A 120 años de la entrega del agua potable en Punta Arenas
Una de las principales medidas propuestas por el gobernador Señoret fue aceptada en el gobierno de Jorge Montt durante los últimos días de su administración. El 21 de julio de 1896 se promulgaba el decreto que creaba, una comisión de alcaldes en Magallanes con asiento en Punta Arenas, con el propósito de recaudar recursos a través de impuestos, que propendieran al desarrollo y progreso del territorio.
Fue una tarea titánica que demandó una serie de negociaciones porque la región todavía no tenía la categoría de provincia, lo que en la práctica impedía el funcionamiento regular de una municipalidad con todas las atribuciones que le conocemos en la actualidad. Se buscó una solución intermedia que debió esperar casi dos años, hasta la llegada del nuevo gobernador Carlos Bories para comenzar actividades, quien aprobó la selección efectuada por sus antecesores, de los vecinos Luis Aguirre, Rómulo Correa y Rodolfo Stubenrauch para que integraran la primera comisión de alcaldes.
Disposiciones y reglamentos
En el volumen II de su famosa obra “Censo general del territorio de Magallanes” (1908), Lautaro Navarro Avaria señalaba que en la primera sesión sostenida el 27 de julio de 1898 se acordó solicitar al gobierno la entrega a la municipalidad de la cañería que abastecía de agua potable a los buques de la escuadra nacional. La administración del presidente de la República, Federico Errázuriz Echaurren, acogió de muy buena manera la petición realizada, brindando la concesión a la comisión de alcaldes, lo que aseguraba el abastecimiento gratuito del vital elemento a los barcos de la Armada.
El 19 de julio de 1899 se dictó el reglamento conformado por cuatro artículos sobre ocupación de vías públicas, basuras y aguas sucias. Quedaba prohibido dentro del límite urbano de la ciudad, en las calles o en recintos públicos, el empleo de cualquier tipo de estructura para el lavado y tendido de ropas, hacer fuego, limpiar carruajes, bañar animales, arrojar aguas sucias, y depositar en ellas cualquier tipo de basuras, desperdicios de cocina, o guano de animales.
Los despojos de los mataderos, las aguas fétidas y otras sustancias pútridas extraídas de casas particulares, debían arrojarse al mar, dos kilómetros al norte del río de las Minas y dos kilómetros al sur del río de la Mano. El incumplimiento de cualquiera de estas normas originaba una multa que oscilaba entre dos y veinte pesos.
En consonancia con lo anterior, el 6 de septiembre de 1899 se dictó un reglamento sobre letrinas que permitió la apertura de fosas para depositar materias fecales construidas con ladrillos revestidos al interior con capa de cemento; al mismo tiempo, se determinaba que todas las que estaban abiertas debían cerrarse antes del 15 de noviembre, fecha en que entraba en vigencia el reglamento, utilizando una capa de cal viva de 0.05 centímetros de espesor y otra de carbón vegetal, de 0,15 centímetros de ancho. El incumplimiento de la normativa generaba multas que iban desde los veinte a cuarenta pesos de aquel entonces.
A fines de 1900 la comisión de alcaldes determinó la colocación de los primeros grifos para incendios y pilones de agua en torno a la Plaza de Armas Benjamín Muñoz Gamero. En marzo de 1901 aprovechando la presencia del ingeniero especializado en París, Higinio González, quien vino a realizar trabajos para la Dirección General de la Armada, se efectuaron algunos estudios en el río de las Minas y en la laguna Lynch verificando la provisión de agua potable a Punta Arenas, concluyendo que, para una población estimada de veinte mil habitantes se necesitaban doscientos cincuenta litros diarios de consumo por habitante.
Lautaro Navarro asegura en su “Censo general del territorio de Magallanes” que el gobernador Carlos Bories preparó un anteproyecto para que fuera presentado en el Congreso Nacional consistente en el establecimiento en Punta Arenas de un sistema de agua potable y otro para desagües, el que podría financiarse en parte, con las sumas producidas por el arrendamiento de tierras en Magallanes.
