El profesor de Historia que viaja en el tiempo con Tolkien
-
Tiene 34 años, es docente de la Escuela Croacia, donde también estudió de niño. A los 15 años fundó la Sociedad Tolkien de Magallanes, que este año cumple 19 y prepara sus actividades para los 20. En enero estuvo en Oxford y dejó un medallón en la tumba del autor.
Otto Dusan Gesell Yasic nació en Punta Arenas, pero su familia es de Porvenir, Tierra del Fuego, desde hace cinco generaciones. Su madre es Francia Yasic Israle, su padre Guido Gesell Rogosic, ambos se conocieron allá, aunque sus familias ya se relacionaban de antes. Hoy tiene familia en ambos lados del estrecho de Magallanes. Estudió en la Escuela Croacia, luego en el Liceo Experimental y en la Universidad de Magallanes donde fue alumno, entre otros, del historiador Sergio Lausic Glasinovic. Tiene 34 años, un hermano menor llamado Blas, y desde los 15 es presidente y cofundador de la Sociedad Tolkien de Magallanes, la única organización de su tipo en esta latitud patagónica.
De niño para Navidad pedía juguetes de castillos con caballeros. Jugaba en el patio haciendo ciudades de barro, espadas en el taller de su tío, escudos y arcos de juguete. Los temas medievales y de fantasía siempre estuvieron ahí, aunque él no lo sabía todavía. Un día encendió la televisión y estaban exhibiendo El Señor de los Anillos. “De ahí cambió todo”, dice. Descubrió que el autor era además un académico de una de las universidades más prestigiosas del mundo, que había inventado idiomas y construido una mitología completa. La figura de John Ronald Reuel Tolkien como tal, dice, ya da para admiración antes de leer una sola página. Comenzó a buscar, a investigar en el internet limitado del año 2005. Conoció a Nira Ortega, otra joven de otro establecimiento que también amaba al escritor. Se pusieron a conversar. ¿Por qué no crear un club?
La Sociedad Tolkien
Así nació, en 2007, lo que primero se llamó Club de Fans de El Señor de los Anillos y luego pasó a ser la Sociedad Tolkien de Magallanes, que abarca toda la obra del autor. Lo hicieron sin saber que existían otras sociedades similares en el mundo, porque en ese tiempo Facebook recién estaba apareciendo, Instagram no existía y no todas las organizaciones tenían sitios web. Fundaron algo desde cero porque no sabían que se podía replicar. Hoy llevan 19 años ininterrumpidos y en noviembre comienzan a preparar los 20. Sus actividades permanentes incluyen el Concilio Tolkien, que va en su onceava versión, una taberna que abren periódicamente, recreacuentos en escuelas de toda la región, y su condición primaria: son un club de lectura. La Feria Medieval, que es la actividad más visible, es en realidad un paréntesis dentro de todo lo demás.
Este bullado evento surgió cuando la sociedad decidió que lo que hacía tenía valor más allá de Tolkien. No era sólo para fans: era un aporte cultural a la comunidad. “Llegó un momento en que dijimos esto no tiene que ver directamente con lo que escribió Tolkien, pero se parece y es un aporte”, explica Otto. Lo que más le fascina es pensar en los niños que asisten hoy: ellos no tuvieron que inventar nada, simplemente llegaron a algo que ya existía. La sociedad lo creó todo desde cero para que otros pudieran simplemente entrar. El sello que los distingue de otras sociedades Tolkien del mundo es la recreación: leer cómo es una taberna del Señor de los Anillos o cómo es la Comarca, y luego materializarlo para que quienes entren al espacio sientan que están en ese mundo. El vestuario, la música, la decoración, la comida, la narración oral: todo evoca la misma atmósfera. “Las personas dicen qué mágico el espacio, me sentí como en otra época”, dice Otto. “Lo dicen en todas las actividades”.
Oxford
En enero de este año, Otto estuvo en Oxford por primera vez. Recorrió todos los lugares donde Tolkien vivió, trabajó y escribió: la universidad, el jardín botánico donde pasaba las tardes, el árbol que él mismo bautizó y cuya última foto en vida fue frente a él. Fue al pub The Eagle and Child, donde Tolkien se reunía con C.S. Lewis, el autor de Las Crónicas de Narnia, a leer en voz alta lo que estaban escribiendo. Lewis fue uno de sus principales promotores: le decía sigue con esto, arregla aquello. Fue al cementerio donde Tolkien yace junto a su esposa, en una tumba que lleva grabados los nombres de dos personajes de su obra, Beren y Lúthien, que representaban a la pareja en la vida real. Ahí Otto dejó un medallón de la Sociedad Tolkien con la palabra hantale -gracias en élfico, el idioma inventado por el autor- junto a una rama del bosque magallánico, una piedra y una piocha con el logo de la sociedad. “Fue muy significativo, muy emocionante”, confiesa. “Era el origen de toda esa obra que él llamaba el Legendarium”.
El profesor
Otto lleva ocho años enseñando en la Escuela Croacia, el mismo establecimiento donde estudió de niño. Hace clases desde prekínder hasta octavo básico: Historia y Ciencias Sociales, Geografía, Educación Ambiental, Formación Ciudadana. Organiza la Feria Intercultural, la Muestra de Educación Ambiental, las veladas del colegio. Hace poco certificaron la escuela como establecimiento de excelencia ambiental ante el Ministerio de Educación. “Volver a mi espacio escolar desde otra perspectiva es una sensación muy bonita”, señala. Llegó a Historia porque la amaba, y una vez que empezó a ser profesor descubrió que la pedagogía tiene mucho de gestión cultural, que es exactamente lo que también hace en la Sociedad Tolkien. Las dos vocaciones resultaron ser la misma.
Lo que más le preocupa al observar a las nuevas generaciones es la falta de motivación autónoma. Cuando él y sus amigos formaron la Sociedad Tolkien, lo hicieron solos, sin que ningún adulto se los propusiera. Se sentaban en una mesa, planificaban, proyectaban. Hoy ve que ese tipo de iniciativa juvenil independiente es escasa. “Siento que cuando estudiábamos teníamos una motivación interna propia de generar cambios”, admite. “Hoy no veo agrupaciones que surjan de estudiantes de liceo a menos que haya adultos de por medio”. La Sociedad Tolkien tiene un sueño pendiente: un espacio propio donde guardar sus insumos artísticos y hacer actividades regulares sin depender de préstamos. Han hablado con todos quienes han pasado por cargos de representación pública. Todavía esperan. Mientras tanto, siguen haciendo lo que siempre han hecho: crear desde la pasión, abrir los espacios para que la comunidad los acompañe, y llevar la fantasía a esta esquina del planeta desde hace casi 20 años.




