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Punta Arenas en una novela de Julio Cortázar (2)

Domingo 12 de Julio del 2026

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Julio Cortázar vino a Chile en noviembre de 1970, con motivo de la asunción del Presidente Salvador Allende; era el tercero de los cuatro viajes que hizo a nuestro país. La edición del 7 de noviembre de ese año del diario chileno La Nación cubre la visita y, en lo que nos interesa en particular, señala: “… Estuvo en Chile hace más de 22 años, recorriendo en barco desde Punta Arenas a Buenos Aires”.

También, y nuevamente, en lo que nos interesa en particular, informa sobre la reunión en la sede de la Sociedad de Escritores de Chile, en la cual nuestro Premio Nacional de Literatura, Francisco Coloane, le preguntó si recordaba a un viejo lobo de mar llamado Persio García, quien actualmente (en ese entonces, 1970) residía en Valparaíso. “Ese marinero —dijo Coloane— me contó hace algún tiempo que recordaba, hace unos 20 años, a un joven alto y desgarbado que se había embarcado en su barco Arica (se refiere al vapor Arica). Muy pronto se hicieron amigos y García le había preguntado su nombre y profesión, a lo que el joven le había dicho llamarse Julio Cortázar, que era profesor y que algún día pensaba escribir”.

Prosigue la nota: “Mientras el escritor chileno contaba esto, una leve sonrisa de recuerdos llenó el rostro de Cortázar, afirmando repetidas veces con la cabeza”.

A continuación, responde Cortázar: “La anécdota es totalmente cierta. Estuve en Chile el año 42 y me embarqué, sin un centavo, en el Arica. En esos días de guerra, Chile rompió con el Eje, lo que nos obligó a prolongar el viaje, ya que avanzábamos un día y teníamos que retroceder dos. Para mí fue muy agradable y recuerdo al entonces piloto García”.

Cortázar fecha erróneamente el viaje en 1942. “La guerra” es la Segunda Guerra Mundial y Chile rompió relaciones con “el Eje” el 20 de enero de 1943; el viaje —suficientemente acreditado en diversas fuentes— fue en 1943. Aclaremos que “el Eje” lo integraban Alemania, Italia y Japón, potencias a las que se unían Hungría, Rumania, Bulgaria, Eslovaquia y Croacia, que se enfrentaban a “los Aliados” (Estados Unidos, Reino Unido, Unión Soviética, República de China y Francia).

Prosigue Cortázar: “Es perfectamente posible que ese viaje haya influido en algo en el libro Los premios, que escribí muchos años después, ya que algunas características del Arica se reflejan en la novela”.

Con la información recogida hasta la fecha estamos en condiciones de aseverar:

1.- Que Julio Cortázar viajó en el vapor Arica, de la entonces Compañía Chilena de Navegación Interoceánica (CCNI), desde Valparaíso a Buenos Aires, embarcándose en el puerto chileno la noche del 27 de enero de 1943 y llegando a Buenos Aires el 20 de febrero del mismo año.

2.- Que, en ese viaje, el vapor Arica cruzó el estrecho de Magallanes y recaló en Punta Arenas. Es decir, Cortázar no solo pasó por el estrecho de Magallanes y Punta Arenas: Cortázar estuvo en Punta Arenas. Ahora, si se bajó o no del barco, salió o no salió del muelle, eso es otra cosa, pero de que estuvo, estuvo, pues el barco incluía en su itinerario a Punta Arenas. En todo caso, habiendo leído algo respecto del espíritu aventurero y viajero del escritor, especialmente en sus años jóvenes, nos costaría aceptar que no se hubiera bajado del barco para recorrer la ciudad.

3.- Que toda la información respecto de la estadía en Punta Arenas prima por sobre la posibilidad de que sea una ficción aquello de “…conocí a una acróbata quemada por la luna en Punta Arenas…”, contenido en “Imagen de John Keats”, texto de componentes autobiográficos escrito entre 1951 y 1952 y publicado en 1996 (y, aun cuando sea ficción, la evidencia de la estadía está sustentada en fuentes documentales).

4.- Que, a partir de lo señalado por Cortázar, confirmamos, en parte, nuestra sospecha o sensación de que el viaje de 1943 habría servido de inspiración para la novela Los premios.

Cortázar alude a las características del vapor Arica como determinantes de una posible influencia en la escritura del libro. Pensamos que no es la única y, por ahora, solo adelantaremos que el protagonista de la novela se llama Persio. Coincidencia o no, el marinero que le había comentado a Francisco Coloane que conoció al escritor argentino en el Aricase llamaba Persio —Persio García—, y Cortázar se acordaba perfectamente de él; incluso lo identificó como piloto de la nave… Persio no es un nombre común.

Continuará…

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