El gobierno tenía otros planes. Por ese motivo, el 2 de diciembre de 1901 la comisión de alcaldes conversó con el ingeniero Jorge Lyon director de trabajos en Peñuelas, Valparaíso, quien recomendó al especialista en obras hidráulicas, Eduardo Simpson, para que levantara un plano general de la ciudad y formulara un proyecto sobre la habilitación de agua potable y desagües.
En agosto de 1902, luego de ocho meses de labores, Simpson presentaba los planos, presupuestos de las obras y la memoria explicativa. El costo calculado para el desagüe era de $114.419,85 y de $223.304,26 para el agua potable, lo que hacía un total de $337.724,11, cifra de la cual la municipalidad carecía.
Un año y medio después, el gobernador Bories volvió a presentar un proyecto de bases con el objeto de dotar a Punta Arenas de ambos servicios, moción que fue aprobada el 21 de marzo de 1904. A diferencia de la vez anterior, se vio la opción de pedir un préstamo al Banco Tarapacá y Argentina, por intermedio del gerente Francisco Campos Torreblanca, quien, en abril viajó a Londres con las especificaciones técnicas y financieras requeridas, para factibilizar la iniciativa.
Tuvo que transcurrir otro año completo para que la firma Pearson & Son emitiera una respuesta concreta. Se estimaban bajos los cálculos presupuestarios del ingeniero Simpson, porque la mano de obra puntarenense era muy cara, lo que obligaba a contratar y trasladar obreros de otras latitudes del país. Las negociaciones para conseguir un empréstito fueron retomadas en agosto, pero en septiembre, la empresa inglesa envió al ingeniero James Meldrum para que estudiara y reconociera lugares de instalación, cavando pozos en distintos puntos de la ciudad.
La comisión de alcaldes aprobó el 7 de octubre los lineamientos básicos del contrato, mientras que, en los meses siguientes se acordó con el Banco Tarapacá y Argentina, un préstamo por la suma de cuarenta mil libras esterlinas a quince años plazo con un interés del 7% anual; el reconocimiento de una deuda por cuatro mil doscientos veinticuatro libras esterlinas por la diferencia del tipo de interés de los bonos, además de un pago semestral por el interés del préstamo y una última suma, para ajustar la cancelación a los quince años convenidos. Finalmente, el contrato fue reducido a escritura pública y aprobado por el gobierno de Germán Riesco Errázuriz el 18 de diciembre de 1905.
La firma Pearson & Son envió a su personal técnico a Punta Arenas antes de Navidad, mientras que, desde Chiloé llegaron doscientos obreros para abrir las zanjas por donde circularía la doble cañería de agua potable y desagües.
Instalación del estanque
Con la presencia de autoridades, cuerpo consular y vecinos de la ciudad, el 6 de enero de 1906 fue colocada en el Cerro de la Cruz la primera piedra del depósito para la distribución de agua potable. El vespertino El Magallanes publicó una amplia crónica destacando el logro municipal:
“En la Comisión de Alcaldes de Magallanes la única Municipalidad de la República a la cual un Banco serio y cuidadoso de los intereses de sus accionistas, como el de Tarapacá y Argentino, facilita más de medio millón de pesos bajo la sola palabra de las personas que constituyen la Comisión, sin exigir hipoteca sobre bienes raíces, para emprender una gran obra pública. ¿Algún municipio autónomo del norte puede efectuar algo parecido? Pues a Punta Arenas le cabrá el honor de ser la segunda ciudad de la República que tenga desagües higiénicos y hechos con el solo esfuerzo de su administración municipal y del pueblo todo lo que tiene confianza en ellas”.
