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Sag advierte vacío legal para controlar perros asilvestrados y reconoce que no puede capturarlos

Sábado 1 de Agosto del 2026

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¿Quién se hace cargo del control y manejo del perro asilvestrado que ataca a los ovinos en los campos magallánicos? Es una pregunta que, dependiendo de la institución a la que se le consulte, tendrá como respuesta que no cuenta con las competencias legales para abordar esta problemática y que la responsabilidad corresponde a otra repartición pública.

En el caso del perro asilvestrado, “la pelota”, como se diría en buen chileno, se pasa entre los municipios, la seremi de Salud, el Servicio Agrícola y Ganadero y el Servicio de Biodiversidad y Areas Silvestres Protegidas. Los municipios acusan falta de recursos para implementar a cabalidad la Ley de Tenencia Responsable; el SBAP recién se está instalando como institucionalidad, mientras que el Servicio Agrícola y Ganadero asegura que existe “un vacío legal” y que sus funciones sólo le permiten llevar un registro de las denuncias realizadas por los productores y comprobar que el hecho es atribuido a un perro asilvestrado.

Sin embargo, sostienen que la normativa no les permite realizar la captura de estos animales ni autorizar su caza, como sí ocurre con otras especies invasoras.

Según registros del Servicio Agrícola y Ganadero (Sag), entre 2012 y 2025 se contabilizaron 170 denuncias de ataques de carnívoros, con 4.950 animales afectados.

En conversación con La Prensa Austral, Nicolás Soto, encargado regional de Recursos Naturales Renovables del Servicio Agrícola y Ganadero, aseguró que  este es un tema que debe ser abordado de manera multisectorial y que, desde hace años, están impulsando cambios en la legislación para aumentar las competencias del servicio en esta materia, aunque todo esto aún se encuentra en discusión parlamentaria.

“Como saben, los servicios públicos actúan siempre bajo los marcos regulatorios, que son los que les definen las competencias. Si es que uno, como servicio público, ejerce acciones que están fuera de la norma, uno está actuando con arbitrariedad y no tiene las competencias para eso”, precisa.

Añade que existen responsabilidades del Ministerio de Medio Ambiente en cuanto a la conservación de la biodiversidad; que los municipios tienen competencias otorgadas por la Ley Cholito, cuerpo legal que no entregó nuevas atribuciones al Sag; y que el área de salud también tiene un rol en cuanto a que esta situación puede transformarse en un problema de salud pública.

Ley de Caza

“En ninguna parte de la Ley de Caza, si es un derivado, en ninguna parte aparece esta categoría del perro asilvestrado”, agrega Nicolás Soto, argumentando que todo esto genera un “vacío legal”.

Hace un poco más de una década se había incluido al perro asilvestrado como una especie que ponía en peligro el ecosistema; sin embargo, con el tiempo esta categoría fue retirada. “De manera tal que, desde esa fecha hasta el día de hoy, las competencias del servicio, desde el punto de vista normativo, están limitadas”, reconoce.

Soto asegura que estas limitaciones, bajo ningún punto de vista, deben ser interpretadas como que al servicio no le preocupa el tema, ya que han implementado una metodología para cuantificar la dimensión del problema y un procedimiento para la recepción de denuncias. “Como servicio, en un rango de menos de 48 horas, recibimos la declaración, vamos al predio y hacemos un examen, digamos, de cantidad de animales”.

Al ser consultado sobre si todas estas limitantes algún día tendrán una solución, Soto se muestra optimista y espera que “las falencias legales de procedimientos y normativas” se mitiguen pronto.

Hidatidosis

La preocupación por los perros asilvestrados no sólo está vinculada a los ataques que estos animales pueden provocar a los rebaños ovinos, sino también al riesgo sanitario que representan, particularmente por su relación con la hidatidosis.

Según explicó el director regional (s) del Sag, Gustavo Stanton-Yonge Molkenbuhr, estos perros pueden participar en el ciclo de transmisión del parásito Echinococcus granulosus, al consumir animales infectados y posteriormente diseminar sus huevos en el ambiente a través de sus fecas. Esta situación adquiere especial relevancia en los sectores rurales, donde los perros pueden acceder a animales muertos o restos con quistes hidatídicos, favoreciendo la propagación de una enfermedad que también puede afectar a las personas, generando la aparición de quistes principalmente en pulmones, hígado y otros órganos.

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