura y fortalece el derecho de las comunidades a narrar sus historias. De esta manera, el periodismo regional demuestra que puede cumplir una función democrática al ampliar la diversidad de voces, visibilizar realidades postergadas y contribuir a la construcción de un patrimonio inmaterial que inspire a las futuras generaciones de periodistas.
A menudo, la noticia breve puede desplazar el sentido de que narrar es una forma de conocer nuestra historia. Sabemos que no es fácil. El escenario actual, marcado por la era digital y por el uso de la inteligencia artificial, tensiona la capacidad reflexiva de las audiencias y debilita los presupuestos comunicativos de la democracia. No queremos eso; por el contrario, deseamos que el periodismo desde las regiones se reconcilie con la audiencia mediante una comunicación más cercana, situada y comprometida.
En la región de Los Ríos, la vocación periodística y narrativa tiene un aliado importante en la Escuela de Periodismo de la Universidad Austral de Chile, con quienes desde hace años hemos coordinado instancias de formación mediante seminarios de escritura narrativa, participación en congresos y otras acciones de colaboración mutua que evidencian que el periodismo no se agota en la defensa y promoción del derecho a la comunicación; su función social exige, además, la articulación con diversos actores públicos y privados para fortalecer la profesión y contribuir al desarrollo regional.
En estos 70 años, narrar sigue siendo una forma de conocernos. La articulación entre territorio, periodismo y academia confirma que contar historias en el siglo XXI es una herramienta indispensable para preservar la identidad, la memoria y la vida democrática de nuestras regiones.