Los trabajos demoraron veintisiete meses. El 1 de abril de 1908 la dirección de obras municipales entregaba a la comisión de alcaldes la obra finalizada. En síntesis, el servicio de agua potable comprendía 2.447 metros lineales desde el chorrillo Lynch a los filtros de arena y en la ciudad un total de 13.554 metros lineales. Alrededor de las cañerías, se colocaron 52 grifos para la extinción de incendios. El estanque para decantación tenía una capacidad de 2.000 metros cúbicos; la superficie de los filtros era de 650 metros cuadrados; en tanto, el estanque de agua filtrada podía almacenar 500 metros cúbicos y el estanque de distribución situado en el Cerro de la Cruz, hasta 2.500 metros cúbicos. Pearson & Son había tomado la precaución de techar y cubrir con champas todos los estanques y desagües y, asimismo, ubicar las cañerías en profundidad suficiente para evitar la congelación.
Una cosa era habilitar las instalaciones para el agua potable y otra, hacer las conexiones para el desagüe. En Punta Arenas se adoptó el sistema Shone de tipo mecánico, que servía exclusivamente para las deyecciones y aguas servidas. Se trataba de un aparato fabricado y vendido en forma exclusiva, por la firma Hughes and Lancaster, en Londres, Inglaterra.
El problema principal que se debió superar fue el desnivel que se observaba en el centro de la ciudad. Desde Avenida Colón a calle Ñuble (Lautaro Navarro), las deyecciones y aguas servidas se escurrían sin inconvenientes, pero desde Ñuble a la playa, el nivel se volvía casi plano, lo que obligó a colocar un colector en calle Llanquihue (O’Higgins) empalmándolo con una carga subterránea en Avenida Colón.
El servicio de desagües comprendía un colector grande de 18 pulgadas de 1.480 metros lineales desde el mar por el lado norte de la ciudad hasta Avenida Colón; otro colector, de 15 pulgadas y 733 metros lineales, que iba por Colón, continuaba por Atacama (Bories) hasta Aconcagua (Nogueira) y Arauco (Fagnano). En esta intersección, había un nuevo colector de 12 pulgadas y 373 metros lineales, desde Aconcagua hasta la Avenida Independencia. El sistema se reforzaba con un colector secundario de 9 pulgadas y 966 metros lineales, que cubría el trayecto Colón, Bories, Nogueira hasta calle Colchagua (Balmaceda). Había otros ramales ubicados en distintas calles que sumaban 3.063 metros, totalizando 6.615 metros lineales.
Todos los tubos fueron traídos de Inglaterra y eran de greda vidriada. Instalados en una cámara subterránea, funcionaban de manera automática con aire comprimido y dos motores a parafina de 3 y medio caballos de fuerza. Cada uno podía contener 1.135 litros y aunque estaban colocados a siete metros bajo la calle, podían elevar cincuenta mil litros de desagües por hora.
Lautaro Navarro aseguraba que el costo final para las instalaciones fue de 43.563 libras esterlinas en el caso del agua potable, 19.145 libras esterlinas para los desagües y de 1.819 libras esterlinas en conexiones a particulares, lo que hacía un total de 64.527 libras esterlinas. Mientras se efectuaban los trabajos, la municipalidad dictó el 19 de enero de 1908 dos reglamentos, uno para la instalación y servicio de agua potable y otro, para el de desagües, con sus respectivas sanciones para los infractores.
En los primeros años de funcionamiento, la relación costo/beneficio no fue provechosa para las arcas municipales, principalmente por el derroche de agua en el mal uso de los inodoros, lo que llevó a la comisión de alcaldes a adoptar una serie de medidas económicas y, a dar cumplimiento al Decreto Supremo N°4.292 del 22 de diciembre de 1911 que exigía la colocación de medidores de agua en las casas.
En Porvenir
Silvestre Fugellie en su libro “A un siglo del agua” nos entrega significativos antecedentes de las enormes dificultades que debieron superar las capitales de Tierra del Fuego y de Ultima Esperanza para habilitar el servicio de agua potable y desagües.
