Pesar por muerte de antigua educadora de párvulos Adriana Velasco Gallardo
A sentidas muestras de pesar y congoja ha dado lugar el sensible fallecimiento de la antigua educadora natalina Adriana Velasco Gallardo, cariñosamente conocida por generaciones de exestudiantes como la “Tía Nany”. Tenía 95 años.
Hija del inmigrante asturiano Faustino Velasco Iglesias y de doña Ester Gallardo, vivió parte de su infancia en Isla Picton. En 1950 se trasladó a Santiago para estudiar Educación de Párvulos en la Escuela Normal Nº2 y, en 1953, regresó a Magallanes para iniciar una destacada trayectoria en la Escuela Consolidada de Puerto Natales, donde ejerció con dedicación durante 34 años.
Su vocación de servicio, cariño por la enseñanza, calidez humana y compromiso con la formación de niños y niñas dejaron una huella imborrable en generaciones de estudiantes, colegas y apoderados, quienes hasta hoy la recuerdan con profundo afecto y gratitud.
Como reconocimiento a su invaluable aporte a la educación y a la comunidad, fue distinguida como Hija Ilustre de Puerto Natales en 2014, homenaje que recibió durante su etapa de jubilación.
Fue esposa del profesor José Sofanor Barrientos Cárdenas y deja a sus hijos, Jorge y Sergio Barrientos Velasco, junto a familiares, amigos y a toda una comunidad que hoy lamenta su partida.
En una entrevista publicada por este medio en noviembre de 2024, Adriana Velasco recordó que “con mi hermana Alicia fuimos parte de las primeras generaciones de normalistas parvularias. Partimos desde Punta Arenas a Valparaíso en un viaje que duró 15 días. Yo sembré montones de chiquititos, y ahora esos niños son abuelitos. Aunque uno cree que no se acordarán de uno, siempre lo hacen. Nos traen confites, flores, y me encuentro con ellos en los lugares más inesperados. Ser educadora de párvulos es sembrar cariño, y eso nunca se olvida”.
Cuando terminó sus estudios, fue a pedir trabajo al Ministerio de Educación, recuerda entre risas. Con 20 años, la enviaron a Natales. “Cuando llegamos a la escuela yo era una cosa novedosa. Así partí y estuve trabajando 25 años”.
Ella guardaba muchas fotos de sus niños, de cada uno, pero en un incendio perdió esos recuerdos. En sus primeros años, tenía 30 niños a su cargo y no tenía técnicos así que sola debía hacerse cargo de sus alumnos. Son miles de historias, pero recuerda a un pequeño que a los cinco años no quería dejar su chupete y esperaba a que no lo mirara para ponerse el chupete. “No quiero dar su nombre porque aún me viene a ver”, admite entre risas. El cariño ha perdurado en el tiempo.
“Esos recuerdos quedan. He sido feliz siendo parvularia. Muy feliz. ¿Cómo no voy a ser feliz si recibo mucho cariño de mis alumnos?”, se preguntó entonces.
Sus restos son velados en el salón Lourdes, en calle Maipú esquina Armando Sanhueza, y sus funerales serán este sábado a las 10,30 horas, hacia el Cementerio Municipal, donde se realizará un responso en la capilla.




