“Miguel Ángel Blanco, las 48 horas que lo cambiaron todo”: Memoria en cuenta regresiva
Netflix estrena este documental el mismo día en que se cumplen 29 años del secuestro del concejal español del Partido Popular, Miguel Ángel Blanco Garrido. ¿Por qué no lo hizo cuando se cumplen 30? Una de las razones es que se trata de la misma edad que tenía el joven concejal al momento de ser secuestrado por un comando del grupo separatista vasco ETA, que amenazó con asesinarlo apenas se cumplieran 48 horas si no eran cumplidas sus demandas. La otra es que se rumorea que en 2027 se estrenará una película de ficción sobre el hecho.
El documental está dirigido por Jon Sistiaga y Juanjo López, dos periodistas que siguieron el caso en 1997, cuando uno de ellos, recalca, tenía la misma edad del concejal al momento de acontecer el secuestro que conmovió a los habitantes del país, generando una ola de manifestaciones que buscaban cambiar la decisión de una muerte anunciada.
El documental se apoya en imágenes de archivo que van relatando la cuenta regresiva hacia el plazo fatal y en numerosos testimonios de testigos y protagonistas, entre ellos la hermana de Miguel Ángel Blanco, amigos, periodistas, políticos del territorio vasco, el expresidente del gobierno español, José María Aznar y, considerado un hito para el registro de este material, el rey Felipe VI, quien, en ese entonces, siendo príncipe de Asturias, debió cumplir una misión real en ese momento.
El documental desarrolla una estructura de “thriller periodístico”, nueva forma de designar un relato de los hechos que, a pesar de ser conocidos o de que se pueda recurrir a internet para saber cómo concluyeron, ingresa al terreno propio de la ficción, dosificando los datos y manteniendo la intriga hasta casi el final.
A diferencia de los documentales a los que nos tiene acostumbrados Netflix —y ya no solo Netflix—, en esta ocasión reaparece la voz en off de un narrador, que es la voz de Jon Sistiaga, algo innecesaria porque los testimonios ya dan cuenta de todo, pero cuya justificación puede hallarse en una mirada personal que busca demostrar la hipótesis de que el secuestro de Miguel Ángel Blanco fue el acontecimiento que marcó el principio del fin de ETA.
Y aunque los testimonios vayan en paralelo con la acción del documental para ratificar esta idea, se pierde cierta posibilidad y objetividad de profundizar y ampliar otros aspectos del contexto, como indagar en las condiciones del secuestro, la decisión de ETA de elegir a Miguel Ángel Blanco, la del gobierno de no ceder a una negociación y el análisis que explique el estallido de movilizaciones que generó el secuestro y sus consecuencias.
No obstante, ninguno de estos detalles le resta valor al documental, el más amplio que se ha hecho sobre el tema, en una España que apenas imaginaba que algo peor llegaría seis años después en una estación del Metro de Madrid; que sería campeona del Mundial de Fútbol en 2010 y que, como bien dice la introducción del narrador, fue la que inauguró el Guggenheim, presenció el casamiento de la infanta Cristina y se dividió entre el “Corazón Partío” de Alejandro Sanz y “La flaca” de Calamaro.
Y esa España nada tiene que ver con la de ahora, la que, 29 años después, en un tiempo más que prudente, pone a prueba la consistencia de la memoria con una pregunta: “¿Te acuerdas perfectamente de dónde estabas cuando ocurrió lo de Miguel Ángel Blanco?”