En Porvenir, en las primeras décadas del siglo XX el agua dulce se obtenía de las lluvias que caían o quedaban atascadas en las canaletas y en los techos de las casas. En el verano se bebía agua salobre de los pozos o se buscaba líquido de un riachuelo cercano, el que se acarreaba a mano, en barriles rodantes o tirados por caballos.
En 1935 la municipalidad liderada por José del Carmen Gómez Andrade recibió 2.300 tubos de fierro fundido de 100 milímetros de diámetro. En septiembre de ese año, quedó terminado el estanque de regulación de 200 metros cúbicos. En agosto de 1936 se recibieron 1.442 tubos de 50 milímetros, 228 de 75 milímetros, y 121 de 100 milímetros, además de 52 piezas especiales y 2 cajones con válvulas, material que se emplearía en la red de distribución del agua potable.
El alcalde Gómez Andrade había decidido cambiar las antiguas canalizaciones de madera por tubos de cemento de 500 metros lineales, y así impedir el rebalse de fosas sépticas en el casco histórico del pueblo. En enero de 1937 ofició al ingeniero provincial de la dirección general de obras públicas en Punta Arenas, para que comenzara las obras del agua potable, con la construcción de la surtidora y el desvío del estero Pivcevic. En abril se realizaron las primeras excavaciones y en octubre continuaron los trabajos de relleno para alistar la red de distribución.
Al respecto, el periódico bisemanal El Porvenir en un artículo publicado el 27 de enero de 1940 recordaba que durante la visita que hiciera el presidente de la República, Pedro Aguirre Cerda en noviembre del año anterior, se le solicitó la prolongación y ensanche de la red distribuidora y la construcción de una casa habitación para el gásfiter guarda estanque, cargo que desempeñaba Pedro Melipilla Nancual. Pese a la falta de grifos contra incendios y de una red adecuada hacia el sector periurbano, se disponía de 66 medidores y la recaudación por consumo de agua potable alcanzaba al 98,27%.
Puerto Natales
En su libro “Crónicas de Ultima Esperanza”, Jorge Díaz Bustamante señala que los primeros pobladores obtenían agua del chorrillo “Natales” y que un tal Santos, a quien le decían “El portugués”, oficiaba de aguador en la época en que la mayoría de las dueñas de casa lavaban la ropa a orillas del riachuelo mencionado.
Proveer de agua potable a Puerto Natales fue un asunto colosal. A poco de entrar en funcionamiento el Frigorífico Natales se construyó una represa que extraía agua desde el chorrillo “Natales” y la bombeaba a un estanque de regulación ubicado en calle O’Higgins en las inmediaciones del cementerio viejo, hoy Padre Hurtado.
La municipalidad hizo denodados esfuerzos para habilitar este servicio. El 4 de noviembre de 1940 el ingeniero William Barry Haydes entregó un informe completo para la construcción de la planta hidroeléctrica y la conveniencia de utilizar agua desde el sector de Dumestre, doce kilómetros al sur de la ciudad.
Distintos contratiempos dificultaron el comienzo de las obras. El tesón y la voluntad política demostrada por dirigentes como el diputado Alfredo Hernández Barrientos y el alcalde Octavio Castro Sáez fue esencial para convencer a las autoridades de gobierno de dotar a Puerto Natales de una planta y una red de distribución.
Los trabajos empezaron en 1949 y se extendieron ocho años. Con una matriz cuya longitud superaba los 4.680 metros, un estanque de almacenamiento cilíndrico de concreto, con capacidad para mil metros cúbicos, y un caudal mínimo de la fuente de 300 litros por segundo, podía cubrir una longitud total de 16.450 metros lineales, en una ciudad que disponía de 1.213 arranques domiciliarios y 27 grifos contra incendios anticongelantes. Inaugurada el 15 de noviembre de 1957, la planta tenía cuatro operarios, dos administrativos y un técnico-administrador, encargado de fiscalizar el alcantarillado público y el domiciliario.




