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“Una hermana todo terreno”: La despedida de Teresa Álvarez una mujer que dedicó su vida a trabajar y falleció de forma sorpresiva 

Domingo 12 de Julio del 2026

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Teresa Miguelina Álvarez Macías tenía 61 años, había nacido un 28 de diciembre y vivía en calle Ramón Carnicer, en el populoso barrio “18” de Punta Arenas. Era, según cuenta su hermana menor, Hortensia Álvarez, una mujer casada, madre de dos hijos y abuela de tres nietos, que “trabajó toda su vida para sacar a su familia adelante”.

“Una luchadora, una buena vecina, una buena hermana”, la describe Hortensia, todavía conmovida por la partida de quien era la mayor de tres hermanas. “Nos deja con una gran pena, fue algo muy rápido, muy repentino. Y la recordaremos por siempre, como una persona humanitaria”, agrega.

La noticia de su fallecimiento se conoció la tarde del miércoles, cuando la Corporación Municipal de Punta Arenas informó que una usuaria de 61 años había muerto al interior del baño del recién inaugurado consultorio del barrio 18 de Septiembre. Según el comunicado oficial, la mujer ingresó al recinto sin solicitar atención médica y se dirigió directamente al servicio higiénico, donde fue hallada minutos después por una funcionaria del establecimiento, sin signos vitales. Pese a que el equipo clínico activó de inmediato el protocolo de emergencia y realizó maniobras de reanimación por más de media hora, no fue posible revertir el cuadro. En fuentes médicas se maneja la hipótesis de un infarto fulminante.

Para su familia, no hubo señales que anticiparan un desenlace así. “Andaba con un problema, una enfermedad común que le da a uno. No se sentía bien, pero nada que nos hiciera pensar que pasara esto”, relata Hortensia. Ese día, Teresa había cumplido su turno habitual en la panadería donde trabajaba, de siete de la mañana a dos y media de la tarde, y se había retirado con normalidad tras ser reemplazada por otra funcionaria.

Una vida dedicada
al trabajo

Antes de llegar a la panadería Jacqueline, donde se desempeñaba hacía menos de dos años atendiendo público, Teresa había recorrido buena parte de la historia gastronómica de Punta Arenas. Empezó como garzona y pasó por locales como el Giros, el Coyote  y en el Hotel Cabo de Hornos, su trabajo anterior a la panadería.

Dagoberto Maldonado, dueño del local donde trabajaba al momento de morir, la recuerda como una trabajadora “buenísima, tranquila”, una “persona única”. Cuenta que necesitaba a alguien para atender el negocio y que a Teresa “alguien le dijo” del puesto vacante, así fue como llegó a integrarse al equipo. Se enteró de su muerte esa misma noche, cuando otra funcionaria del local lo llamó para darle la noticia. “Yo estaba acostado. ¿Cómo puede ser?, le dije. Y ahí empezó”, recuerda.

Pero el trabajo era solo una parte de la rutina diaria de Teresa. Su hermana cuenta que sus días comenzaban temprano, cuidando a su suegra, una mujer con discapacidad de la que se hizo cargo junto a su marido.

“Era una hermana
todo terreno”

Hortensia describe a su hermana como una mujer servicial, “todo terreno”, siempre preocupada de los demás. Las tres hermanas —Teresa la mayor, Giselle en el medio y Hortensia la menor— formaban, según cuenta, una familia muy unida. Teresa tuvo dos hijos, y fue la única de las tres hermanas en llegar a ser abuela, con tres nietos.

Muy creyente, Teresa cruzaba todos los domingos a misa a la iglesia ubicada frente a su casa, el mismo templo donde su familia decidió velarla. Ahí, entre las muestras de cariño de vecinos y conocidos, también llegaron familiares desde Argentina y desde Puerto Natales para despedirla.

Su hermana recuerda especialmente su cariño por los animales. Teresa alimentaba a todos los animales que se cruzaban en su camino, entre ellos un perro del vecindario al que había bautizado como “Capitán” y que, con el tiempo, se volvió también un poco suyo. “Si tienes comida que te sobre, para darle a Capitán”, le decía siempre a su hermana. El animal, cuentan, siguió a la carroza fúnebre el día en que retiraron su cuerpo desde la casa familiar.

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